Venezuela: devastadora agonía

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31 de agosto de 2019  

Como era de suponer, atento a la ineptitud de sus gobernantes, la población de Venezuela continúa sufriendo hambre y enfrenta consecuencias angustiosas de largo plazo, inmersa en una afligente situación social. El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, acaba de calificar la crisis venezolana como "el peor desastre generado por el hombre en el mundo moderno". Es difícil disentir en tan tremenda afirmación. Entre siete y ocho millones de personas que viven en Venezuela tienen hoy graves problemas de desnutrición ante un Estado incapaz de garantizar a su población el acceso a un mínimo razonable de alimentación. La FAO estima que más del 21% de los venezolanos están ya desnutridos. Cuando Nicolás Maduro accedió al poder, ese guarismo era de 6,4%.

Como parte de su fallido sistema colectivista, el gobierno venezolano distribuye cajas de alimentos entre la población mientras aprovecha la oportunidad para hacer un extendido espionaje social, a lo que se suma que algunos de los más altos funcionarios y familiares de Maduro podrían estar incursos en esquemas de corrupción directamente vinculados con la provisión de alimentos. Lo cierto es que los venezolanos, en gran medida, en términos de ingesta alimentaria solo acceden a poco más de 1500 calorías diarias, cuando lo recomendable son 2300.

La extendida pobreza, por lo demás, azota muy en particular algunas regiones de Venezuela. En la ciudad de Maracaibo, por ejemplo, se estima que tres cuartas partes de las familias sufren hambre. Ocho de cada diez de estas ya no pueden acceder a las proteínas derivadas de la carne vacuna o de pollo y se alimentan fundamentalmente con las tradicionales arepas, la popular mezcla de margarina, pasta y arroz.

Sobre las serias dificultades para alimentarse, la inflación desbocada se erige como un castigo adicional. Desde octubre del año pasado hasta junio de este año, los precios de los alimentos aumentaron más de 8000%. El salario mínimo de los venezolanos, con el que hace menos de un año se podían adquirir unos 24 kilos de harina de maíz, hoy solo alcanzan para unos 4 kilos.

Las consecuencias de esta terrible crisis alimentaria son inevitables y muchos venezolanos padecerán enfermedades como diabetes e hipertensión por el resto de sus días.

Todo esto sucede en una nación que, paradójicamente, posee las reservas de hidrocarburos más importantes del mundo, pero que ha caído en un tremendo caos económico como consecuencia de la notoria impericia de quienes gobernaron desde la presidencia de Hugo Chávez hasta la actualidad, imponiendo un sistema económico diseñado para el fracaso.

En los últimos días, el flujo de refugiados venezolanos se ha agravado de manera exponencial. Por el momento, unos 4 millones de venezolanos integran esa triste categoría: la de los refugiados y desplazados. Hay quienes anticipan que la cifra podría aumentar notoriamente en lo que resta del año. Esta muy triste realidad alerta sobre la trascendencia humanitaria de lo que, desde la época de Hugo Chávez, ha sido la desgraciada demolición de la economía venezolana, con duras consecuencias humanitarias que impactan con fuerza en la ciudadanía, incluyendo el referido y tan preocupante nivel de desnutrición.

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