Venezuela y la riqueza de su petróleo
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Desde hace un siglo, en Venezuela el petróleo define el destino de la nación. A inicios del siglo XX, ese país era uno más entre las naciones pobres de América del Sur. Al descubrirse petróleo en 1914, en pocas décadas se convertiría en el primer exportador mundial. En 1970, figuraba entre las 20 naciones más ricas. El panorama actual es desolador, una economía colapsada, su industria petrolera en ruinas, una colosal deuda externa y una pobreza sin precedentes.
La comparecencia de Nicolás Maduro ante los tribunales de Nueva York, es el epílogo de un modelo económico que arrastró a la nación con mayores recursos petroleros del planeta a un estado de indigencia total. La reacción en los mercados internacionales fue favorable al abrirse la posibilidad de un clima más amigable para las inversiones. Paralelamente subieron las acciones de las empresas prestadoras de servicios para dicha actividad. La economía venezolana depende de sus ingresos por exportaciones de petróleo (95% de sus ventas al exterior). Pero mientras en 1998, el país exportaba por día 3,5 millones de barriles, en diciembre de 2025 apenas exportó 830.000. El retorno del crudo venezolano al mercado internacional ayudaría a estabilizar los precios de los combustibles e influir en la oferta global. Medio Oriente asiste a un conflicto en ciernes, que arroja subas en las primas de embarques petroleros en esa región.
La extracción de hidrocarburos en Venezuela, desde sus inicios, contó con la participación de las empresas estadounidenses. Al surgir la empresa estatal PDVSA(Petróleos de Venezuela SA) en 1975, la mayoría de las empresas nacionalizadas eran norteamericanas. PDVSA se abrió paso como una firma eficiente, con autonomía y criterios de gestión privada, tejiendo asociaciones con capitales del exterior. El chavismo la convirtió en botín y un brazo político de la dictadura. Desde PDVSA se pagaron programas clientelares, gastos sociales, campañas políticas en diversos países, obediencia política y déficits fiscales. Los calificados empleados de la empresa organizaron un paro masivo en 2003 que culminó en 18.000 despidos. Las políticas de expropiación y férreos controles de precios terminaron de asfixiar la iniciativa privada, ocasionando nuevas pérdidas millonarias a compañías americanas, europeas y venezolanas.
Las refinerías se vieron paralizadas y Venezuela empezó a importar petróleo. Hoy es la nave insignia de la corrupción chavista y el símbolo de un estado fallido. El delirio revolucionario de la izquierda bolivariana derivó en una fiesta del populismo derrochador, dejando un cementerio de empresas. Mientras la dictadura hostigaba las inversiones privadas, estimulaba el ingreso de las empresas de Rusia, China e Irán. Las riquezas nacionalizadas del petróleo y la minería, alimentaron una corrupción institucionalizada a gran escala. Hoy un estado quebrado debe afrontar más de 60 juicios millonarios ante el Ciadi y otros tribunales. En la Argentina, en esos mismos años el kirchnerismo expropiaba Repsol YPF. Ningún recurso natural sobrevive a la politización sistemática ni a una cleptocracia depredadora.
El operativo de captura de Maduro se realizó en dos horas y media. Pero sus consecuencias repercutirán durante más tiempo en el escenario global. La potencialidad energética venezolana constituye un factor geopolítico estratégico. Pocos meses antes, el Secretario de Estado, Marco Rubio, en reunión con las presidencias de los partidos republicano y demócrata, evaluaron que si las empresas americanas abandonaban Venezuela, su espacio sería ocupado por China.
El suministro de petróleo desde los puertos venezolanos fue determinante para la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. La dictadura de Caracas intentó invadir Guyana en 2023 para anexar la cuenca petrolera del Esequibo. ¿Fueron instigados por alguno de sus aliados? La Comunidad del Caribe intervino en apoyo del pequeño país, mientras el Reino Unido, los Estados Unidos y Brasil desplazaron navíos y tropas. Desde ese año, tanto Guyana como Surinam y Trinidad y Tobago desean desarrollar sus recursos energéticos con la ayuda y protección de Estados Unidos. Sin la ayuda del petróleo venezolano, la dictadura de Cuba se encuentra en apuros. La irrupción americana en el Caribe debilita las actividades energéticas de las dos grandes petroleras estatales rusas Rosneft y Lukoil, que abastecen financieramente la maquinaria bélica de Putin. En lugar de salir en defensa de Maduro, Pekín y Moscú optaron por mantener sus activos venezolanos en petróleo y minería, en espera de litigar si no se cumplen sus acuerdos.
El petróleo fue el principal foco de atención en la conferencia de prensa que brindó Donald Trump. A los pocos días, en la Casa Blanca se reunieron las grandes empresas petroleras. Las relaciones privilegiadas del partido republicano con las petroleras son conocidas, son grandes donantes de sus campañas electorales. Hasta la estatal venezolana CSIGO aportó para la primera elección de Trump. En su mensaje sorprendió la ausencia de menciones a una restauración democrática. Ahora bien, una recuperación viable de la democracia venezolana va de la mano con la reconstrucción de su industria petrolera. Empresarios venezolanos en el exilio consideran que se requiere transformar la impaciencia en paciencia estratégica. Para revitalizar ese estado fallido, Washington espera rehabilitar las obsoletas y abandonadas infraestructuras del crudo y devolver a Venezuela su capacidad de generar divisas. Ese proceso llevará tiempo y requiere estabilidad política, seguridad jurídica y despejar incertidumbres.
El Acuerdo Energético entre Washington y Caracas –abierto para empresas americanas y de otros países- se firmó cuatro días después de la captura de Maduro. Contempla exportaciones de crudo por canales autorizados, reducción selectiva de sanciones, mejoras en la red eléctrica y adquisiciones por parte de Estados Unidos. The Economist lo calificó de ventajoso para ambas partes. El panorama también es halagüeño para las refinerías norteamericanas del Golfo de México, clientes habituales del petróleo pesado venezolano. Venezuela posee la mayor reserva de petróleo del mundo (17%), pero hoy sólo produce el 1% global. En el mercado, la influencia no se mide por reservas, sino por la capacidad real para producirlas.
Chevron es la empresa americana mejor posicionada, desde 1923 desarrolla actividades petrolíferas en Venezuela. Durante el chavismo continuó con sus actividades, extrae el 25% de la actual producción y posee capacidad de interlocución. Otras empresas americanas evalúan riesgos. La española Repsol confirmó que continuará operando en ese país e incrementará sus inversiones. Las europeas ENI y Maurel & Prom expresaron interés en retomar actividades. Por su parte, Shell, Total Energies y British Petroleum vuelven a mirar al mercado venezolano y recalibran sus hojas de ruta. Exxon concentra sus actividades en la vecina Guyana. Una reactivación de las redes energéticas abre oportunidades para algunas empresas argentinas, por ejemplo, tubos de acero sin costuras y vehículos utilitarios.
Los acontecimientos se desarrollan con gran velocidad. En las calles de Caracas coexisten el miedo y la alegría. El dictador cayó, pero siguen activas las redes de corrupción y las bandas paramilitares que lo sustentaban. Estas no pueden ser desmanteladas de la noche a la mañana. La vicepresidenta a cargo, Delcy Rodríguez, desde hace tiempo es una referente del sector petrolero. Pero en la oposición democrática existen dudas en cuanto a su fiabilidad para organizar una salida electoral transparente. La Casa Blanca se desea motorizar la economía venezolana, dando algunas señales de continuidad para evitar el vacío de poder. Sería deseable que las esforzadas figuras de la oposición democrática recibieran mayor atención y compromisos. Paralelamente a la reconstrucción industrial, Washington también tendría que iniciar la recuperación de las instituciones de la democracia e implementar programas de ayuda social sin dilaciones. Los mercados recibirían un estímulo claro y alentador para sus inversiones.



