Víctimas de las minas antipersonales
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El uso indiscriminado de minas antipersonales no debería tener lugar en el mundo civilizado. No obstante, hay grupos terroristas, guerrilleros o insurgentes que siguen recurriendo a ellas, causando muertes, mutilaciones y heridos de gravedad entre víctimas que suelen ser civiles inocentes. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), un tercio de las víctimas mundiales de este tipo de artefacto son niños, de los cuales el 85 por ciento muere antes de recibir ayuda médica. Muchos otros quedan incapacitados de por vida.
En 2007, 6000 personas fueron víctimas de estos artefactos; de ellas, tres de cada cuatro eran civiles. Nadie conoce con exactitud cuántas minas antipersonales activas hay emplazadas en el mundo. Lo que sí se sabe, de acuerdo con los informes de las Naciones Unidas, es que más de 81 países están siendo azotados por estos asesinos silenciosos, que matan y mutilan entre 15.000 y 20.000 personas cada año. Camboya, Afganistán y Colombia son los más afectados por este tipo de explosivos.
Elaborar minas antipersonales no requiere una importante infraestructura ni muchos recursos económicos. Sembrarlas es relativamente fácil.
La Convención de Ottawa, que entró en vigor en 1997, prohíbe el uso, producción, almacenamiento y transferencia de minas antipersonales. Desde entonces se ha puesto en marcha un proceso de desminado que ha resultado efectivo, pero que nunca es tan rápido como se quisiera. Actualmente hay más que 1400 organizaciones no gubernamentales distribuidas en 90 países que están trabajando activamente para prohibir el uso de minas antipersonales y poner fin al sufrimiento y a las muertes causadas por ellas.
Es de desear que en el menor plazo posible puedan alcanzar el objetivo buscado.





