
Afganistán cumple cinco años con 2,4 millones de niñas privadas de educación
La Unesco denunció que 2,4 millones de chicas tienen vedado el acceso a la educación secundaria y universitaria y advirtió sobre décadas de pobreza, potencial perdido y daños irreversibles
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KABUL.– A cinco años del regreso de los talibanes al poder, unas 2,4 millones de niñas afganas permanecen excluidas de la educación secundaria, una prohibición que convirtió a Afganistán en el único país del mundo donde las mujeres tienen formalmente vedado el acceso a los niveles secundario y universitario, según denunció este martes la Unesco.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura renovó su pedido para que las autoridades restituyan de forma inmediata e incondicional el derecho de las mujeres y las niñas a estudiar.
La agencia advirtió que su exclusión constituye una grave violación de derechos fundamentales y amenaza con dejar consecuencias durante décadas.
“Cinco años no son una interrupción temporal en la educación de un niño, es casi un ciclo completo de educación secundaria”, afirmó Hoda Jaberian, coordinadora de programas de la Unesco para educación en emergencias, durante una conferencia de prensa por video.

Los talibanes tomaron el control de Afganistán el 15 de agosto de 2021, en medio de la retirada de las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN después de dos décadas de guerra. En aquel momento aseguraron en reiteradas oportunidades ante la comunidad internacional que las mujeres conservarían la libertad para asistir a la escuela y estudiar.
Las promesas, sin embargo, no se cumplieron. En marzo de 2022, las nuevas autoridades cerraron los establecimientos de educación secundaria para las niñas y, en diciembre de ese año, extendieron la prohibición a las universidades. Los talibanes presentaron ambas medidas como temporales, pero más de cuatro años después continúan vigentes.
Las restricciones no quedaron limitadas a las aulas. El régimen también impuso medidas que restringen el acceso de las mujeres al empleo, limitan su libertad de movimiento y las excluyen en la práctica de amplios sectores de la vida pública.
Los talibanes sostienen que respetan sus derechos de acuerdo con su interpretación de la ley islámica y la cultura afgana y consideran las críticas internacionales una intromisión en asuntos internos.
La Unesco alertó además que las medidas revirtieron buena parte de dos décadas de avances educativos. En 2001, el acceso de las niñas afganas a la escolarización era muy limitado. Para 2021, en cambio, casi un millón de alumnas estaban matriculadas en la educación secundaria.
“Afganistán había logrado avances realmente importantes para ampliar el acceso de las niñas a la educación, pero lamentablemente gran parte de ese progreso ahora se ha revertido por completo”, señaló Jaberian.
Las consecuencias podrían extenderse mucho más allá del sistema educativo. Según estimaciones de la Unesco, mantener la prohibición de la educación secundaria y superior podría provocar que 600.000 mujeres abandonen el mercado laboral para 2066 y generar pérdidas acumuladas de ingresos por 9600 millones de dólares. La agencia también advirtió sobre un mayor riesgo de matrimonios precoces.
La organización considera que estas restricciones podrían condenar al país a “décadas de potencial perdido, pobreza cada vez mayor y daños irreversibles”. Naciones Unidas, organizaciones humanitarias, defensores de los derechos humanos y varios países islámicos han reclamado a las autoridades talibanas que reviertan las prohibiciones.
Ante la continuidad de las restricciones, la Unesco mantiene programas de educación comunitaria, alfabetización y desarrollo de habilidades. Las clases se realizan en espacios comunitarios, muchas veces dentro de las viviendas de los propios facilitadores, con conocimiento de las autoridades. Más de 1000 facilitadores de alfabetización, en su mayoría capacitados por la agencia y sus socios, participan de estas iniciativas.
“Mientras la restricción siga vigente, no podemos abandonar a los estudiantes afganos”, afirmó Jaberian. “La Unesco trabaja con las comunidades y con nuestros socios para preservar todas las vías posibles de aprendizaje”. Aun así, insistió en que estos programas no reemplazan el acceso pleno a las aulas: “No es negociable. Es un derecho humano básico”.
Agencias Reuters y AP


