Canadá, nuevo imán para los norteamericanos sin trabajo

John Ferri
(0)
9 de septiembre de 2011  

TORONTO.- Por lo general, uno escucha historias de gente que huye a Estados Unidos, no a la inversa. Pero el frágil estado de la economía norteamericana está forzando a un número cada vez mayor de estadounidenses a buscar mejores perspectivas más allá de la frontera norte.

Los norteamericanos son los nuevos "refugiados económicos", y todos se encaminan hacia Canadá.

En plena campaña para la reelección, Barack Obama pidió anoche un inmediato paquete de estímulo para crear empleos. Pero será difícil hacer aprobar esas reformas. Y a medida que la calidad de vida de los norteamericanos empeora, las perspectivas parecen cada vez más brillantes en Canadá.

Los funcionarios canadienses dicen que el número de norteamericanos que solicitan visas de trabajo temporarias se duplicó entre 2008 y 2010.

Los abogados especializados en inmigración de Toronto y de de Windsor, frente a Detroit, donde los empleos escasean, dicen que ven un dramático incremento de clientes que desean trasladarse a Canadá. Entonces ¿se trata de una inversión de fortunas de escala histórica? ¿Canadá se ha convertido en "el Norte"?

No del todo. El número de norteamericanos que trabajan en Canadá es, al menos según los estándares migratorios globales, relativamente pequeño, alrededor de 30.000 según las cifras de principios del año pasado. Aun así, los norteamericanos constituyen el segundo grupo de trabajadores temporarios en Canadá, precedidos solamente por los filipinos, la mayoría de los cuales son mujeres que trabajan de niñeras.

Canadá fue uno de los pocos países que salieron de la crisis de 2008 relativamente indemnes, una situación atribuida en general a la vieja negativa de Ottawa a desregular el sector bancario. "Busco una sociedad tranquila, calma, sana y civilizada para iniciar la próxima fase de mi vida", dijo Michael, un administrativo sin empleo de Michigan que está gestionando una visa para Canadá.

Michael dice que ha perdido fe en la dirigencia norteamericana -"de ambos partidos"- por no haber puesto límites a los excesos que condujeron al colapso de Wall Street y por la actual política suicida sobre el techo de la deuda. "Estoy buscando un país en el que el papel principal del gobierno sea proteger a sus ciudadanos -dijo-. Me parece que los tres principales partidos de Canadá han demostrado ser mucho más responsables."

Los trabajadores como Michael se sienten atraídos por el bajo índice de desempleo canadiense -el 7% en julio, comparado con el 9,1% en Estados Unidos- y por la fortaleza económica de los centros principales como Toronto, que atrae, según se estima, a 100.000 recién llegados cada año.

Entre ellos no sólo hay personas con visas de trabajo y otras que se postulan para residencias permanentes, sino también cada vez más estudiantes universitarios, atraídos por la alta calificación de las instituciones educativas canadienses, donde los aranceles, aun cuando tripliquen o cuadrupliquen los establecidos para los canadienses, siguen siendo apenas de una fracción de lo que hay que pagar para asistir a muchas de las universidades de Estados Unidos.

La madre de John Cameron perdió su empleo jerarquizado en un banco de Maine en 2009, justo cuando John trataba de decidir sus opciones para la universidad. Su padre, pensando en las finanzas, sugirió la Universidad de Toronto. Cameron terminó por aceptar con reticencia, pero ahora es un converso canadiense. "Me encanta -dijo-. Es una de las mejores universidades de América del Norte."

Toronto también se ha convertido en el hogar de una pareja de treintañeros de Nueva York. Ambos perdieron sus empleos en Manhattan tras el estallido de la crisis. Ahora viven en Canadá, con visas temporarias.

"Para nosotros es importante vivir en un lugar con diversidad", dijo la mujer, que pidió preservar su nombre. Añadió que estaba sorprendida por la rapidez con la que pudieron ingresar en el sistema de salud de Ontario.

Además, algunos canadienses que habían considerado a Estados Unidos su país de adopción están volviendo. Al Brickman se acaba de ir de Estados Unidos después de 30 años administrando una empresa de construcción. "Traté de resistir durante dos años", dijo Brickman, y añadió que dijo que su facturación, que antes era de 100.000 dólares, había caído en pocos meses hasta el 95%.

Brickman volvió a Toronto, a trabajar para la misma empresa, donde tiene un empleo seguro como gerente general. Su esposa (norteamericana) y su bebe de 11 semanas ahora están tratando de reunirse con él.

Desde que regresó a su país, Brickman dice que ha estado recibiendo llamadas de amigos que le piden que les consiga empleo en Canadá. Shawn Shepard, un supervisor de software que, según él mismo admitió, con "la arrogancia de ser norteamericano", creyó que el trámite sería instantáneo, se encuentra ahora en el clásico dilema del migrante. "Para conseguir una visa de trabajo, hace falta tener una oferta de empleo. Para conseguir un ofrecimiento de empleo, uno necesita una visa de trabajo."

Traducción de Mirta Rosenberg

Por: John Ferri

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.