
El helado de dulce de leche se ganó a los Estados Unidos
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MIAMI.- Después de la moda Evita y la fiebre del tango, la más reciente conquista argentina en los Estados Unidos es el helado de dulce de leche.
A pesar del inclemente bombardeo de 290 calorías, 26% de grasa y 33% de colesterol por porción en una sociedad obsesionada por las dietas, el helado de dulce de leche, fabricado y distribuido por la compañía Häagen-Dazs, desató tal frenesí de consumo en Miami, que los supermercados Publix debieron añadir congeladoras a las góndolas para acomodar la demanda.
Pero si bien es cierto que en Miami, el helado de dulce de leche encabeza la lista de preferencias en una relación de 4 a 1 con el gusto inmediato inferior, la pasión no es menos intensa en Nueva York, Chicago, Los Angeles y Baltimore, donde sólo es superado por el permanente favorito, el helado de vainilla.
"Directamente desde el corazón de la Argentina llega nuestra última sensación internacional que seguramente satisfará sus más dulces deseos", proclama sugestivamente la publicidad de Häagen-Dazs. "Una tentadora indulgencia para los más apasionados amantes del helado".
La gigantesca empresa internacional no oculta el haber sido la primera sorprendida ante el inesperado impacto de su nuevo producto.
"La idea de lanzar un helado de dulce de leche vino de nuestra filial argentina", dice Liz Handling, directora de relaciones públicas de Häagen-Dazs. "Ellos lo fabricaban allá y nos pareció interesante traer este producto a Miami, dada la importancia del mercado latino. Pensamos que si andaba bien en Miami lo llevaríamos luego a otras ciudades con población hispana. Pero la aceptación fue tan veloz que debimos comenzar de inmediato a distribuirlo en otras ciudades y cada semana añadimos más puntos de distribución. Nunca hemos tenido un impacto así con otros sabores."
Las cifras son elocuentes. Desde su lanzamiento, las ventas del helado de dulce de leche han crecido a un ritmo del 50% cada cuatro semanas. Como contrapartida, las ventas totales de los 40 sabores de cremas heladas que Häagen-Dazs ofrece en EE.UU. crecen anualmente un 1 o un 2%. "¡Estamos alelados!", exclama Handling, comprensiblemente.
El sabor de la nostalgia
Aunque el dulce de leche es un producto popular en toda América latina -los cubanos lo llaman "fanguito"; los colombianos, "ariquepe"; los mexicanos, "cajeta"; los peruanos, "manjar blanco"- nadie disputa que se trata de un clásico argentino, cuya presencia en la repostería nacional es abrumadora.
Ocasionalmente, diversos importadores intentaron comercializar el dulce de leche argentino en los Estados Unidos, pero el alto contenido graso desalentaba a los norteamericanos y las pocas cantidades que llegaban se limitaban a un consumo de tenor nostálgico.
Una firma de Miami, Indalco Foods, propiedad de un colombiano y un argentino, comenzó a fabricar localmente un dulce de leche llamado Del Campo una década atrás (la descripción en inglés es "untura de caramelo") y hoy producen unos 2000 galones diarios que distribuyen en Orlando, Atlanta, Nueva York y Los Angeles.
Pasión devoradora
Si bien es cierto que todo el mundo aprecia un buen helado, los norteamericanos lo consumen con una pasión devoradora. De los 3250 millones de galones de helado que se producen anualmente en el mundo, el 45% es sorbido en Estados Unidos.
Pero cuando Reuben Mattus, un inmigrante polaco que vivía en Brooklyn y había pasado su infancia empujando un carrito de helados por el Bronx, buscaba un nombre efectista para vender sus helados en Nueva York, pensó, por alguna razón, que debería tener una sonoridad danesa.
Mattus no había estado jamás en Escandinavia y la palabra que compuso -"Häagen-Dazs" - no tiene significado en ningún idioma conocido. La diéresis sobre la "a" ni siquiera existe en la grafía dinamarquesa, pero Mattus se ocupó de que los envases llevaran un mapa de Dinamarca y hasta marcó con una estrella la capital, Copenhague, como indicando su nebuloso origen. Y el público compró la fantasía.
Hoy en día, Häagen-Dazs es la empresa líder en la categoría de helados llamados superpremium, esto es, cremas ricas en grasas y contenidos, con más de 400 locales en todo el mundo y ventas cercanas a los 300 millones de dólares. Algunas años atrás, Mattus, ya multimillonario, vendió su empresa a la gigantesca corporación Pillsbury y ésta a su vez fue adquirida por la empresa británica Grand Metropolitan.
No deja de advertirse cierta ironía en el hecho de que el helado de dulce de leche trasponga, por fin, la puerta grande del mercado norteamericano de la mano de una empresa inglesa. A lo mejor ésta es la auténtica "mano de Dios" en una de sus infinitas mutaciones.
El autor es un periodista y dramaturgo argentino que dirige el programa de máster en periodismo de la Universidad Internacional de la Florida.



