
El presidente, emergente de una cultura permisiva
Para analistas, la promiscuidad es un rasgo de la historia local
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ASUNCION (De un enviado especial).- Con una de las tasas de fertilidad más altas del continente y una pobreza acuciante, Paraguay parece atrapado en una fatalidad histórica. Y, para sociólogos e historiadores, Lugo es emergente de una cultura que no sanciona la promiscuidad. Su única diferencia con el resto de otros miles de paraguayos no es que eligió ser sacerdote ni presidente, sino las dos cosas.
Tanto en los ambientes más pobres como en los más favorecidos, muchos son los paraguayos que reconocen que ellos o sus familiares tuvieron hijos con numerosas mujeres, y en cada esquina se oye hablar de "la querida". Para entender este rasgo de la cultura paraguaya hay que viajar hasta los tiempos de la colonia.
"Aquí el proceso de colonización se dio de una manera atípica. Inmediatamente denotó su carencia de minas y pobreza absoluta, nadie más quiso venir -relata a LA NACION el historiador Jorge Rubiani-. Desde esa época el feroz mestizaje fue moneda corriente. Los ranchos del Paraguay eran más parecidos a un harén que a una casa de familia."
Tanto es así que ocho presidentes de Paraguay fueron hijos naturales, es decir, de madres solteras. Y 17 mandatarios tuvieron hijos naturales.
"Ese tipo de cosas forman parte de nuestra historia. En Paraguay nunca fue motivo de escándalo", señala a LA NACION Luis Fretes, director del Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica local. "Hay que remontarse a Ulrico Schmidel, que define a Paraguay como el paraíso de Mahoma", dice Fretes, en alusión al cronista alemán que recorrió estas tierras a mediados del siglo XVI.
Se trata de una sociedad en la que el proceso de modernización se ha demorado y en la que durante décadas buena parte de su población ha vivido en un profundo aislamiento.
"Esto de la paternidad irresponsable es una parte del conflicto social, así como la desigual tenencia de la tierra, el desconocimiento de los derechos de los ciudadanos o la falta de igualdad de las mujeres -explica Fretes-. Se desarrolló una cultura de mucha promiscuidad que nunca tuvo sanciones. Muchos otros sacerdotes no han sido sancionados."
La supervivencia de estas costumbres es aún más patente en el Paraguay profundo, donde hasta no muchos años atrás casi no había contacto con los centros urbanos.
"Ese aislamiento produjo una especie de sensación de abandono que hacía posible que cualquier cosa sucediera -explica Rubiani-. Hubo acontecimientos dramáticos que significaron que la gente tuviera que valerse sola o apelar al recurso de tener hijos con un hombre para tener cobertura económica."
Y por eso a muchos paraguayos les cuesta entender que el mundo se escandalice por la situación de Lugo. "En el interior te puedo jurar que esto es tan sólo motivo de chistes, que son producto de la evasión fatalista que ha gobernado Paraguay desde siempre", sostiene Rubiani.
Esa cultura que tiene origen en los tiempos de la colonia se acentuó tras la guerra del Paraguay, en la que 800.000 paraguayos perdieron la vida, que dejó como resultado una sociedad con muchas mujeres y pocos hombres. "Hay una historia que está relacionada con una cultura machista en un sentido positivo, porque los hombres debían ser cuidados después de la guerra", añade Fretes.
Lugo no es la primera figura en la historia paraguaya en estar atada a escándalos de paternidad irresponsable, que se remonta a los tiempos de Alvar Núñez Cabeza de Vaca. "Vino y encontró que Asunción era un jolgorio. La gente tenía mujeres a patadas. Hizo una nota al rey y por eso se sublevaron los españoles de Asunción y lo mandaron de vuelta a España", relata Fretes.
Incluso el presidente Eligio Ayala (1924-1928) murió asesinado por una de sus amantes. Así las cosas, un juicio político no parece tan mal negocio para Lugo.



