
Washington apuesta ahora al estrangulamiento económico, mientras Teherán conserva el control del estrecho de Ormuz y crece el riesgo de una nueva escalada
NUEVA YORK.- Se suponía que iba a ser rápido.
Sin embargo, seis meses después de que Estados Unidos e Israel lanzaran ataques aéreos masivos contra Irán, el conflicto continúa. El gobierno de Trump reemplazó su guerra militar por una económica, pero es probable que el resultado no sea diferente, según analistas: falta de claridad en los objetivos estadounidenses, pérdida de credibilidad de Estados Unidos y una derrota estratégica.
Sin embargo, hay algo que permanece constante. La población común de Irán sigue soportando el peso de la guerra, víctima tanto de Estados Unidos como de sus propios dirigentes.
El primer día de la guerra, el 28 de febrero, el presidente Trump prometió a los iraníes que “la hora de su libertad está cerca”. Seis meses después, su gobierno intenta empobrecerlos aún más, con la esperanza —cada vez más remota— de que se rebelen contra un régimen represivo y militarizado y lo derroquen.
Los dirigentes iraníes, cada vez más dominados por figuras militares, equiparan su propia supervivencia con la de la nación y consideran los sacrificios de los iraníes comunes como un acto necesario de patriotismo e incluso de martirio. Al mismo tiempo, se han vuelto cada vez más despiadados a la hora de aplastar cualquier mínima señal de disidencia.
Resulta difícil maquillar lo que claramente ha sido un fracaso de Estados Unidos a la hora de doblegar a Irán, pese al poderío combinado de los ejércitos estadounidense e israelí. La República Islámica no solo sobrevivió, sino que controla de hecho el estrecho de Ormuz. Además, reforzó su influencia en la región, hasta el punto de que incluso países a los que bombardeaba hace apenas unos meses ahora intentan revitalizar sus vínculos con Teherán.
“La guerra no logró cumplir los objetivos de Estados Unidos”, afirmó Sanam Vakil, directora del programa de Medio Oriente y Norte de África de Chatham House.
Suzanne Maloney, experta en Irán y directora de política exterior de la Brookings Institution, también evaluó la guerra como un fracaso. “Le causamos mucho daño a Irán, pero salieron más fuertes que antes”, afirmó. Los vecinos de Irán han llegado a la conclusión de que deberán encontrar una forma de convivir con una República Islámica que no va a desaparecer.
La credibilidad de Estados Unidos entre sus aliados también se ha resentido, al igual que la reputación de Trump como un presidente que evita guerras costosas e interminables en Medio Oriente y que promueve la “asequibilidad” en el frente interno. Además, su promesa de liberar a los iraníes comunes parece ahora vacía.
“Esta guerra realmente se ha apoderado de la presidencia de Trump”, dijo Maloney.
El régimen sobrevive
La “Operación Furia Épica” comenzó con un ataque sorpresa conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, en el que murieron el líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei, y numerosos funcionarios de su gobierno, mientras que su hijo y actual sucesor, Mojtaba, resultó gravemente herido.
Semanas de intensos bombardeos destruyeron buena parte de la fuerza aérea y la marina iraníes y causaron graves daños a su programa de misiles. Pero la población no se levantó contra el régimen y la cúpula dirigente no se fracturó.
Las Fuerzas Armadas iraníes restauraron muchos de sus lanzadores de misiles y atacaron a importantes aliados de Estados Unidos en la región, además de bases estadounidenses que estaban insuficientemente protegidas. También cerraron de hecho el estrecho de Ormuz y provocaron trastornos en la economía mundial.
Varios miles de iraníes, incluidos niños, murieron —las cifras son difíciles de verificar—, al igual que 18 militares estadounidenses.
La original “Operación Furia Épica” fue reemplazada por lo que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció el lunes como la “Operación Paria Económico”, diseñada para aislar aún más a Irán y hacer colapsar su ya maltrecha economía.
“Esta es una campaña sostenida para eliminar hasta la última opción que le queda a Irán”, afirmó Bessent. “La campaña que iniciamos hoy cobrará fuerza con cada día que pase y no terminará hasta que este régimen quede solo”.
Pese a las grandilocuentes referencias al Día D y a la caída del Muro de Berlín, Bessent no explicó cuánto durará esta guerra económica, qué instrumentos utilizará ni qué pretende conseguir.
¿El objetivo estadounidense vuelve a ser el colapso del régimen? ¿O forzar la reapertura del estrecho de Ormuz? ¿O llevar a un Irán más desesperado nuevamente a la mesa de negociaciones para alcanzar un acuerdo sostenible tanto sobre el estrecho como sobre su programa nuclear?
“No existe una formulación clara de los objetivos de Estados Unidos”, afirmó Esfandyar Batmanghelidj, de la Bourse & Bazaar Foundation, una organización de investigación con sede en Londres. “Pero si no se define qué cambio de comportamiento se busca, las sanciones como herramienta coercitiva fracasan.”
Irán, que ya es objeto de miles de sanciones, difícilmente vaya a rendirse por unas pocas más. Lo más probable, según analistas, es que con el tiempo responda intensificando sus ataques contra barcos en el golfo Pérsico y contra aliados de Estados Unidos, lo que podría desencadenar una nueva ronda de bombardeos estadounidenses.
Washington apuesta a conseguir mediante un estrangulamiento económico intensificado aquello que no pudo lograr en seis meses de guerra, afirmó Sina Toossi, del Center for International Policy, un centro de estudios de Washington.
Estados Unidos intenta hacerlo exigiendo el cumplimiento internacional de sus sanciones, justo cuando sus relaciones con buena parte del mundo se vuelven más coercitivas y transaccionales, y cuando cada vez más países optan por ignorar las órdenes de Trump.
“La capacidad de infligir dolor a Irán está clara”, afirmó Toossi. “Lo que no está claro es el camino que lleva de ese sufrimiento a la capitulación o al colapso.”
Un peligroso punto muerto
Como los objetivos estadounidenses no están claros, también reina la confusión en Teherán, afirmó Ali Vaez, director del proyecto sobre Irán del International Crisis Group.
Los iraníes se preguntarán, dijo: “¿Estados Unidos busca el colapso, la capitulación o un compromiso?”.
Dado que los dirigentes iraníes consideran que el intento de estrangularlos económicamente es simplemente otra forma de guerra, Vaez cree que la nueva estrategia estadounidense entraña dos riesgos. Si fracasa, la única alternativa que quedará será volver a una escalada militar. Y si funciona, puede llevar a Irán a intensificar el conflicto para romper el bloqueo naval estadounidense.
“En cualquiera de los dos casos, no producirá lo que el gobierno parece querer, que es utilizar las sanciones como una alternativa a la guerra”, afirmó. “Es más probable que termine siendo el preludio de otra ronda de enfrentamiento militar”.
Los dirigentes iraníes con mayor exposición pública, entre ellos el presidente Masoud Pezeshkian y Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento, han sido contundentes sobre la necesidad económica de poner fin a la guerra. Advirtieron sobre las consecuencias de una población hambrienta y de un colapso económico.
Sin embargo, mantienen una postura coherente respecto de las negociaciones con Washington: insisten como mínimo en volver al Memorando de Entendimiento de junio, que Trump firmó pero ahora considera “terminado”. También continúan negociando con Omán sobre una forma de administrar el estrecho que difícilmente resulte aceptable para Washington.
Pero por más concesiones que haga Irán, existe una desconfianza generalizada respecto de que Trump vaya realmente a cumplir con los beneficios económicos prometidos y el levantamiento de sanciones. Pese a la grave situación económica, la dirigencia parece unida en su intención de conservar el control del estrecho.
El líder supremo, el ayatollah Mojtaba Khamenei, es considerado más cercano al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y menos reacio al riesgo que su padre.
Algunos incluso se preguntan si Mojtaba sigue vivo: no ha aparecido en público y el último comunicado de su oficina fue difundido el 9 de agosto.
Por el momento, la situación permanece relativamente estática, una suerte de guerra de mentira, sin que ninguna de las partes dispare contra la otra y con bloqueos relativamente laxos del estrecho en ambas direcciones, lo que permite que parte del petróleo siga saliendo.
La nueva estrategia de mayor estrangulamiento económico tiene la ventaja de ser gradual y difícil de seguir, lo que reduce la temperatura del conflicto. Eso podría favorecer a Trump y a los republicanos de cara a las elecciones legislativas de noviembre, mientras mantienen la promesa de que la victoria, ahora sí, está a la vuelta de la esquina.
Pero el estancamiento también es peligroso, afirmó Ellie Geranmayeh, experta en Irán del European Council on Foreign Relations.
“En la Casa Blanca crece la idea de que no se puede lidiar con esta República Islámica”, dijo. “Es un momento peligroso, con Teherán y Washington llegando ambos a la conclusión de que no es posible alcanzar un acuerdo con el otro.”
Jeremy Shapiro, exfuncionario del Departamento de Estado y actualmente miembro del European Council on Foreign Relations, sigue sin entender por qué Trump no aprovechó ninguna de las salidas disponibles para poner fin a una guerra enormemente impopular dentro de Estados Unidos.
Al impulsar todavía más sanciones económicas, afirmó, los funcionarios de Trump “fingen que todavía están luchando en lugar de fingir que ganaron”, o de admitir que perdieron.
Como siempre, concluyó Shapiro, los dirigentes de Irán no serán quienes paguen el costo. Lo hará su población.
