
Las principales consecuencias de la guerra con Irán: qué cambió y la falsa promesa de Donald Trump
Después de medio año de un enfrentamiento que según Trump terminaría en cuatro semanas, algunas de las probables consecuencias duraderas del conflicto que sacudió la economía global ya son evidentes
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WASHINGTON.– Seis meses después de que Estados Unidos e Israel lanzaran los primeros ataques contra Irán, la guerra que el presidente norteamericano, Donald Trump, calificó inicialmente como una “pequeña excursión” se ha convertido en un estancamiento profundamente impopular que amenaza con descarrilar su presidencia y que ha trastocado el comercio y la política internacional.
El régimen islámico no se ha rendido, el transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz continúa gravemente afectado y no existe un camino claro para poner fin al conflicto, que Trump había pronosticado que terminaría en cuatro semanas.
Ahora, en un aparente reconocimiento de que nuevos ataques militares no lograrán obligar a Teherán a hacer concesiones, Wasshington está retomando una campaña de presión económica con la esperanza de debilitar aún más al gobierno iraní. El secretario de Estado, Marco Rubio, les dijo a sus aliados que es poco probable que Estados Unidos lance nuevos ataques “por el momento”.
Qué sucederá a continuación no está claro, pero muchas de las probables consecuencias duraderas de la guerra –para Estados Unidos, Irán y la economía mundial– ya son evidentes. Estas son seis de ellas:
Trump está pagando un alto costo político
La guerra era impopular desde el principio y esta tendencia se ha profundizado. La aprobación de Trump cayó del 40% al 33% desde el inicio del conflicto, según una encuesta de Reuters/Ipsos, mientras que el aumento de los precios de la nafta ha socavado la promesa que hizo durante su campaña de 2024 de reducir el costo de vida para los estadounidenses.
Trump, quien hizo campaña con la promesa de poner fin a las guerras, sostiene que el desarrollo del arsenal de misiles de Irán y sus ambiciones nucleares hacían necesaria una intervención, pero no ha logrado convencer a la mayoría de los votantes. Según la encuesta, solo el 31% de los estadounidenses aprueba el conflicto. Se trata de una cifra inferior a la registrada en otros conflictos recientes de Estados Unidos en una etapa similar, incluida la guerra en Afganistán, que durante años tuvo niveles de aprobación superiores al 50% en las encuestas de Gallup.
El malestar de los votantes por los altos precios representa un problema para el Partido Republicano de Trump de cara a las elecciones legislativas de noviembre, cuando deberá defender estrechas mayorías en ambas cámaras del Congreso.
El conflicto también ha profundizado la fractura dentro del Partido Republicano entre los sectores más aislacionistas, que quieren una rápida finalización de la guerra, y los legisladores que creen que Trump debería mantener la presión militar sobre Teherán.
La guerra sacudió a la economía mundial
Los ataques de Estados Unidos e Israel provocaron una alarma inmediata porque el estrecho de Ormuz –que en su punto más angosto tiene unos 34 kilómetros de ancho, entre Irán y Omán– canaliza aproximadamente una quinta parte de los suministros energéticos del mundo. La interrupción del tráfico hizo que los precios del petróleo se dispararan y generó temores de una recesión global.

El impacto ha sido significativo, pero menos grave de lo que muchos economistas temían inicialmente. El Fondo Monetario Internacional recortó dos veces sus previsiones de crecimiento mundial desde el inicio de la guerra y ahora espera que la economía global crezca un 3% este año, frente al 3,3% que había previsto en enero.
Aun así, la economía mundial ha demostrado ser más resistente que durante las crisis petroleras de la década de 1970. Las principales economías son menos dependientes de la energía que entonces, mientras que el fuerte gasto y las inversiones –incluido el continuo auge de la inteligencia artificial– han ayudado a amortiguar el impacto.
Irán está herido, pero no derrotado
Las fuerzas armadas y la economía de Irán han sufrido graves daños, pero Teherán todavía puede lanzar ataques y mantener cerrado el estrecho de Ormuz.
En mayo, el principal comandante militar de Estados Unidos para Medio Oriente, el almirante Brad Cooper, dijo ante el Congreso que las fuerzas estadounidenses habían destruido 161 embarcaciones de la Armada iraní y dejado fuera de servicio el 82% de sus sistemas de defensa aérea. Según explicó, la Fuerza Aérea iraní, que antes realizaba hasta 100 misiones diarias, ya no llevaba a cabo operaciones.
Aun así, Irán conserva drones y misiles y ha logrado atacar embarcaciones y bases militares estadounidenses en distintos puntos de la región.
En marzo, Reuters informó que Estados Unidos podía determinar con certeza que había destruido apenas alrededor de un tercio del enorme arsenal de misiles de Irán. El estado de otro tercio era menos claro, aunque fuentes dijeron entonces a Reuters que los bombardeos probablemente habían dañado, destruido o sepultado esos misiles en túneles y búnkeres subterráneos.
La guerra ha dejado miles de muertos y profundizado la crisis económica de Irán, agravando la inflación y perturbando el comercio. En julio, la inflación de los alimentos alcanzó el 128% interanual, según el Centro Estadístico de Irán. Pero el conflicto también ha relegado a un segundo plano las divisiones políticas y provocado una represión más dura contra la disidencia.
Medio Oriente está desestabilizado y en alerta
La guerra entre Estados Unidos e Israel tenía como objetivo eliminar a Irán como amenaza para Medio Oriente, pero los analistas sostienen que, en cambio, fortaleció a Teherán y dejó a la región menos segura.
Los ataques iraníes con misiles y drones contra los países árabes del Golfo aliados de Estados Unidos alcanzaron instalaciones militares y diplomáticas estadounidenses y alteraron el tráfico aéreo.
Los ataques iraníes contra el transporte marítimo, combinados con un bloqueo hutí contra embarcaciones vinculadas con Arabia Saudita en el mar Rojo, elevaron los costos de los seguros y del transporte en toda la región. El impacto va mucho más allá de los ataques individuales contra buques: afecta las cadenas de suministro y aumenta la incertidumbre para las economías del Golfo.
Por otro lado, desde el inicio del conflicto, Trump y varios miembros de su gobierno dijeron reiteradamente que debilitar las redes de grupos terroristas aliados de Irán era uno de los principales objetivos de su ofensiva.
Con el paso del tiempo, no obstante, los funcionarios norteamericanos han ofrecido cada vez menos información sobre esta meta, que el presidente republicano describió en su momento como garantizar que “los grupos terroristas aliados de Irán en la región ya no puedan desestabilizar la región ni el mundo y atacar a nuestras fuerzas”, así como “garantizar que el régimen iraní no pueda seguir armando, financiando y dirigiendo ejércitos terroristas fuera de sus fronteras”.
Al principio de la guerra, Estados Unidos atacó a grupos de milicias alineados con Irán en Irak. Pero el principal foco ha sido la guerra de Israel en el Líbano contra el grupo terrorista Hezbollah, respaldado por Irán.
Irán ha insistido en que los combates en el Líbano deben terminar como parte de cualquier acuerdo con Estados Unidos. Israel y el gobierno libanés anunciaron un acuerdo, mediado por Estados Unidos, para que las fuerzas israelíes abandonen el sur del Líbano a cambio del desarme de Hezbollah, algo que un funcionario del gobierno norteamericano describió como un “paso enorme”. Sin embargo, el grupo armado se ha negado a mantener negociaciones directas y su líder ha dicho que no se desarmará.
Irán podría tardar más en producir un arma nuclear
Los ataques de Estados Unidos e Israel durante una ofensiva anterior, en junio de 2025, y en la fase inicial de la guerra actual dañaron gravemente tres de las plantas de enriquecimiento conocidas de Irán y sitios sospechados de albergar actividades vinculadas con el desarrollo de armas. Además, los ataques israelíes mataron a destacados científicos nucleares.
Las evaluaciones de inteligencia estadounidenses de mayo situaron en hasta un año el denominado “tiempo de ruptura” nuclear de Irán –el período necesario para producir suficiente material fisible para fabricar una bomba–, frente a los seis meses estimados antes de la guerra.
Impedir que Irán obtenga un arma nuclear es el principal objetivo declarado por Trump para el conflicto.
Sin embargo, el verdadero estado del programa nuclear es incierto porque los inspectores de la ONU no han regresado a las instalaciones nucleares iraníes. El Organismo Internacional de Energía Atómica –dirigido por el argentino Rafael Grossi– no ha podido verificar la ubicación de unos 440 kilos de uranio enriquecido al 60% desde los ataques de 2025. Ese material podría ser enriquecido aún más hasta alcanzar el nivel necesario para fabricar armas en una instalación clandestina.
Irán ha negado durante años que busque fabricar una bomba nuclear.
La capacidad militar de Estados Unidos se ha reducido
Las Fuerzas Armadas estadounidenses han perdido drones y aeronaves, tanto por el fuego iraní como por accidentes. Un informe del Servicio de Investigación del Congreso publicado en mayo señaló que 42 aeronaves militares estadounidenses se habían perdido durante el conflicto.
Las municiones representan una de las principales preocupaciones. Reuters informó que las Fuerzas Armadas habían utilizado “prácticamente todo” su suministro mundial de determinados misiles de precisión. Una estimación del Center for Strategic and International Studies indicó que, para julio, Estados Unidos había utilizado alrededor del 65% de sus interceptores Patriot y reducido en al menos un 38% sus reservas de interceptores THAAD (Terminal High Altitude Area Defense).
Washington trasladó aviones de combate, buques de guerra y otros recursos a Medio Oriente desde Europa y la región del Asia-Pacífico, prolongando los despliegues y generando interrogantes sobre la capacidad de respuesta estadounidense en otros escenarios.
El USS Gerald R. Ford permaneció desplegado durante más de un año, su despliegue más prolongado desde la Guerra de Vietnam, mientras que legisladores expresaron preocupación por las condiciones a bordo del USS Abraham Lincoln después de 200 días consecutivos en el mar. El portaaviones fue reemplazado la semana pasada por otro que se encontraba en el Pacífico, una muestra de cómo la guerra está llevando al límite los recursos militares estadounidenses.
Agencias AP y Reuters

