Humillación y golpes: la dura experiencia de una empleada de la realeza saudita

Catherine Coleman relató su difícil paso como empleada de la corte en Riad
Catherine Coleman relató su difícil paso como empleada de la corte en Riad Fuente: Archivo - Crédito: Shutterstock
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12 de mayo de 2020  • 13:50

Catherine Coleman es una mujer de origen británico que decidió, para cambiar de aire y por el buen dinero que le ofrecían de paga, trabajar para una princesa de la corte de Arabia Saudita, una de las monarquías más herméticas del mundo.

Lo que no imaginó en ese momento era que estaba a punto de embarcarse en una de las experiencias más traumáticas de su vida. La mujer relató al diario inglés The Times cómo fue su vida en Riad, capital saudita, cuando trabajó para una princesa, cuyo nombre no reveló por su propia seguridad.

Su función en el palacio real era la de administrar al personal de servicio de su empleadora real. Ellos eran un grupo de empleados provenientes de Filipinas, que recibían constantes maltratos de la princesa que se refería a ellos como "animales". Se suponía que Coleman también debía aplicar una estricta disciplina en el comando de estos trabajadores, aunque ella siempre se resistió a hacerlo.

El actual rey de Arabia Saudita, Salman bin Abdulazis
El actual rey de Arabia Saudita, Salman bin Abdulazis Fuente: Archivo

Coleman también fue presa de reglas que debía seguir al pie de la letra. Según su relato, ni bien puso un pie en el palacio tuvo que estudiarse un documento de cuatro páginas repleto de normas de protocolo. Entre las normas que establecía el escrito, decía que ella nunca debería darle la espalda a su jefa. Tampoco podía discutir con un miembro de la realeza, aunque tuviera razón, ni tener relaciones íntimas ni hacer amistades con el personal.

La mujer debió seguir al pie de la letra estas reglamentaciones ya que si rompía alguna de las normas podía ser arrestada, y la realeza saudí no tenía la obligación de avisar a su embajada.

Los castigos al personal

La pesadilla laboral de Coleman incluía trabajar hasta las cuatro de la mañana casi todos los días y presenciar terribles castigos y humillaciones que recibía el personal a su cargo. En una ocasión, fue testigo de cómo a uno de los empleados que había cometido un error le tiraron un balde de agua helada en la cabeza y luego lo obligaron a pasar la noche en el jardín, sin ropa, en pleno invierno.

Otra compañera del empleado castigado le mostró a Coleman un ojo morado que tenía como consecuencia de un golpe que le había dado la princesa, disconforme porque le habían regalado una pieza de bisutería barata.

Coleman relató que los trabajadores recibían dinero o joyas luego de estos terribles castigos. Aparentemente era el modo en que la princesa pedía disculpas por sus actos y también, la manera de mantener el silencio de sus empleados.

La mujer contó que los empleados a su cargo recibían castigos y humillaciones y que luego eran "recompensados" con dinero y joyas (imagen ilustrativa)
La mujer contó que los empleados a su cargo recibían castigos y humillaciones y que luego eran "recompensados" con dinero y joyas (imagen ilustrativa) Fuente: Archivo

La mujer contó también que ella nunca se sumó a este tipo de crueldades contra la gente que debía administrar. Y eso le provocó cuestionamientos por parte de su jefa. Una vez, según dijo, encontró a un empleado con una pequeña bolsa de azúcar en su habitación. "Me dijeron que lo castigara esparciendo sus pertenencias por todo el suelo y cubriéndolo con una pasta hecha de azúcar y agua", relató la mujer, que aseguró luego que se negó a hacerlo.

La salida del infierno

La negación a ejercer el castigo contra este empleado le valió a Coleman que la obligaran a someterse a una pericia psiquiátrica. Entonces fue cuando ella decidió abandonar ese trabajo y salir lo más rápido que pudiese del palacio y de Arabia Saudita. Pero no iba a ser tan fácil. Le dijeron que, sin permiso de su empleadora, no podía salir del país. Y para colmo, por romper su contrato debía abonar nada menos que 4000 dólares de multa.

La única salida que le quedó a Coleman ante esa situación tan conflictiva fue jugarse la carta de amenazar a la princesa. La encaró un día y le dijo que si no la dejaba libre le iba a contar a su hermano, que era su tutor, las terribles tropelías que cometía ella con el servicio doméstico. Al parecer, la amenaza surtió efecto, ya que dos horas más tarde la empleadora real estaba firmando los papeles para que la mujer abandonara el país.

"Decir adiós al personal, sabiendo que no tienen medios para escapar, fue una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer. Sin embargo, sabía que tenía que irme, por mi cordura y mi supervivencia", concluyó Coleman en su relato al citado medio británico.

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