Japón reforma la ley de sucesión pero mantiene cerrada la puerta a una emperatriz
La nueva norma abre las puertas a futuros sucesores masculinos y refuerza al mismo tiempo el veto al acceso de mujeres al trono, contrariando los sondeos de opinión pública
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TOKIO.– El Parlamento japonés aprobó este viernes una reforma de la ley de sucesión imperial pero mantuvo el veto a que una mujer sea emperatriz, en contra de un creciente sentir social en favor de adaptarse a los tiempos.
Las modificaciones incluyen la adopción de parientes varones lejanos para engendrar futuros herederos y la posibilidad de que las princesas conserven su estatus real después de casarse con plebeyos.
Pero los observadores de la realeza y expertos en temas de la corona temen que las nuevas medidas puedan condenar a la institución hereditaria de 1500 años al insistir en que solo los hombres pueden ser emperadores.

El futuro de la Casa Imperial de Japón, que según la mitología desciende de la diosa Amaterasu, depende actualmente del príncipe Hisahito, de 19 años, sobrino del actual emperador Naruhito, de 66. Pero si Hisahito -quien no está casado- no tiene un hijo varón, la línea de sucesión se extinguiría al no tener heredero.
Ha habido ocho monarcas mujeres. La última fue la emperatriz Gosakuramachi, que reinó de 1762 a 1770. Hasta que una ley de 1889 estipuló que solo los hombres podían convertirse en emperadores, y únicamente a través de la línea paterna. Esto descarta que la popular princesa Aiko, de 24 años, o cualquier otra mujer de la realeza, tenga posibilidades de acceder al trono.
La reforma, aprobada por amplia mayoría en la Cámara Alta japonesa, autorizó no obstante la reincorporación a la familia imperial de parientes masculinos lejanos mayores de 15 años, siempre que sean solteros, y que sus futuros hijos sean elegibles para ascender al trono. Se trata de miembros de 11 familias que salieron del registro imperial tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial.

Su antepasado común con el actual emperador se remonta al siglo XV y se encuentra “a una distancia de 36 a 38 grados de parentesco”, según la Agencia de la Casa Imperial.
Los cambios aprobados también ponen fin a la práctica de que las mujeres pierdan su estatus real tras casarse con un plebeyo, aunque, debido a su género, sus hijos aún no pueden convertirse en emperadores. En 2021, por ejemplo, la exprincesa Mako Komuro, sobrina de Naruhito, abandonó oficialmente la familia tras casarse con su novio de la universidad.
La obsesión de Takaichi
Esta reforma de la legislación imperial se logró tras disputas dentro del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD), liderado por la conservadora Sanae Takaichi, la primera mujer en gobernar Japón y quien se opone a la sucesión femenina.
“Es muy irónico que la propia primera ministra sea la principal defensora de la obsesión con la sucesión masculina”, escribió recientemente Chizuko Ueno, una destacada académica feminista.

Ueno subrayó que las nuevas medidas “tratan a los miembros varones de la realeza como sementales y someten a las mujeres de la realeza a presión como ‘máquinas de procrear’ para producir descendencia masculina”.
Seiichiro Murakami, un veterano diputado del PLD, considera “absolutamente indignante” descartar la posibilidad de que Aiko se convirtiera en emperatriz. Asahiro Kuni, de 81 años y miembro de una las 11 ramas imperiales, ha dicho por su parte que aconsejaría a sus nietos que rechacen la oportunidad de convertirse en miembros de la realeza.
“A los 15 años, una persona ya ha crecido respirando el aire de la libertad”, le dijo al diario Asahi Shimbun. “Puede que haya personas que quieran unirse a la familia imperial, pero si entendieran las dificultades de la vida como miembro de la realeza, probablemente no dirían algo así“, agregó.
Una encuesta del Mainichi Shimbun el mes pasado reveló que más del 70% de la población avalaba que una mujer fuera emperatriz, y el 40%, una sucesión matrilineal. Un sondeo realizado por el Asahi Shimbun en mayo también reveló que el 72% de los encuestados estaba a favor de cambiar las reglas para permitir que las mujeres asciendan al trono.

Hideya Kawanishi, profesor de la Universidad de Nagoya y experto en el sistema imperial japonés, explicó que el proyecto de ley aprobado “no refleja la opinión pública”.
“Para el ala conservadora del Partido Liberal Democrático el objetivo primordial es preservar la sucesión al trono por línea masculina y exclusiva de los hombres, y es precisamente por eso que no quieren escuchar las voces de la gente", afirmó.
“Esto se debe a que la sólida base conservadora que los respalda alberga actitudes cercanas al machismo, y esta medida probablemente fue necesaria para asegurar sus votos en las elecciones", añadió.
“Es una declaración para impedir que haya mujeres monarcas y para defender el linaje masculino a toda costa", dijo por su parte Hideya Kawanishi, experto en monarquía de la Universidad de Nagoya. “No pueden decir que es chovinismo masculino, así que lo llaman tradición”.
Agencias AP y AFP
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