
¿Puede darlo vuelta Lula? Los tres movimientos de votantes que pueden definir el balotaje más reñido de Brasil
Con las encuestas en un empate técnico frente a Flávio Bolsonaro, el director de Quaest analiza dónde están los votos decisivos y qué papel podrían jugar la abstención y los sufragios en blanco y nulos
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RÍO DE JANEIRO.– La elección de 2026 ya se sitúa entre las más reñidas de la historia reciente. Desde septiembre, las simulaciones de una segunda vuelta realizadas por Quaest muestran a Lula y a Flavio técnicamente empatados. A cinco días de la votación, el escenario sigue abierto.
Según nuestras estimaciones, con un 95% de confianza, Flavio cuenta con entre el 43% y el 47% de la intención de voto; Lula, con entre el 42% y el 46%.
La historia reciente ofrece dos posibles desenlaces para esta elección. En 2022, Jair Bolsonaro (PL) comenzó la segunda vuelta por detrás en las encuestas y no logró superar a Lula. En 2014, Dilma Rousseff (PT) también inició la contienda en desventaja, pero logró remontar frente a Aecio Neves (PSDB) en los últimos días.
¿Cuál de estos desenlaces veremos en 2026? Para entender qué podría suceder, es necesario observar tres flujos de voto.
El primero es la capacidad de Lula y Flavio para retener a sus votantes o para captar votos del adversario. Este movimiento puede tener un gran impacto en el resultado. Cada votante que cambia un candidato por otro altera la diferencia entre ambos en dos puntos: un candidato pierde un voto, mientras que su oponente gana uno.
En un país polarizado, esta transferencia resulta más difícil, aunque no imposible. En 2022, las encuestas de Quaest indicaron que Bolsonaro atrajo, en la segunda vuelta, a cerca del 2% de los electores que habían votado por Lula en la primera. Este año, no hay indicios de un movimiento significativo en esa dirección. Lula retiene al 95% de sus electores, y Flavio, al 94%. El saldo de las transferencias entre ambos es, al día de hoy, cercano a cero.
El segundo flujo se encuentra entre los electores que, en la primera vuelta, votaron por Augusto Cury (Avante), Ronaldo Caiado (PSD), Renan Santos (Missão) o Romeu Zema (Novo). Actualmente, este grupo transfiere el 43% de la intención de voto a Flavio y el 37% a Lula, una distribución que favorece al candidato del PL.
La encuesta no muestra indicios de que esta diferencia vaya a variar significativamente durante la última semana. No es en este segmento donde percibo la principal oportunidad para que Lula altere el equilibrio de la contienda.
Queda un tercer flujo: los que no acudieron a votar o que optaron por el voto en blanco o nulo en la primera vuelta. Es un lugar común señalar que quienes se abstienen presentan un perfil más cercano al de Lula: menor nivel educativo, mayor edad y una mayoría de mujeres. Este grupo podría ayudar a explicar por qué el candidato del PT se mantiene técnicamente empatado con Flavio.
Entre quienes afirman no haber votado, o haber emitido un voto en blanco o nulo en la primera vuelta, el 40% declara que votará por Lula en la segunda, frente al 36% que lo hará por Flavio. Si este electorado acude a las urnas, la distribución de los votos podría favorecer a Lula.
Pocos –yo incluido– creen que la abstención disminuirá lo suficiente como para propiciar un vuelco en el resultado. Asimismo, resulta difícil lograr una reducción en el número de votantes de Flavio.
El cambio podría provenir del otro componente de la desafección electoral: los votos en blanco y nulos. En 2014, la abstención aumentó en casi 2,4 millones de personas entre la primera y la segunda vuelta; sin embargo, el total de votos en blanco y nulos disminuyó en aproximadamente 4 millones.
Al final, el número absoluto de votos válidos fue 1,5 millones mayor en la segunda vuelta en comparación con la primera. Fueron los electores a quienes Dilma convenció de pasar del voto nulo o en blanco a apoyarla quienes marcaron la diferencia en 2014, y ellos podrían aumentar las probabilidades de que Lula logre remontar este año.
El desenlace de 2026 sigue siendo una incógnita. Si Flavio gana, Lula será un presidente más que resulta derrotado al intentar la reelección. Si Lula gana, habrá revertido una contienda en la que la distribución de los votos de terceros favorecía a su adversario. La pregunta es cuál de estos caminos pasará a la historia.
Los tres flujos presentados anteriormente, analizados en la encuesta del sábado, son los que nos ayudarán a proyectar este desenlace.
El autor es director de la consultora Quaest


