Revolución en marcha: AMLO no pierde el tiempo, pero sus críticos acechan

El presidente mexicano tomó enérgicas medidas de austeridad y asistencia social que podrían marcar un punto de inflexión histórico o, de fracasar, una enorme decepción
El presidente mexicano tomó enérgicas medidas de austeridad y asistencia social que podrían marcar un punto de inflexión histórico o, de fracasar, una enorme decepción Crédito: Alejandro Cegarra/NYT
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24 de diciembre de 2018  

CIUDAD DE MÉXICO.- En las tres primeras semanas de su gobierno, el presidente de México , Andrés Manuel López Obrador , se ha movido a todo galope para trastocar el orden establecido.

Respaldó una nueva ley para recortar los salarios más elevados del gobierno, además de proponer la expansión de programas sociales en beneficio de los pobres y marginados, quienes son su principal prioridad, según ha declarado. También tomó medidas enérgicas para cancelar la construcción de un costoso aeropuerto.

En una estrategia cargada de simbolismo, el día de su toma de posesión, convirtió Los Pinos, la residencia presidencial, en un complejo cultural abierto al público. Personas comunes y corrientes pasearon libremente en el lugar con expresiones de asombro y alegría.

Durante su campaña presidencial, López Obrador prometió una revolución. Se comprometió a que, en caso de resultar electo, le pondría un alto a la corrupción, terminaría con la impunidad, fortalecería la economía, traería la paz al país, eliminaría la desigualdad y empoderaría a las minorías.

Su mensaje caló entre los electores mexicanos, quienes le otorgaron una victoria aplastante en julio y le dieron a su partido, Morena que ni siquiera existía en la elección presidencial previa, la mayoría en la Cámara de Diputados y en el Senado.

Así han sido los primeros días del sexenio de López Obrador. Sin embargo, la celeridad de su arranque ha llevado a muchos a preguntarse si México está en un punto de inflexión histórico o de una decepción histórica. López Obrador es consciente de que el interrogante está en boca de todos, y de que los escépticos y detractores están atentos y vigilantes para señalar el primer atisbo de fracaso.

"A partir de ahora se llevará a cabo una transformación pacífica y ordenada, pero al mismo tiempo, profunda y radical, porque se acabará con la corrupción y con la impunidad que impiden el renacimiento de México", declaró durante su discurso de toma de posesión del 1° de diciembre.

En los inicios de su carrera política, López Obrador se dedicó a la organización de comunidades indígenas en situación de pobreza en su estado natal, Tabasco. Desde entonces ha buscado mantener al menos un pie firmemente plantado entre los marginados de su país. De este modo, ha marcado un contraste evidente con respecto a su predecesor, Enrique Peña Nieto.

Mientras que a Peña Nieto, miembro de una familia bien conectada políticamente, se lo consideraba distante y elitista, López Obrador ha procurado ser accesible, un ciudadano más.

Mientras que Peña Nieto usaba trajes pulcros, listos para la televisión, a López Obrador se lo ve desaliñado. Su rostro a menudo tiene un rictus amargo, como el de un tipo que acaba de llegar de la calle y no le fue muy bien durante el día.

Al invitar al público a visitar Los Pinos, que durante generaciones fue la propiedad más exclusiva del poder político mexicano, López Obrador cumplió con una de sus promesas de campaña.

Ya anunció además que seguirá viviendo en su casa en el sur de Ciudad de México hasta que el menor de sus hijos termine la escuela primaria. Solo entonces buscará "una casa modesta" cerca del Palacio Nacional, su despacho en el centro de la ciudad. Sigue desplazándose en su Volkswagen 2013, ya que renunció al transporte presidencial. Disolvió el Estado Mayor Presidencial el servicio de seguridad de los mandatarios- y se rodeó de una escolta conformada por veinte ciudadanos desarmados que constituyen una muestra representativa de la sociedad mexicana.

Mientras que Peña Nieto rara vez se reunía con la prensa y casi nunca respondía preguntas, López Obrador ha mantenido conferencias de prensa a diario. Para el presidente, estas sesiones, que comienzan a las 7 de la mañana, no solo consolidan la cultura de la accesibilidad, sino que también le permiten controlar la agenda noticiosa del día.

En busca de austeridad

Una de las estrategias ejecutivas más audaces de López Obrador tuvo lugar antes de que fuera presidente. A fines de octubre, anunció que tenía la intención de cancelar la construcción de un nuevo aeropuerto después de un referéndum informal que organizó su propio partido y contó con la participación de menos del dos por ciento de los votantes del padrón.

La decisión de cancelar el proyecto, de 13.000 millones de dólares, con una tercera parte de la construcción ya terminada, hizo que el peso y los mercados mexicanos se desplomaran, y sembró incertidumbre entre los inversionistas y los líderes empresariales.

Los esfuerzos para frenar el proyecto están ahora en stand-by mientras el gobierno lidia con los inversionistas para acordar los términos de una recompra de los bonos de construcción. No obstante, se trata del primer indicio de la guerra que el presidente le declaró al gasto ineficiente.

Según la nueva ley para recortar los salarios más elevados del gobierno y aumentar los más bajos, ningún servidor público puede ganar más que el presidente. Dado que López Obrador estableció que su salario será de 107.692 pesos mensuales (unos 5400 dólares, menos de la mitad de lo que ganaba Peña Nieto), eso implica reducciones significativas en los sueldos de más de treinta mil funcionarios.

La ley también eliminó las pensiones de los últimos cinco expresidentes. "No podemos tener un gobierno rico y un pueblo pobre", manifestó López Obrador la semana última. La Corte Suprema ha suspendido la ley hasta que se dicte un fallo definitivo.

La austeridad de López Obrador se extendió a la flota aérea oficial. El presidente mexicano anunció la venta del avión presidencial e insiste en volar en aviones comerciales, en clase turista.

Los analistas aplaudieron, debido a su sobriedad y prudencia fiscal, el presupuesto presentado por el secretario de Hacienda de López Obrador el pasado fin de semana, que se espera apruebe el Congreso de la Unión en los próximos días.

Durante su campaña, López Obrador atacó la política de usar a los militares para combatir al narcotráfico. Sin embargo, durante su primer día completo como presidente, se retractó y respaldó un proyecto de ley que mantendría al ejército en las calles como parte de una Guardia Nacional recién creada, que también incluiría a la policía civil.

Sus críticos atacaron la propuesta como evidencia de que al menos algunas de las promesas de campaña de López Obrador eran retórica vacía. El plan también preocupa a los defensores de los derechos humanos, quienes dicen que terminará por convertirse en el fallido enfoque de mano dura que adoptaron sus dos predecesores más recientes. López Obrador dijo que planea someter este tema a una consulta pública en los próximos meses.

En repetidas ocasiones, AMLO ha prometido proteger a todos los ciudadanos, especialmente a los pobres. El presupuesto que propuso su gobierno parece cumplir con esa promesa en cierta medida, e incluye aumentos en el gasto en seguridad social para las personas de la tercera edad, una expansión de las iniciativas de beca para los estudiantes y miles de millones de dólares para financiar programas de capacitación laboral para los jóvenes desempleados. A esto le siguió el anuncio de un aumento del 16% al salario mínimo en todo el país.

López Obrador también prometió enfocarse en los estados empobrecidos del sur de México, con la propuesta de impulsar el desarrollo en la región, que incluye el ambicioso proyecto del Tren Maya, que conectará la península de Yucatán con el estado de Chiapas, lo cual estimulará el empleo y el turismo, según afirma el presidente.

El 18 de diciembre, el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció que el gobierno estadounidense estaba preparado para "invertir y movilizar 2000 millones de dólares" más allá de sus compromisos actuales en México.

La promesa apoya un plan ambicioso, que presentó el gobierno mexicano este mes, con el que se busca fortalecer el crecimiento económico en América Central y el sur de México para ayudar a frenar la migración hacia el país del norte.

"Durante la campaña dije: 'Cuiden de todos, escuchen a todos, respeten a todos, pero presten especial atención a los humildes'", sostuvo AMLO. "Por el bien de todos, primero los pobres".

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