
Roma, en llamas por las protestas
Graves disturbios en una marcha opositora
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ROMA (De nuestra corresponsal).-Columnas de humo negro que se levantan sobre las cúpulas de las antiguas iglesias de la Piazza del Popolo, el ruido de los helicópteros que revolotean en el cielo y de las sirenas de las ambulancias, gases lacrimógenos, autos incendiados, vidrieras rotas, corridas, palos, golpes, barricadas, rostros asustados.
El día en que Silvio Berlusconi logró sobrevivir a un voto de confianza que muchos hubieran esperado que se transformara en el de su muerte política, Roma estalló en llamas.
Lo que había comenzado por la mañana como una manifestación pacífica en contra del gobierno de Berlusconi, de golpe se transformó en un escenario de guerrilla urbana impensable en el corazón de la Ciudad Eterna. En previsión de esta anunciada manifestación, las autoridades habían puesto a punto un operativo de seguridad imponente y levantado una "zona roja", inaccesible para los manifestantes alrededor de los "palacios del poder", es decir, el Parlamento, el Palazzo Chigi (sede del gobierno) y el Palazzo Grazioli (la residencia del premier).
Cuando los agentes impidieron el paso de la multitud hacia zonas sensibles, comenzaron los primeros choques entre los manifestantes y las fuerzas del orden, pertrechadas con cascos, escudos y palos.
La situación degeneró cuando se supo que el gobierno de Berlusconi se había salvado. Entre los manifestantes, aparecieron jóvenes encapuchados o con cascos, vestidos de negro -luego definidos como miembros del grupo de los black blocks -, que comenzaron a hacerse de barras, adoquines y demás objetos contundentes para empezar a destrozar cajeros automáticos, blindados de la policía y todo lo que encontraban a su paso.
La ciudad entonces pareció caer en estado de sitio. Con las calles cortadas, ya no había tránsito, y muchas tiendas, por temor a ser destrozadas, bajaron sus persianas. En medio de un silencio roto sólo por ambulancias y helicópteros, mientras las decoraciones navideñas brillaban en soledad, en un clima lúgubre, se veían turistas aterrados que se movían a pie con sus valijas: ya no había transporte público que pudiera llevarlos a estaciones o aeropuertos.
Cerca de las 16, cuando la situación comenzó a calmarse, la Vía del Corso, la calle del shopping romano, parecía un campo de batalla: tachos de basura quemados, vidrios rotos, paredes manchadas de pintura, ennegrecidas por el fuego, pedazos de pared arrancados. En medio de las polémicas por cómo se manejó la protesta, el saldo de los desmanes fue de 100 heridos, más de 40 detenidos y 300 autos dañados.



