Abbas Kiarostami, entre poetas

Fernando López
(0)
30 de agosto de 2005  

"Una noche, después de cenar con mi amigo Ermanno Olmi y mientras compartíamos una botella de buen vino, me puse a recitar poemas de Omar Khayyam. Creo que fue en ese momento, llevados por las imágenes que nos sugería el poeta, cuando empezamos a soñar con un posible nuevo trabajo en común, pero por ahora es sólo una idea", contaba Abbas Kiarostami días atrás, cuando conversó con algunos periodistas después de recibir en el Festival de Locarno un premio especial en reconocimiento a su trayectoria. De tan nebuloso proyecto, que está en una etapa muy primaria según confió el gran creador iraní, apenas saben que se trataría de un documental y que llevaría por título "Vino, luna y bellas mujeres". Nada más pudo avanzar Kiarostami en la concepción del proyecto durante su reciente estada en Italia, entre otros motivos porque el veterano realizador de "El árbol de los zuecos" y "La leyenda del santo bebedor" se encontraba enfermo.

* * *

Se ve que fue para ellos muy satisfactoria la experiencia de "Tickets", el film que dirigieron a seis manos con el inglés Ken Loach y que el año pasado resultó una grata sorpresa para los asistentes al Festival de Berlín. Esa aventura común que engarza tres historias diferentes a bordo del mismo tren (quizás una metáfora de Europa) fue señalada por alguna prensa como un "modelo de solidaridad creativa" y también tuvo un resonante éxito en la edición 2004 de Locarno, un festival del que el iraní guarda los mejores recuerdos: fue allí, en 1987, donde se impuso a la atención del público y la crítica internacional con "¿Dónde está la casa de mi amigo?"; allí también recibieron distinciones "Detrás de los olivos" y "El sabor de la cereza". Quizás esa entrañable relación lo animó a responder a la requisitoria periodística y no siempre para referirse a temas estrictamente cinematográficos. Contó, por ejemplo, que "Tickets" no ha sido nunca proyectada en Irán y aunque aclaró que personalmente él no es "ni protegido ni perseguido", precisó que los últimos films que dirigió no merecieron apoyo ni promoción en su tierra. "Ya obtener el permiso para filmar es muy difícil, tanto como lograr llevar a buen término un proyecto. Y ni hablemos de la generación que creció después de la mía: para ellos, las dificultades son aún mayores; si es que consiguen terminar un film les es casi imposible proyectarlo: la mayoría de las salas están cerrando; en Irán, una entrada de cine cuesta el doble que un DVD." Kiarostami no cree que en el futuro las cosas vayan a mejorar y explicó su presencia en Locarno apelando al sobreentendido: "En la vida es necesario a veces adaptarse, y si estoy aquí es porque he desarrollado cierta capacidad en ese sentido".

* * *

Cuando la charla derivó hacia la influencia que puede tener en el futuro del cine la actual situación política en Irán, donde no hace mucho asumió el gobierno del ultraconservador Mahmud Ahmadinejad, el director de "El viento nos llevará" juzgó necesaria una introducción: "Por experiencia, los intelectuales iraníes están habituados a no esperar nada de la situación política. Ni esperan ni prevén nada". Después, admitió que la situación para los cineastas y para la gente en general es preocupante. "Tenemos temor; es inevitable: los pueblos deciden cada vez menos sobre su futuro. Si ustedes, europeos, tienen escasa gravitación en las decisiones, ya pueden imaginar el peso que puede tener el pueblo iraní. Al nuevo presidente lo conocimos cuatro días antes de las elecciones. ¿Qué se propone hacer? Nadie lo sabe."

Preferible, entonces, volver al cine y a los antiguos poetas, de uno de los cuales, Mawlana Djalal Od-Din Rumi, que vivió en el siglo XIII, suele tomar prestadas las palabras para explicar el modo en que intenta atrapar la vida con su cámara. "Tú eres la pelota de polo perseguida por mi taco -decía más o menos el poema-; corro sin cesar para seguirte aunque soy yo quien te persigue". En otras palabras, es necesario seguir a un personaje, no dirigirlo: quien conduce es él, un ser viviente con sus propias emociones. "Y hay que aceptar -concede Kiarostami- que no nos dará de sí sino lo que se proponga. Si lo dirigiéramos, en cambio, sería una marioneta."

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.