
Acida sátira sobre la TV
"Maten a Smoochy", con Edward Norton y Robin Williams
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Danny DeVito es reconocido en todo el mundo por su larga trayectoria como cómico tanto en televisión (donde ya en los años 70 triunfó con la serie "Taxi") como en el cine. También es un respetado productor que con su compañía Jersey Films financió desde "Tiempos violentos" hasta "Erin Brockovich", pasando por "Generación X" y "En el nombre del juego". En cambio, como director no ha sido debidamente valorado, pese a contar con una sólida filmografía que incluye a "Tirá a mamá del tren", "La guerra de los Roses", "Hoffa" y "Matilda".
En este sentido, "Maten a Smoochy" ("Death to Smoochy"), una inteligente e implacable sátira al mundo de la televisión infantil que el sello AVH estrenará en VHS y DVD el próximo miércoles 15 sin haber pasado por los cines argentinos, es una nueva muestra de su estilo desenfadado y provocativo como cineasta.
DeVito fue víctima de la mayoría de la crítica estadounidense, que no le perdonó esta ácida mirada a las manipulaciones, miserias y perversiones que imperan en el negocio televisivo, especialmente en los programas infantiles, donde el cinismo y el doble discurso sirven para sostener lo único que interesa: el negocio del merchandising. El resultado es un film filoso y desbordante, que resultó un fracaso de taquilla (costó 55 millones de dólares y sólo recaudó 20 millones en las salas norteamericanas), pero que quedará como una de esas obras malditas sujetas a futuras y merecidas reivindicaciones.
Este guión de Adam Resnick (escritor del programa "Late Night", de David Letterman) se centra en el enfrentamiento entre dos animadores de ciclos infantiles: el malvado Rainbow Smiley (Robin Williams, en uno de sus mejores trabajos) y el bienintencionado Rinoceronte Smoochy (Edward Norton). Cuando Rainbow es descubierto en diversos actos de corrupción -como cobrar a los padres de los niños que quieren aparecer en su programa- Nora (otra gran actuación de Catherine Keener), desalmada productora de la cadena, se ve obligada a reemplazarlo y contratar a Smoochy, un artista que trabaja en un centro de rehabilitación de drogadictos que está a punto de cerrar. Convertido de un día para otro en estrella mediática, Smoochy intentará preservar el sano contenido de su mensaje en medio de presiones, negociados y confabulaciones que lo tienen como títere.
No sólo Robin Williams compone a uno de esos antihéroes despreciables (y en el fondo queribles) que quedarán en la historia de grandes malvados, sino que el propio DeVito también se reserva otro papel dominado por la ambición y la crueldad.



