Charlize Theron, para aplaudir

Fernando López
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8 de abril de 2004  

"Monster" (Idem, EE.UU.-Alemania/2003, color). Dirección: Patty Jenkins. Con Charlize Theron, Christina Ricci, Bruce Dern, Scott Wilson, Annie Corley, Pruitt Taylor Vince, Lee Tergesen. Guión: Patty Jenkins. Fotografía: Steven Bernstein. Música: BT. Edición: Jane Kurson y Arthur Coburn. Presentada por Quasar Films. 108 minutos. Sólo apta para mayores de 16 años, con reservas.

Nuestra opinión: buena

Es casi inevitable que la crónica empiece refiriéndose a Charlize Theron, no sólo porque la joven actriz sudafricana obtuvo el Oscar gracias a su comprometida y escrupulosa personificación de Aileen Wuornos -la mujer que los archivos policiales de los Estados Unidos registran como la primera asesina en serie-, sino sobre todo porque es ella quien aporta al retrato la carnadura humana y la intensidad emotiva que dan sustento al film.

Por fuera está la transformación física que siempre entusiasma tanto a los votantes de la Academia: la piel manchada, los ojos congestionados, la dentadura despareja, los movimientos torpes, el cuerpo grueso y pesado. Pero bajo esa apariencia vulgar que la vuelve casi irreconocible hay algo más: gestos, miradas, inflexiones de voz, posturas, actitudes. En ellos se dibujan los estados de su personaje: los relámpagos de ira, las repentinas oleadas de ternura casi imperceptibles, una aspereza que trasluce y esconde el resentimiento y la vulnerabilidad, la íntima desolación y el eco de viejos dolores, una sorda cólera y una credulidad próxima a la irreflexión. Theron hace de Aileen (o de Lee, como se la llama en el film) un ser real: no oculta la fiera inconciencia del "monstruo", pero permite asomarse también a su costado humano.

Es un equilibrio que busca pero no siempre consigue mantener la realizadora y guionista Patty Jenkins, que por un lado evita la apelación sentimental y el sensacionalismo, pero por otro sugiere pistas para entender el origen de la conducta violenta y autodestructiva del personaje. Pistas que resultan a veces demasiado escolares para desentrañar un misterio tan complejo.

Algo de afecto

El esquema narrativo no busca caminos muy diferentes de los que suelen recorrer los telefilms basados en casos reales. (El de Wuornos, conviene recordar, fue tema de uno de ellos, además de dos aplaudidos documentales, varios libros, un cómic y hasta una ópera.) Jenkins concentró su historia en el período 1989-1990, cuando la joven prostituta asesinó a siete de los hombres con los que tomó contacto en sus vagabundeos por las carreteras de Florida, crímenes por los que fue condenada en 1992 y ejecutada diez años después.

Cuando el film comienza, Lee, que ha sido víctima de abusos en la infancia, anda en la calle desde los 13 años y parece a punto de suicidarse, entra por error en un bar de lesbianas y conoce a Selby, una chica del interior a quien sus padres han confiado a una familia amiga con la esperanza de "curarla". Lee encuentra en ella un trato afectuoso que prácticamente desconoce y que echa abajo sus prevenciones. La relación que nace entre las dos (pronto comienzan a hacer planes para el futuro) constituye el centro narrativo del film.

Los crímenes se inician una noche en que Lee sale a la carretera en busca de dinero para divertirse con su nueva amiga. Agredida brutalmente por un cliente, acaba matándolo y quedándose con su billetera. Actúa esa vez en defensa propia, pero el incidente también parece abrir por primera vez una válvula de escape a la cólera que ha acumulado tras años de violencia y humillación. Por eso, aunque se propone dejar una rutina que se le hace insoportable y hasta ensaya vanamente una imposible reconversión laboral, pronto vuelve a la ruta. Va ahora dispuesta a repetir el golpe, empujada por los reclamos constantes de Selby -a quien se ha propuesto proteger y mantener- y convencida de que la impunidad seguirá favoreciéndola. De algún modo, parece entender sus crímenes como actos de justicia. "Soy una buena persona", le dice a su compañera.

Al exponer los crímenes de la protagonista, Jenkins no escatima violencia ni crudeza: es muy fuerte el impacto que producen esas escenas. También hay aciertos en la pintura de los ambientes y en la descripción de la mutua dependencia que afirma la relación entre las dos mujeres. Pero es en ese terreno donde el film expone algunas de sus principales flaquezas -cierto artificio y más de un diálogo cargado de "literatura"- y su mayor desequilibrio: el personaje de Selby, que aparece bien esbozado en un principio, sufre después imprevistas transformaciones que el film expone sin intentar una explicación. Hasta la habitualmente expresiva Cristina Ricci aparece desdibujada y algo apática.

Claro que para compensar esos baches, alimentar la tensión emotiva del film e impedir que decaiga su interés dramático está Charlize Theron. Se entiende que ella acapare todos los aplausos.

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