Chris Marker, el infatigable explorador
Chris Marker no ganó un solo Oscar, ni siquiera algún trofeo más o menos glamoroso; tampoco consiguió que alguno de sus films recaudara millones de dólares, ni generó escándalos. En tiempos como éstos, en que ese tipo de referencias resulta casi indispensable para "ser alguien" (lo que equivale a ser famoso), se comprende que su nombre fuera prácticamente desconocido por el gran público. Sin embargo, era, como lo llamó el diario francés Libération, "un famoso desconocido", un artista múltiple que bien puede figurar entre los cineastas de mayor inventiva, un creador infatigable y curioso que no sólo hizo valiosos aportes al cine (valga mencionar el innovador uso del sonido, la imagen y el texto en sus documentales políticos, filosóficos y poéticos), sino que también se desempeñó como fotógrafo, editor, videasta, traductor, ilustrador, escritor, poeta y autor de obras digitales. Figura decisiva en el desarrollo del film ensayo, que mezcla el documental y la reflexión personal, y al mismo tiempo medita sobre la subjetividad de la perspectiva cinematográfica, este explorador infatigable fallecido ocho días atrás, a los 91 años, era autor de una obra esencial para los interesados en el cine y la imagen y en el estado del mundo actual. Su compromiso político lo llevó a estar atento con su cámara a cada movimiento emancipador que se produjera en Francia o en el mundo, tanto como a la búsqueda incesante de técnicas y formas vinculadas con el lenguaje del cine. Curiosidad que se refleja en su filmografía, unos 50 films casi siempre documentales, cortos o de metraje más extenso, de la misma manera que en las búsquedas a las que nunca renunció: hasta hace poco seguía explorando las posibilidades artísticas de los mundos virtuales o de YouTube.
Extremadamente discreto (cuando querían fotografiarlo, se cubría con el dibujo de un gato, tal como lo muestra Varda en Las playas de Agnès) y rodeado de misterios (en un tiempo difundió la información de que había nacido en Mongolia), se sabe que nació en Neuilly-sur-Seine, que estudió filosofía, participó de la Resistencia y tras la guerra, inició una carrera periodística que lo vinculó con André Bazin, cofundador de Cahiers du Cinéma, en la que también colaboró. Con Alain Resnais, Agnès Varda y Heni Colpi formó parte del grupo Rive Gauche, que acompañó a la nouvelle vague sin adherir a todos sus principios. Ya había sido asistente y colaborador de Resnais en Las estatuas también mueren, su ópera prima. Posteriormente, con Dimanche à Pekin (1956) y sobre todo con Descripción de un combate (1961), mostró elementos anticipatorios de su obra sucesiva. Hay muchos títulos que la ilustran: Cuba sí; Lejos de Vietnam, que también produjo y del que participaron Resnais, Godard, Varda y Joris Ivens; varios cortos documentales rodados en Brasil, la Unión Soviética, Praga; un apasionado homenaje a Kurosawa, y otro a los films sobre la memoria y el inconsciente de Resnais. Y siempre continuó extendiendo los límites del documental, de Le Fond de l’air est rouge, sobre la nueva izquierda, a Sans soleil, meditación sobre la memoria humana. Pero su obra más famosa sigue siendo una ficción, La jetée, que todavía es considerado uno de los mejores films sobre viajes en el tiempo, y todo porque que Terry Gilliam la tomó como punto de partida para Doce monos (1995). Vale saber que no fue el único que encontró su inspiración en las invenciones de Marker.
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