Cineastas que buscan inspiración en París
Paris, je t aime (Francia/2006, color; hablada en francés e inglés). Film en episodios: "Montmartre", con Bruno Podalydès, escrito y dirigido por Podalydès; "Quais de Seine", escrito y dirigido por Gurinder Chadha; "Le Marais", con Marianne Faithfull, escrito y dirigido por Gus van Sant; "Tuileries", con Steve Buscemi, escrito y dirigido por Joel y Ethan Coen; "Loin du 16e", con Catalina Sandino Moreno, escrito y dirigido por Walter Salles y Daniela Thomas; "Porte de Choisy", con Barbet Schroeder, escrito y dirigido por Christopher Doyle; "Bastille", con Sergio Castellito, escrito y dirigido por Isabel Coixet; "Place des Victoires", con Juliette Binoche, escrito y dirigido por Nobuhiro Suwa; "Tour Eiffel", escrito y dirigido por Sylvain Chomet; "Parc Monceau", con Nick Nolte, escrito y dirigido por Alfonso Cuarón; "Pigalle", con Fanny Ardant y Bob Hoskins, escrito y dirigido por Richard LaGravenese; "Quartier des Enfants Rouges", con Maggie Gyllenhaal, escrito y dirigido por Olivier Assayas; "Place des Fêtes", escrito y dirigido por Olivier Schmitz; "Quartier de la Madeleine", con Elijah Wood, escrito y dirigido por Vincenzo Natali; "Faubourg Saint-Denis", con Natalie Portman, escrito y dirigido por Tom Tykwer; "Père-Lachaise", con Emily Mortimer, escrito y dirigido por Wes Craven; "Quartier Latin", con Gena Rowlands y Ben Gazzara, escrito por Rowlands y dirigido por Gérard Depardieu y Frederic Auburtin; "14e arrondissement", con Margo Martindale, escrito y dirigido por Alexander Payne. Fotografía: Christopher Doyle, Denis Lenoir, Pierre Aim, Tetsuo Nagata y otros. Música: Pierre Adenot. Presentada por Impacto. 120 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena
Todos, incluidos los que residen en la ciudad, tienen su propia idea de París. Una idea que a veces puede parecerse a la real y a veces sólo toma de París algunos de sus rasgos. Los visibles -lugares vividos, recorridos o vistos en cuadros, postales y películas- y los más indefinibles, múltiples y cambiantes con los que la historia, el arte y el tiempo han ido definiendo su espíritu. Los productores Claudie Ossard y Emmanuel Benbihy tomaron los primeros al ofrecer esa incomparable escenografía para que veinte directores partieran de sus respectivas visiones y desarrollaran breves historias. Quizá buscando atrapar en esa conjunción de miradas ajenas el verdadero rostro de París; quizá sólo para componer la más completa y entrañable declaración de amor por la ciudad.
Si no alcanzaron ninguno de los dos propósitos, ambos ambiciosos, lograron en cambio un film atractivo y placentero, de rara fluidez a pesar de tratarse de una obra colectiva y con el suficiente encanto como para que aquellos episodios anodinos o disonantes -que los hay- incidieran poco en el balance final.
Variedad
Un barrio de París para cada uno y cinco minutos tuvieron los cineastas para contar sus historias. De los veinte distritos, dos -el 11º y el 15º- quedaron sin representación cuando los episodios de Raphaël Nadjari y Cristoffer Boe no pasaron de la sala de montaje. Pero los restantes tienen variedad suficiente. Hay altibajos, pero nunca tedio. Hay una edición hábil que da a la sucesión de cortos una ilusión de continuidad. Y hay un comienzo prometedor gracias al humor agridulce de Bruno Podalydès.
Los despistes más notorios vienen de Christopher Doyle y su ñoña aventura entre una modista y un vendedor; de Sylvain Chomet, que cambió sin suerte la animación por la mímica; de Wes Craven, que visitó Père Lachaise con poca imaginación, y de Nobuhiro Suwa, cuyo dramático esbozo sobre la pérdida de un hijo parece sólo la excusa para ver cabalgar a un cowboy por las calles de París.
Algunos cineastas pensaron más en sí mismos que en la ciudad, como Gus van Sant y su anodina pincelada sobre un flechazo gay; Adolfo Cuarón, con su largo plano secuencia en Parc Monceau, o Vincenzo Natali, cuya fantasía vampírica tiene, al menos, final cómico. Entre quienes apuntaron a un París multicultural, el melodrama de Oliver Schmitz contrasta con la sutileza de Walter Salles y Daniela Thomas y con la tierna sensibilidad de Gurinder Chadha. También con Olivier Assayas, que observa diferencias y recelos en la relación entre una actriz y su dealer. Y con el romance literario entre un ciego y una norteamericana contado por Tom Twyker. Isabel Coixet pulsa el drama amoroso con ayuda de grandes actores y hay algún eco de Truffaut en la relación teatral de la pareja madura que pinta Richard LaGravenese.
Lo que justifica de veras la visión del film está en los restantes tres cortos. El muy divertido de los hermanos Coen, que hace realidad la paranoia de un turista (Steve Buscemi); el de Depardieu y Frederic Auburtin, que trae ecos de John Cassavetes y cuenta con el talento de Gena Rowlands y Ben Gazzara, y, sobre todo, el de Alexander Payne, que concreta la declaración de amor a París con la letra graciosamente escolar de una turista madura, transparente y encantadora. Es la admirable Margo Martindale: la única que parece captar la inasible magia de París en la escena de más intensa emoción.
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