Comedia sobre un amor más allá del tiempo y las fronteras
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"Kate & Leopold" (Idem, EE.UU./2001). Dirección: James Mangold. Con Meg Ryan, Hugh Jackman, Liev Schreiber, Breckin Meyer y otros. Guión: James Mangold y Steven Rogers. Fotografía: Stuart Dryburgh. Música: Rolfe Kent. Presentada por Buena Vista International. Duración: 116 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: bueno.
Kate es una moderna ejecutiva, una mujer del siglo XXI destinada al éxito en el mundo de los negocios. Leopold es un encantador caballero de fines del 1800, admirado por las damas y algo cansado de su vida palaciega. El amor, claro, no tiene fronteras, y el destino de ambos estará signado por un romántico encuentro que irá más allá del tiempo y de las convenciones sociales.
"Kate & Leopold" es uno de esos relatos que el cine norteamericano concibe para encandilar al público femenino y para entretener a los hombres que, muchas veces, no pueden esquivar la invitación al cine de su compañera. Pero el público, tanto femenino como masculino, no saldrá defraudado frente a este producto visualmente atractivo y dulzón.
A partir de un guión con cierto ingenio -una máquina del tiempo arroja a Leopold al Nueva York actual, y en esa ciudad conoce a Kate-, la aventura de la pareja debe pasar por muchos problemas hasta desembocar en un final que conviene no revelar.
El sorprendido Leopold, proveniente de la era victoriana en que tanto las damas como los caballeros debían comportarse de acuerdo con precisas convenciones de cortejo y modales, cree vivir una fantasía cuando, con su traje de época, llega a la convulsionada Nueva York.
Apostar a la simpatía
El joven no tarda en comprobar que en esta era digital las relaciones entre los hombres y las mujeres se han transformado en rápidas, competitivas y volátiles. Cuando él conoce a Kate, el dios Cupido lanza su dardo pasional. Pero, ¿cómo conjugar los tiempos para que la pareja cumpla su sueño de amor?
La trama, a veces muy poblada de convencionalismo, se luce sin embargo por su simpatía y por su entretenimiento. Y para que la fábula no pierda interés ni caiga en situaciones ridículas, el realizador James Mangold supo narrar con espíritu alegre este idilio que se disfruta al son de una cálida banda musical, de personajes graciosos y de un final algo forzado, pero necesario para que el público no salga defraudado de la sala.
Meg Ryan apuesta otra vez a sus naturales dotes de comediante, y dibuja a su Kate con indudable calidez.
Hugh Jackman, como el caballero atosigado por la modernidad, sale airoso de su personaje a través de una seductora sonrisa y de la necesaria gallardía. El resto del elenco no presenta fisuras demasiado llamativas, en tanto que el vestuario, la fotografía y el montaje se pusieron a disposición de esta historia de amor que, si bien no aporta nada nuevo a la comedia norteamericana, por lo menos permitirá soñar en tiempos de crisis. Lo que no es mucho, pero tampoco es despreciable.
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