Cómo perder amigos y alienar a la gente

Fascinante retrato generacional, Red social también tiene mucho que decir sobre la naturaleza del alma humana
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21 de octubre de 2010  

Red social (The Social Network, Estados Unidos/2010). Dirección: David Fincher. Con Jesse Eisenberg, Rooney Mara, Bryan Barter, Dustin Fitzsimons, Armie Hammer, Joseph Mazzello, Patrick Mapel, Max Minghella y Andrew Garfield. Guión: Aaron Sorkin, basado en la novela The Accidental Billionaires, de Ben Mezrich. Fotografía: Jeff Cronenweth. Música: Trent Reznor y Atticus Ross. Edición: Kirk Baxter y Angus Wall. Diseño de producción: Donald Graham Burt. Presentada por Sony Pictures. Duración: 121 minutos. Apta para mayores de 13 años.

Nuestra opinión: excelente

A esta altura, ya prácticamente todos saben que Red social es la película que reconstruye los orígenes de Facebook a partir de la biografía (no autorizada, claro) de su creador, el jovencísimo Mark Zuckerberg.

Parece historia antigua para una red que ya superó los 500 millones de usuarios, pero Facebook tiene menos de ocho años y Zuckerberg es uno de los principales multimillonarios del mundo cuando aún no cumplió los 26.

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Pero quien crea que Red social es "apenas" un film sobre cómo convertirse en rico y famoso a partir de una buena idea (encarnación del espíritu del sueño americano) estará apuntando sólo a una pequeña parte del vasto alcance de esta historia escrita por Aaron Sorkin (el elogiado autor de la serie The West Wing ) y dirigida con gran timing, sofisticación y energía por David Fincher ( El club de la pelea, La habitación del pánico, Zodíaco ).

Red Social es una película de amor, un thriller judicial, un relato épico y, sobre todo, un retrato generacional sobre los jóvenes nacidos y criados en la era digital. Zuckerberg, el (anti)héroe interpretado con múltiples matices por Jesse Eisenberg ( Adventureland: Un verano memorable, Tierra de zombies ) es el paradigma del nerd y del geek , términos en inglés que definen a aquellos que tienen dificultades para conectarse emocionalmente en el mundo real, pero poseen una gran capacidad para lidiar con las nuevas tecnologías de la web 2.0.

Según Red Social , basada en la novela The Accidental Billionaires , de Ben Mezrich, Facebook surge como consecuencia de un desengaño amoroso: en la primera escena, Mark es abandonado por su novia Erica (Rooney Mara) y éste, despechado, decide escribir mal sobre ella en un blog y robarse las fotos de sus compañeras de Harvard para crear un juego cruel.

Traiciones y sorpresas

Pero no sólo de crueldad habla este film del talentoso Fincher. Antes de alcanzar el éxito y la fortuna, Zuckerberg traicionó a tres compañeros de la universidad (que tenían una idea similar que luego él mejoró) y hasta a su mejor (único) amigo y principal socio, Eduardo Saverin (gran trabajo de Andrew Garfield), para luego vincularse con poderosos fondos de inversiones y hasta con Sean Parker (sorprendente Justin Timberlake), un ser arrogante y afecto a los excesos que ya había puesto en jaque a la industria discográfica desde Napster.

Narrada con constantes (pero nunca pretenciosos ni complicados) saltos temporales (la película va y viene en el tiempo y tiene como eje los diversos casos judiciales que enfrentó Zuckerberg), y a partir de unos punzantes, despiadados diálogos a-lo-Sorkin que son como dagas clavadas en los más profundo del alma humana, Red s ocial resulta una película fascinante, un thriller atrapante (con un gran manejo de la tensión y el suspenso) incluso cuando se hable de algoritmos.

Fábula moral sobre el deseo y la ambición a cualquier precio, sobre los celos y la envidia, sobre la hipocresía, el cinismo y la falta de escrúpulos, sobre la incomunicación íntima en tiempos de hiperestimulación e hiperconexión, Red s ocial tiene el doble mérito de lograr que nos identifiquemos y nos compadezcamos de su protagonista (víctima y victimario a la vez), un joven que hizo historia, que logró "unir" a 500 millones de personas, pero que sufre las carencias emocionales y expone las miserias humanas del más patético de los seres humanos.

En ese sentido, la paradoja de la escena final -desoladora- es también toda una declaración de principios.

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