El dedo: Política y realismo mágico
El film de Sergio Teubal cuenta la historia de cómo un dedo puede aspirar a ser jefe comunal en un pueblo del interior
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Hay hombres honestos que por sus mejores cualidades, a veces producto de la ilusión que se deposita en ellos, se convierten en paradigmas. La muerte imprevista los mitifica, es decir, los convierte en "personas rodeadas de extraordinaria estima". A Sergio Teubal (41 años, actor, director de cine publicitario y autor del corto ¿Quién es Echegoyen?) este tema le pareció perfecto para su debut en el largometraje. El dedo, que estrenará mañana, toma como punto de partida el relato del escritor, investigador y publicista cordobés Alberto Assadourian (1954-2010), que el director, confiesa, descubrió por casualidad. "Estaba con Carina [Castelli], mi esposa, y coguionista, viajando por Córdoba y un artesano nos contó parte de la historia de un libro que no había terminado de leer. Con el nombre del libro y el apellido del autor en la cabeza, esa misma noche fuimos a un restaurante y, por otra casualidad, descubrimos que el adicionista era el hermano del autor, aun así tuve que buscar el libro El dedo de Baldomero en Internet y, finalmente, conseguí un ejemplar de los publicados en 2002", relata.
Para muestra basta un botón. En un caserío perdido del Norte cordobés (la película fue rodada en Caminiaga, una zona muy querida por Atahualpa Yupanqui), el nacimiento de su habitante 501 coincide con el amanecer democrático de 1983. Este número de pobladores les permitirá votar sus propias autoridades por primera vez. Hidalgo (Gabriel Goity), juez de paz con facha de "patrón de estancia", anuncia la buena nueva con la esperanza de que por experiencia en manejar los hilos oficiales del lugar él sea elegido presidente comunal.
Con lo que no cuenta es con que en el almacén de ramos generales todos los días se lo ve sentado a Baldomero (Martín Seefeld), hermano de Florencio, el dueño de la despensa (Fabián Vena), serio, respetado por todos y codiciado por las mujeres, que casi sin mediar campaña alguna se convierte en el candidato perfecto. Hidalgo está en problemas y una noticia sacude a todos: Baldomero fue asesinado. Florencio promete justicia, corta el dedo índice de la mano de su hermano y lo guarda en formol. Los vecinos creen entonces que ese dedo es prodigioso y lo candidatean. Motivos no les faltan.
Otros personajes importantes son interpretados por Rolly Serrano, Mariana Briski y la (además cantante) cordobesa Mara Santucho, mientras que la música es de Superchango.
"Hace poco la dimos en Guadalajara, y yo, prejuicioso, suponía que allí nadie iba a entender nada", asegura Teubal, en diálogo con La Nacion, a propósito de este "absurdo latinoamericano". "Sin embargo, ocurrió todo lo contrario: un espectador me dijo que en un pueblo de por allí una vez candidatearon a un burro", recuerda, con una sonrisa, el director que en el festival mexicano y por este primer largometraje recibió el premio a la mejor ópera prima.
-¿Cómo es esa historia?
-Assadourian se inspiró en lo que hizo un comerciante de Cerros Colorados, que en un accidente sufrió la amputación de un dedo que guardó en un frasco con la esperanza de un reimplante. Y como cuando buscó ayuda médica ya no era posible reponerlo, decidió conservarlo en un frasco exhibiéndolo en su comercio. Después aprovechó esa anécdota para generar otra historia.
- Y una vez terminada, ¿a qué conclusión llegás?
-Es que entre 1983 y hoy no hay mucha diferencia. En Cerro Colorado, armé un pueblo con tres, que son de doscientos habitantes cada uno. Viven así hoy. No hay señal de celular, no tienen Internet. Es increíble para alguien que llega de la ciudad.
-¿Fue difícil encontrar un almacén como el de esos tiempos?
-Los hay, pero pequeños. Este es pura escenografía, armado especialmente en función de cómo la cámara se debía mover en ese lugar.
-Más difícil fue encontrarle el tono justo al relato...
-Fue el tema con el que más me puse las pilas. En el cine argentino es frecuente ver que una película comienza bien, pero después pierde el tono. Estaba decidido a tratar de que eso no me ocurra, es decir encontrar el tono y sostenerlo hasta el final. Creo que en eso me ayudaron mucho Vena y Goity, haciendo lecturas. Quiero decir que usábamos textos que no eran de la película, para que vayan encontrando el tono de sus personajes. Influyó mi experiencia teatral, me ayudó mucho en el trabajo con los actores.
-¿Cómo fue tu encuentro con el autor?
-Tuve la suerte de que él mismo me llevara al pueblo en el que se inspiró para escribir esta historia, y fue así que con Carina nos fuimos allí y escuchamos con atención los diálogos de todos los días y los tomamos tal cual, casi sin cambiar una sola palabra.
-¿Dos películas en una?
-Parecen dos películas, la de una venganza al principio, que se transforma en otra, en una observación de la sociedad. Pero es solo una y sobre un tema: la gente primero cree y después ve, no es al revés, depende para que lado crezca el mito, la gente misma le va dando magnitud, sea San Martín o Gilda, y de eso se trata.
