
De autos rápidos y guión lento
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"Rápido y furioso: reto Tokio" ("Fast and Furious: Tokyo Drift", EE.UU./2006). Dirección: Justin Lin. Con Lucas Black, Bow Wow, Sonny Chiba, Sung Kan, Nathalie Kelley y otros. Guión: Chris Morgan. Fotografía: Stephen F. Windon. Música: Brian Tyler. Presentada por United International Pictures. Hablada en inglés. Duración: 104 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: regular
Siguiendo el paso de sus dos antecesoras, esta producción vuelve a repetir la fórmula de aquéllas: automóviles veloces, carreras repetidas hasta el cansancio, chicas muy sexys, un romance accidentado y un grupo de malvivientes que tratan de destruir al héroe de la historia. Con estos elementos el entramado se centra en Sean, un joven apasionado por intervenir en competencias de vehículos y en demostrar que, frente al volante, puede vencer a los competidores más audaces. Pero su pasión por la adrenalina en las pistas prohibidas le causa bastantes problemas con las autoridades de su pueblo natal, y su madre decide enviarlo a Tokio, donde vive su padre, un severo militar que lo obliga a estudiar en una importante escuela con la suposición de que su hijo cambie su pasión por los automóviles y dé un giro a su alocada existencia.
Sin embargo, Sean no es fácil de dominar, y menos en Tokio, donde existen los mejores y más rápidos vehículos del mundo. Atraído al mismo tiempo por una compañera de estudios, joven carilindo de turno se enfrentará con el jefe de una pandilla de malvivientes, también fascinado por acelerar a fondo su nunca derrotado coche, y a la par que ambos pelean por conquistar a la bella chica, compiten en veloces carreras por caminos escarpados y una ciudad atestada de tránsito y de peatones.
Sean, que en tierra japonesa se siente un forastero cuyo cable a tierra es conducir coches en la mayor parte del metraje de este relato, ingresa así al mundo clandestino de las carreras a lo largo de peligrosas pistas y curvas zigzagueantes y demuestra que es invencible tanto en resultar ganador de cada competencia como en conquistar definitivamente a la chica de sus sueños.
Con rápidas cámaras, un montaje muy cercano al videoclip, una impecable fotografía, una música de constante ruido y poco ritmo y un relato demasiado pueril, el director Justin Lin elaboró este film alargado innecesariamente por la cantidad de carreras que se deben soportar entre el rugir de los motores, el rostro siniestro del pandillero y la poca expresividad de Lucas Black, su principal protagonista.
Aquellos espectadores apasionados por el automovilismo posiblemente se sientan cómodos entre tanta velocidad. El resto apenas gozará de algunos exóticos exteriores de Tokio y sabrán, sin demasiada perspicacia, que el héroe de la trama ganará tanto en las pistas como en el romance que, forzadamente, integra el alicaído guión.





