
De desocupado a asesino serial
Costa-Gavras vuelve a la carga con un polémico thriller social: la historia de un ingeniero desocupado para quien el fin justifica los medios
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Bruno Davert tenía 40 años cuando fue despedido de la papelera en la que trabajó por una década y media. Es un respetado ingeniero industrial, especialista en pasta de papel. Ama a su esposa tan devotamente como a sus dos hijos adolescentes. Pero el tiempo pasa -tres años- y ninguno de los cientos de currículum que envió, incluso a la distancia, con la esperanza de recibir una llamada o un e-mail con una feliz invitación laboral, sirvió de nada. Las empresas buscan otro tipo de candidatos, más jóvenes y sonrientes, menos cínicos y, seguramente, más actualizados y dispuestos a todo con tal de llegar a la soñada "relación de dependencia".
Un plan radical
Bruno urde un plan: armar una prolija lista con los nombres de sus más firmes competidores en la materia para buscarlos, encontrarlos y eliminarlos uno por uno. ¿Acaso no le habían dicho que el fin justifica los medios? ¿O era todo lo contrario? A Bruno lo empujaron fuera del sistema. Lo mutilaron, le arrebataron sus sueños tan rápido como puede caer una afilada cuchilla. Sin embargo, todavía le queda un as en la manga. El irresistible ascenso de un "asesino serial social" está por comenzar.
El griego Costa-Gavras llevó ahora al cine esta historia basada en el libro "The Ax" (literalmente "La cuchilla") escrito por el norteamericano Donald E. Westlake, el mismo que en la década del 60 firmó los originales de "Made in USA" que Jean-Luc Godard convirtió en un clásico y de "A quemarropa", que dirigió John Boorman y, ya en los años 80, adaptó a Jim Thompson como "Ambiciones prohibidas", de Stephen Frears.
"Le couperet", que aquí Alfa Films estrenará el próximo jueves como "La corporación", es un "thriller social", al mejor estilo Claude Chabrol, que tiene como
figuras principales a José García, Karin Viard, Geordy Monfils y Christa Theret. La producción estuvo a cargo de Michèle Ray, en sociedad con los talentosos y premiados hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne (directores de "Rosetta", "El hijo" y "El niño").
El director que en la década del 60 sorprendió con testimonios valientes como "Z", "La confesión" y "Estado de sitio", acerca de momentos claves en las historias de Grecia, la Unión Soviética y Uruguay; que volvió a la carga con "Desaparecido", sobre la represión durante la última dictadura chilena y que recientemente en "Amén" tocó el tema del compromiso de la Iglesia Católica durante el nazismo, se interesó en esta cuestión tan actual como es la desocupación y la difícil reinserción laboral de los profesionales calificados, a partir de la lectura de la novela de Westlake.
Un cuento amoral
"Leí la novela apenas se publicó -dice el director-. Estaba en los Estados Unidos, y los derechos ya habían sido adquiridos por la Paramount, como ellos dicen, con el productor y director incluidos en el proyecto. Por suerte, finalmente pudimos quedarnos con ellos, y sentí que la adaptación de la historia a algún lugar de Francia era, de alguna manera, una premonición."
Para el coguionista Jean-Claude Grumberg (que ya había colaborado con Costa-Gavras en "Amen", su película anterior), así como existe la ciencia ficción o la política ficción, la idea de ambos era experimentar en la ficción social. "Es en ese sentido que la novela deviene universal: por cómo revela y denuncia adónde nos lleva el individualismo extremo en el que estamos inmersos. Sabemos que se trata de una visión extrema, pero también se trata de un cuento moral contemporáneo. Moral, como lo entendían Voltaire y Diderot: es decir, amoral. Ellos desarrollaban una situación amoral para despertar nuestro sentido de la moral. La película intenta ser un llamado de atención sobre un nuevo salvajismo, una nueva barbarie. Podría ser incluso un correlato de «Amen»: ¿adónde estamos llegando después del nazismo?", dijo Grumberg.
Costa-Gavras coincide con Grumberg: "El personaje que sobrevive al final de «Amen», el doctor del campo nazi que escapa a la Argentina, carga en él las semillas del personaje de «La corporación»: el individualismo llevado al límite".
"Es un cuento amoral -insiste el director-, y lo más amoral está en que al final no rechazamos la amoralidad del personaje. Espero que la gente se conecte con él al principio, y más tarde se pregunte a sí misma por qué diablos lo hizo. Sólo si eso ocurre mi película habrá cumplido su misión: ser un show en el cual un personaje fuera de lo común nos lleva al fondo de nuestras almas y nos da una imagen fresca de una sociedad en la cual somos actores, espectadores, víctimas y beneficiarios. Bruno está hecho a imagen y semejanza de la sociedad en que vivimos, y nadie parece detenerse a reflexionar acerca de las profundas implicancias morales que tiene quedarse sin empleo."
Para Costa-Gavras "Monsieur Verdoux" -el personaje creado por Charles Chaplin en la película del mismo nombre- mataba mujeres para mantener a su esposa, no con lujos, sino para mantener a flote su pequeña forma de vida. "No tenía ningún dilema moral: le habían dicho que millones de personas murieron en la Primera Guerra Mundial porque era necesario. Y él no podía entender por qué para él las reglas acerca de lo que era vital y necesario debían ser diferentes", asegura.
"Bruno es como la sociedad en la que vivimos hoy, donde nadie se cuestiona acerca de las consecuencias del desempleo en el corto o mediano plazo. Bruno es un asesino serial que no está enfermo, que no mata adolescentes o mujeres. Es un alto ejecutivo que se convierte en asesino serial por razones que no tienen nada que ver con los sentimientos o con impulso sexual alguno. Mata por lógicas y pragmáticas razones. Se metió en este asunto por su propia voluntad: está luchando en su propia guerra económica", declaró el director.
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