Desvaída fantasía romántica
"Antes que termine el día" ("If Only", EE.UU./2004, color; hablada en inglés). Dirección: Gil Junger. Con Jennifer Love Hewitt, Paul Nicholls, Tom Wilkinson, Diana Hardcastle, Lucy Davenport. Guión: Christina Welsh. Fotografía: Giles Nuttgens. Música: Adrian Johnstone. Edición: William M. Anderson y Padraic McKinley. Presentada por Quasar Films. Duración: 93 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
"Antes que termine el día" juega con una fantasía que todos hemos tenido alguna vez, sobre todo después de una pérdida o un fracaso: la posibilidad de volver el tiempo atrás, pasar otra vez por el momento que juzgamos crucial y (a sabiendas de lo que puede suceder) estar prevenidos para modificar nuestra conducta, evitar lo que debe evitarse y, como consecuencia, alterar el desenlace. Es decir: conjurar la pérdida o el fracaso.
La vida no suele ofrecer este tipo de segundas oportunidades, sobre todo si lo que se experimentó es la muerte de un ser querido, pero lo que para la realidad es inalcanzable no lo es para el cine, que es capaz de remediar esa carencia y hacernos soñar con este milagro que evitará penas y culpas.
Eso es lo que viven los protagonistas de esta desvaída fantasía romántica escrita por Christina Welsh y dirigida por Gil Junger. Ella es una norteamericana que está a punto de regresar a su país después de una larga estada en Londres, donde perfeccionó sus estudios de violín y conoció al muchacho del que está perdidamente enamorada. El también lo está -por lo menos, eso dice-, pero no dispone de tiempo ni de energías suficientes para corresponderle, porque pone sus compromisos profesionales por encima de todo y siempre parece estar un poco ausente. El callado conflicto empieza a manifestarse ahora, cuando llega el momento de las decisiones, porque ella está a punto de egresar de la academia y viajar a su país. Habrá discusión.
Jennifer, cantante
Entonces suceden lo inesperado -la tragedia, el dolor, la desolación, el remordimiento- y también el milagro -la mentada segunda oportunidad-, en el que seguramente tiene alguna intervención un ubicuo taxista que habla como un gurú y aconseja como un consultor sentimental. La dosis de azúcar va en aumento, las escenas idílicas empiezan a parecerse cada vez más a publicidades de TV y el pasteurizado romanticismo del director nunca alcanza para darle alguna emoción a este relato en el que todo -personajes e historia- es tan insustancial como poco verosímil.
Sólo los más empedernidos aficionados a las novelitas románticas encontrarán en el film algún elemento de interés. Salvo que se trate de admiradores de Jennifer Love Hewitt, que también es productora y por eso se da el gusto de cantar un par de baladas propias y de contribuir a su promoción como cantante. Paul Nicholls, el galán, está más atento a su fotogenia que a su labor actoral y Tom Wilkinson parece un lujo innecesario para el papel del providencial taxista.
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