Dilemas morales sobre las cuatro ruedas de un taxi
"Taxi, un encuentro", desde el jueves
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"Taxi, un encuentro" implica un debut doble: el de la directora Gabriela David en el largometraje y el de Diego Peretti como protagonista en cine. Antes de esta producción independiente, realizadora y actor no se conocían. Hoy parecen amigos de toda la vida. Reviven anécdotas e intercambian opiniones sobre la experiencia en común: llevar adelante un proyecto que tuvo sus idas y venidas, pero que llegó a buen puerto.
La historia, escrita por ella, sucede en Buenos Aires en poco más de una noche. El personaje interpretado por él es un ladrón que finge ser taxista y conduce un auto robado. El cruce con una adolescente herida durante un episodio violento desencadena el contrapunto entre la supervivencia individual y la solidaridad hacia los demás, tema que domina el film.
La película, que se estrenará el jueves, viene de participar en el Festival de Montreal y la semana próxima estará en el de San Sebastián. Fue realizada con un crédito del Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales y el aporte del Centro Protestante de Medios Audiovisuales de Alemania, al que se sumó -para financiar la posproducción- la Hubert Bals Fund del Festival Internacional de Rotterdam.
Diego Peretti (que actualmente integra el elenco protagónico de "Culpables" y participó en los largometrajes "El sueño de los héroes", "Mala época", "Cohen vs. Rosi" y "Alma mía") y Gabriela David, que trabaja en cine desde hace tiempo y es hija de un cineasta (ver recuadro), cuentan que "Taxi, un encuentro" tuvo una "acogida muy cálida" en Montreal. Y que lo mismo sucedió cuando la película se exhibió, un par de meses atrás, en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires y en el de Rotterdam. Cualquiera pensaría que esa recorrida por certámenes internacionales ya fogueó a ambos en materia de estrenos. "¡Para nada!", dicen casi a coro, con las expectativas a flor de piel frente al lanzamiento del film en nuestro país.
-¿Cuánto tiempo te llevó concretar la película?
-Escribí la historia en octubre del 96 y la presenté en un concurso de operas primas del Instituto de Cine. Fue un periplo largo: en el 98 me otorgaron el crédito y en el 99 firmé el acuerdo, pero ya no había fondos para el cine y la película se concretó gracias a la actual conducción del Incaa, que puso todo en orden. Fue un guión que me salió del alma. Lo escribí buscando salir de otro proyecto que me había llevado mucho tiempo y no se pudo concretar. Entonces me planteé esta historia pensando en términos de producción, en que tuviera pocos personajes y la calle como escenario, un decorado que, si bien tiene sus complicaciones, a la hora de filmar resulta menos costoso.
-¿Cuál fue el disparador de la historia?
-En ese momento empezaban a producirse muchos casos de robos a taxistas, y los problemas sociales y económicos del país comenzaban a agudizarse. Por otro lado, había leído una nota sobre un hecho que tiene bastante relación con lo que le ocurre al personaje de la chica en mi película -sólo que en la historia real, esa joven tuvo un final terrible-. Todo se fue asociando y alimentando esta ficción. Quería hablar de dos personas que están solas, desamparadas por diferentes circunstancias, que pertenecen a mundos, quizá, distintos y son arrastradas hacia los márgenes de la sociedad. Y del encuentro de ambos, que despierta en uno de ellos ciertos deseos básicos que todos tenemos, como la ayuda al prójimo y la solidaridad.
-Gato, el supuesto taxista, es el personaje que introduce al espectador en los pormenores de la trama.
Diego Peretti: -Sí. Es un delincuente común, que conserva valores que lo ayudan a pensar en la posibilidad de tener una ventana hacia una vida más legal. En realidad, se trata de gente que tiene valores que una sociedad civilizada utilizaría para redimirlos. Pero nuestra sociedad no hace precisamente eso, directamente los margina. Y las consecuencias son personajes como los que escribió Gabriela David.
Gabriela David: -Los deseos que tienen estos personajes son más o menos parecidos a los que tenemos todos: como el de pertenencia, o de tener una familia. Este tipo, antes del encuentro con la chica, de alguna manera ya está buscando todo eso, porque de pronto lo vemos trabajando el taxi como si realmente fuera un tachero.
D.P.: -En la mentira y en la fantasía de no estar marginado y estar trabajando en un taxi, el tipo habla de una familia con el pasajero, como si estuviera haciendo realidad un sueño. Tiene necesidad de comunicarse. En esa instancia lo que siente es que por un momento pertenece a algo, es aceptado.
-Filmar en la calle y durante la noche, ¿resultó sencillo?
G.D.: -En términos de producción, filmar en la calle es menos costoso, pero es algo tramposo. Surgen ciertos imprevistos que obligan a modificar los planes, a cambiar de lugar de rodaje y, a veces, hasta a parar tomas.
D.P.: -Una noche, por ejemplo, apareció un camión recolector de basura que nos impedía circular por la calle donde estábamos filmando. De pronto, lo tuvimos en medio de la toma.
G.D.: -Y en el microcentro era impresionante la cantidad de gente que empezaba a salir a la calle a las cinco de la mañana. Tal vez teníamos previsto seguir filmando, pero como aparecían tantas personas en la calle, nos veíamos obligados a parar, porque las escenas no requerían esa circulación de gente. Por lo general, rodábamos desde las 19 hasta las seis de la mañana del día siguiente. Así que era un ritmo de trabajo complicado para todo el equipo. Diego en ese momento tenía grabaciones en televisión, había días que prácticamente estaba sin dormir.
D.P.: -Pero estaba tan metido en el laburo que no lo vivía mal. Además la filmación transcurría de un modo tan amable, y lo que hacía me gustaba tanto que el cruce de horarios era lo de menos. Incluso, me casé por civil y esa noche fui a filmar (ríe). El proyecto me atrapó desde que leí el guión.
-¿Puede resultar un peso el primer protagónico en cine?
D.P.: -En el momento de rodar, lo sentí en el hecho de que en vez de filmar un par de días, tenía que hacerlo durante un mes y medio. Para mi carrera, no sé en qué puede derivar lo del protagónico, espero que después me salga más trabajo como éste, que me gusta hacer. Pero nada más. Espero que la película funcione a full dentro de las posibilidades y del circuito en que vamos a lanzarla, porque se lo merece.
G.D.: -Durante los primeros sesenta minutos (el film dura noventa y tres) el personaje de Diego va llevando el relato. Yo tenía en claro que si me equivocaba en la elección del actor la película se iba al cuerno. Afortunadamente, eso no sucedió y, encima, Diego enriqueció ese rol. Fue muy bueno el trabajo y la entrega de todos los actores (N. de R: El reparto se completa con Josefina Viton, Miguel Guerberof, Pochi Ducasse, Pablo Brichta, Daniel Moreno, Ricardo Díaz Mourelle, Ernesto Torchia y Germán De Silva).
D.P.: -Conversamos y ensayamos mucho sobre el personaje. Tuvimos un buen entendimiento en la búsqueda del tono que Gabriela quería darle a Gato. Ese trabajo me ayudó para aprender más sobre la tarea de la actuación en cine.
-¿Qué pasó cuando viste la película por primera vez?
D.P.: -Me encantó. Además fue en Rotterdam, durante el festival de cine. La sala era enorme, estaba llena de gente y salían de la exhibición encantados. Es muy difícil de explicar la sensación que vivimos después de las proyecciones en Holanda, con un público que a priori, uno imagina tan lejano y distinto de nosotros. Fue una experiencia increíble.
