Disfrutable revival de Maxwell Smart
Steve Carell despliega su talento, construyendo un personaje reconocible y, al mismo tiempo, original
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Súper Agente 86 (Get Smart, Estados Unidos/2008). Dirección: Peter Segal. Con Steve Carell, Anne Hathaway, Dwayne Johnson, Alan Arkin, James Caan y Terence Stamp. Guión: Tom J. Astle y Matt Ember, basado en los personajes de Mel Brooks y Buck Henry. Fotografía: Dean Semler. Música: Trevor Rabin. Edición: Richard Pearson. Diseño de producción: Wynn Thomas. Presentada por Warner Bros. en versión doblada o subtitulada. Duración: 110 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: buena
En 1965, Mel Brooks y Buck Henry concibieron una serie que se mantendría en el aire durante más de un lustro y que luego pasaría a formar parte de la historia grande de la pantalla chica. Las absurdas desventuras de Maxwell Smart, un agente secreto tan inepto como querible, se convirtieron en un clásico para varias generaciones y la pareja conformada por el 86 (Don Adams) y la 99 (Barbara Feldon), en un ejemplo casi insuperable de química humorística.
Nadie (ni siquiera el propio Don Adams) fue capaz de recuperar aquel nivel en los múltiples intentos (un telefilm, una fallida y corta segunda etapa de la tira y hasta un penoso largometraje titulado La bomba que desnuda ) por reciclar aquella sátira sobre la Guerra Fría. Hasta que llegamos a este Súper Agente 86, que, si bien tiene algunos defectos y excesos, constituye no sólo una grata sorpresa (nadie daba demasiado por él), sino también el mejor sucedáneo de la serie original.
Los méritos de esta producción hollywoodense a gran escala son varios, pero el principal es, sin duda, la elección de Steve Carell, un actor reverenciado por su protagónico en la versión norteamericana de la serie The Office o en el film Virgen a los 40 años , como el nuevo Smart. Por suerte, el eficaz realizador Peter Segal -que ya había dirigido a otros cómicos muy populares, como Adam Sandler, Chris Rock o Eddie Murphy- no apuesta a la remake obvia y permite, además, que tanto él como Anne Hathaway (la aquí muy sugerente agente 99) trasciendan la mera imitación para reinventar (antes que recrear) a esos dos míticos personajes. Así, ambas actuaciones alcanzan vuelo propio, tienen esos sellos personales que las hacen destacadas, valiosas y, al mismo, funcionales al relato.
El guión de Tom J. Astle y Matt Ember es bastante elemental (retoma el viejo enfrentamiento entre Control y Kaos), hace inevitables referencias al universo de James Bond y se pierde un poco -especialmente sobre el final- en largas y desmesuradas (para el tono general de la narración) escenas de acción con persecuciones automovilísticas, choques ferroviarios y explosiones varias. Así, la duración final de 110 minutos resulta un poco excesiva, aunque en ese trayecto (con un promedio de un chiste cada 30 segundos) hay bastantes más hallazgos que deslices.
Los inolvidables secundarios de la serie televisiva no tienen ahora el mismo brillo: dos inmensos actores como Alan Arkin y Terence Stamp sólo pueden aportar su presencia y su oficio para sobrellevar los personajes de El Jefe y del malvado Sigfrido, respectivamente, que no tienen aquí ni el desarrollo ni el desparpajo de aquel entonces. Por su parte, Dwayne "The Rock" Johnson no excede el marco de la previsible autoparodia como el fornido agente 23. James Caan encarna a un patético presidente de los Estados Unidos, mientras que el gran Bill Murray le saca todo el jugo a un simpático cameo de unos pocos segundos como el agente 13, que se reporta desde el interior de un árbol.
Así planteadas las cosas, todo queda servido en bandeja para el despliegue histriónico, para el slapstick (humor físico), para el gesto justo y la sonrisa pícara de un Steve Carell al que se puede disfrutar en algunas pocas salas con su voz original subtitulada y, en la gran mayoría, doblado al castellano por Jorge Arvizu, el mismo que hizo célebres los latiguillos de Maxwell Smart en la serie sesentista. Más allá de la alternativa que cada uno elija, estamos ante (casi) un unipersonal de un actor que construye un personaje noble, reconocible y al mismo tiempo original. Una verdadera clase de expresividad y timing cómico que hacen de este Súper Agente 86 una experiencia que termina siendo disfrutable.
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