
“Mi novia, el travesti” no perdió un fotograma a su estreno en 1975, pero sí parte de su título, a raíz de la censura; un gran Alberto Olmedo y Susana Giménez, en uno de los papeles de su vida
Los años 70 en la Argentina fueron, no es necesario subrayarlo, convulsivos. Política pero también culturalmente: los avances temáticos en las artes populares se encontraron con una especie de zig-zag. Cada adelanto implicaba un retroceso y los límites de lo que podía decirse o representarse estuvieron, por lo menos en la primera mitad de esa década, en constante tensión. Luego, se sabe, llegó el golpe de 1976 con su monstruoso aparato represivo y esos límites se estabilizaron en un momento anterior a las libertades que podían tomarse en 1974 o 1975, esos años en los que se acumularon en las pantallas cinematográficas títulos como La Patagonia rebelde, La tregua, La Mary, Nazareno Cruz y el lobo o Quebracho.

