
Durmiendo con el enemigo
Tener en casa una adolescente mal influida puede convertirse en una verdadera pesadilla. Ese es el dilema que se le plantea a una mamá moderna en cuanto su "nena" resuelve hacerse adulta por oscuros caminos
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LOS ANGELES.- Holly Hunter arranca con la serie de entrevistas de presentación de "A los trece", que se estrenará mañana en nuestro país, y en el momento en que entra en la habitación es fácil notar que, en su caso, el tamaño no es lo que cuenta. Hunter es capaz de acaparar toda la atención de un cuarto lleno de periodistas sin decir una palabra. Lograr que todo el mundo esté pendiente de sus reacciones -miles de ellas, y todas distintas- ante las palabras de su directora es poco menos que una hazaña y, en especial, si el público está compuesto enteramente por periodistas.
Hunter está en Los Angeles para hablar de "A los trece", el duro debut en la dirección de Catherine Hardwicke (ver recuadro), sobre Tracy (Evan Rachel Wood), una chica de -claro- trece años que recibe una especie de educación sentimental completa de parte de Evie (Nikki Reed, también coautora del guión), la chica popular del colegio, quien decidió que -cual Colette moderna- era hora de enseñar a su angelical amiga lo que realmente se necesita para salir adelante en la secundaria.
En esta producción independiente, Hunter interpreta a Melanie, madre de Tracy y espíritu juvenil, a la que todas las teorías progresistas le fallan cuando su hija comienza a quemar etapas cual transbordador espacial. Dice Hunter, a propósito de su personaje: "Melanie es una alcohólica en recuperación, tiene un novio que se droga en el baño y deja que su hija la domine. Quiere que sea feliz, pero un padre debe demostrar, en algún momento, que hay una autoridad. "No" es una palabra muy incómoda de usar con los hijos".
Melanie, con todas sus buenas intenciones y su inmensa capacidad para ponerse en el lugar de otro, tiene que observar cómo su hija comienza a escaparse -literal y metafóricamente- y empieza una odisea clásica en la que abundan las drogas, el sexo y, un poco menos, el rock and roll.
Hogar moderno
A Melanie, la madre liberada, no le avisaron que esto podría pasar en un hogar moderno. Y Hunter -hija de los años sesenta- está convencida de que el dilema de su personaje es compartido por toda una generación: "Ahora la gente es mucho más joven. Cuando mi madre tenía mi edad, era distinto: entre la madurez de mi madre y la mía pasaron los años 60. Eso cambió todo: ahora tenemos hijos más tarde y sabemos que nuestra vida no termina cuando ellos nacen. Melanie quiere ser comprensiva, pero termina dudando entre ser madre o amiga de su hija. "A los trece" trata de eso: de los límites que se borronean".
Hunter tiene varias teorías acerca de por qué "A los trece" es capaz de inquietar y de cómo la brecha generacional no ha dejado de existir desde la posguerra: "Lo que cuenta la película es un fenómeno nuevo: chicas de trece años con remeras que dicen "Estrella porno" y piercings en el ombligo. Pero, por otra parte, no me olvido de que cuando mi hermana era adolescente usaba vestidos con los que no podía sentarse. Sus amigas no podían subir y bajar las escaleras por lo minúsculas que eran las minifaldas. Así que no sé si lo que pasan estas dos chicas no es, en el fondo, lo mismo que pasé yo a los diecisiete años manifestado de forma distinta. Dudo en decir qué lo hace diferente: quizás Internet. La información es mucho más accesible, y eso parece cambiarlo todo. Pero, sin dudas, Britney Spears no es muy distinta de Twiggy sacando la cola fuera del vestido en el medio de la calle".
Siempre existe un gran riesgo, para un actor consagrado, de ponerse en manos de un director que comienza, como Catherine Hardwicke. Explica Hunter: "Trabajar con Catherine fue fantástico, porque tenía una idea muy precisa de lo que quería contar: ir más allá de la superficie, donde las cosas se ponen resbaladizas. Yo quería acompañarla. Trabajar con una directora es distinto, pero no mejor. No es cuestión de género. Es cuestión de química".
La actriz tiene mucha experiencia en primeras películas. Tanta, que ya ha desarrollado una suerte de manual: "En mi experiencia pueden pasar dos cosas. Una, que el primer día de rodaje sea la primera vez que pisan un set de filmación. Y un set es capaz de hacer entrar en pánico a cualquiera. La otra, que quieran hacer mi papel. Sobre todo, guionistas que dirigen por primera vez. Se ven a ellos mismos en el papel que escribieron y quieren que lo interpretes exactamente como ellos lo imaginan. Y es imposible. Catherine no hizo ninguna de las dos cosas. El ambiente de trabajo ideal aparece cuando el director cree que sus actores son lo más importante. No el director de fotografía, no el resto del equipo, no el presupuesto. Los actores. Cuando eso ocurre, nos da poder y con ese poder viene la libertad".
Los actores, se sabe, son notoriamente reacios a hablar de cómo preparan un papel y de cuándo se sienten seguros de haber encontrado qué es lo que los mueve del papel a la vida, quizá porque saben que, la mayoría de las veces, los procesos se resisten a ser contados en palabras. Sin embargo, Hunter tiene su método: "Sólo estoy tranquila cuando siento que me he preparado como loca para el papel, que he pensado mucho, tanto en cómo es ella como en cómo soy yo. Después llego al set y puedo olvidarme de todo lo que estudié. Trabajar con buenos actores ayuda: vuelven peligroso el trabajo. Es como tocar jazz: todo parece ocurrir por primera vez". A la hora de definir qué es lo que la impulsa a aceptar un papel, Hunter no duda: "Trabajo para provocarme sensaciones. A veces, sólo a veces, leés un libreto y te descubrís pensando: "Esta mujer es mía"".
Si hay algo que Holly Hunter no hace es el mismo papel dos veces. Tratar de descubrir qué tiene en común la obsesiva productora de "Detrás de las noticias" con Ed, la policía en "Educando a Arizona", o la secretaria-femme fatale de "Fachada" es descubrir que, en realidad, lo único que comparten es la forma de Holly Hunter. La actriz recibió su segunda nominación al Oscar como actriz de reparto por el thriller de Tom Cruise, que se llevó ese año, 1993, pero por su otra candidatura: mejor actriz por "La lección de piano", de Jane Campion. Hunter recuerda que gracias al Oscar se vio inundada de papeles similares. Sus siguientes películas no podían estar más alejadas de la inmigrante sordomuda, abandonada en la aún exótica Nueva Zelanda: el thriller "Copycat", con Sigourney Weaver, y el segundo film como directora de Jodie Foster, "Feriados en familia" (y esto, claro, sin mencionar "Crash", de David Cronenberg). Hunter arriesga razones por las cuales dedicarse a esto: "Me gusta la independencia. Si me atrae un proyecto, quiero hacerle justicia. La gente se detiene demasiado pensando en lo que pensarán los demás, si quedará bien. Si tuviera que definir mi carrera, si hay algo que une a todos mis personajes, diría la individualidad. Eso es lo que me gustaría que piensen: que soy una mujer individual, una persona a la que la guiaba la intuición".
El origen de la historia
Si bien Catherine Hardwicke debuta en la dirección con "A los trece" (film con el que ganó el premio a la mejor dirección en el Festival de Sundance), tiene una larga carrera en el diseño de producción y trabajó con los independientes David O. Russell, Lisa Cholodenko y Richard Linklater, y en "Vanilla sky", de Cameron Crowe. La directora se ríe: "Todos mis amigos directores son gente muy ocupada. No logré que leyeran el guión. Pero aprendí de ellos. Y estudié actuación, que fue lo que me permitió escribir esta película. Conozco a Nikki Reed desde que tenía cinco años, porque salía con su padre. Cuando nuestra relación terminó, seguimos en contacto. Cuando cumplió trece años, comencé a darme cuenta de que cambiaba. Pensé en qué podía hacer por ella y se me ocurrió que lo mejor podría ser hacer algo que le diera placer: escribir, aprender actuación y así hablar de lo que le estaba pasando. El resultado es este film".
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