El documentalista como otra estrella
"Cándido López, los campos de batalla" es el más reciente ejemplo fílmico de una tendencia en alza
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José Luis García sube a una extraña escalera portátil y toma fotografías de lugares que, entre 1865 y 1870, fueron escenarios de una guerra feroz. Al mismo tiempo, una cámara de video registra sus movimientos: él es uno de los protagonistas de "Cándido López, los campos de batalla", documental que se estrenará pasado mañana en el circuito comercial.
Pero José Luis no es sólo un personaje del film; también es su director, en un doble rol cada vez más común en este género que crece en diversidad y convocatoria. De Michael Moore a Albertina Carri, del israelí Avi Mograbi a Jorge Lanata y Pino Solanas, realizadores de documentales de todo el mundo eligen, cada uno a su manera, aparecer en pantalla para guiar el relato, manifestar sus verdades, interactuar con la historia o exponer incluso sus vidas privadas para mostrar una realidad que, de esta forma, deja de ser ajena.
Moore se convirtió con "Roger & Me" (1989) -una aventura personal en busca del presidente de General Motors, para pedirle explicaciones sobre una serie de reestructuraciones en la compañía- y "Bowling for Columbine" (2002) en el referente de un estilo de films políticos, entretenidos y provocadores. Luego llegó "Fahrenheit 9/11" (2004), donde el director subió la apuesta en materia de protagonismo: allí se peleó con George W. Bush en un enfrentamiento que, desde los afiches, se presentó como un duelo de titanes; un director de cine versus el presidente de los Estados Unidos, nada menos.
En esta misma línea, Morgan Spurlock se declaró en guerra contra McDonald´s en "Super Size Me" (2004) -filmó la transformación de su cuerpo mientras se alimentaba, durante un mes, sólo con comida de ese lugar- y Oliver Stone planteó un mano a mano frente a cámaras con Fidel Castro, primero en "Comandante" (2003) y luego en "Looking for Fidel" (2004), documentales por encargo para HBO.
"Todo director tiene una alta cuota de narcisismo -dice a LA NACION el director de «Cándido López»-. Es innegable. Pero yo sabía que debía estar lo menos posible en la pantalla, sólo lo necesario para conducir el relato, sin mostrarme implacable. Un documental tiene personajes, igual que una ficción, que operan dramáticamente unos contra otros. Entonces, no se trataba de hacer como Michael Moore, que aparece íntegro y sin ninguna crisis. Me interesaba ser un personaje más, con dudas, con miserias, con cosas negativas como cualquier personaje." La película muestra al director en un viaje, junto con un investigador paraguayo y su equipo de producción, por los lugares que aparecen en cuadros del artista argentino Cándido López, soldado y "cronista pictórico" de la guerra de la Triple Alianza.
El israelí Avi Mograbi expone en sus films sus propios miedos, dudas y muchas veces su intimidad. La decisión la tomó tras haber desafiado a Ariel Sharon para un documental contestatario, pero la personalidad del político lo sedujo y confundió de tal manera que decidió mostrarse a sí mismo, con todas sus cavilaciones. Siempre con ironía, su último trabajo, "Venganza por uno de mis dos ojos" (2005), que se vio en el encuentro DocBsAs/05, lo muestra en el interior de su hogar, hablando por teléfono con un amigo palestino y exponiendo los problemas de su hijo, preso por desertar del ejército. Mograbi define su participación frente a la cámara como la de un "alter ego del espectador" y el protagonismo que asume es tan definitivo que hasta tiene un film llamado "Feliz cumpleaños, Sr. Mograbi" (1999).
En cuanto a la intimidad que puede llegar a mostrar un realizador, el caso de Jonathan Caouette es extrema, además de un ejemplo del nivel de experimentación que está alcanzando el género. Su film "Tarnation" (2003), sensación del Festival de Mar del Plata de 2005, lo muestra en pleno caos familiar, tras presentar con dureza la historia de su vida y acusar a sus abuelos de los problemas psiquiátricos de su madre.
En el cine nacional, esta tendencia tiene cada vez más exponentes. Pino Solanas, en sus dos primeras obras de la trilogía sobre la actualidad argentina -"Memorias del saqueo" (2003) y "La dignidad de los nadies" (2005)- muestra un registro personal de ambos lados de la cámara. Jorge Lanata optó por un formato de periodista-investigador en "Deuda" (2004) y Albertina Carri eligió contar en "Los rubios" (2003) la historia de sus padres desaparecidos a través de un documental-ensayo donde ella aparece, en el presente, de dos maneras distintas. Una como directora real: la cámara registra sus movimientos en el proceso de rodaje; otra, por medio de una actriz, Analía Couceyro, que ocupa su lugar en algunas escenas.
Sergio Wolf, por su parte, se convirtió casi en detective (incluso con un largo piloto) en "Yo no se qué me han hecho tus ojos" (2003) -que dirigió junto con Lorena Muñoz- para ir en busca de la mítica Ada Falcón. "La televisión y yo" (2001, Andrés Di Tella) y "Los fusiladitos" (2003, Cecilia Miljiker) son otros ejemplos de origen criollo.
En el caso de García, estar frente a cámara fue "algo de fuerza mayor", porque el nieto de Cándido López, que iba a ser uno de los protagonistas, se enfermó una semana antes de empezar el viaje. "Más allá de la decepción, había un guión muy claro, con varias conexiones como una estructura de ficción. Entonces lo hablé con Roberto Barandalla, que trabajó conmigo en la investigación y el guión, y me dijo: «Vas a tener que meterte vos, hacer los enlaces y empujar el documental hacia adelante». Entonces salté a un primer plano. Porque tampoco me gusta que en un documental se escuche una voz en off y no sea vea quién habla. No me gusta una voz omnisciente, afuera de todo, sino una comprometida con lo que se está contando."





