El evangelio según Gibson

LA NACION asistió a una función especial del polémico film, que se estrenó ayer en Estados Unidos y llegará al país el 8 de abril
Natalia Trzenko
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26 de febrero de 2004  

LOS ANGELES.- Uno sabe lo que está por ver. Conoce la historia, leyó los kilómetros y kilómetros de notas periodísticas que se escribieron desde que se conoció la noticia: Mel Gibson había decidido filmar "La Pasión de Cristo", una película que contaba las últimas doce horas de vida de Jesús. Pero ni las palabras alrededor de la controversia generada por la manera en que el film retrata a los judíos ni las declaraciones del director, guionista y productor consiguen preparar al espectador para la experiencia que supone ver "La Pasión de Cristo".

Esta cronista compartió con un pequeño grupo de periodistas de todo el mundo una función especial del film, que se estrenó ayer en los Estados Unidos y que aquí se verá el 8 de abril. Las expectativas eran altas y distintas de las que suele generar una película realizada por una estrella de Hollywood. ¿Sería ofensiva para la comunidad judía? El hecho de que esté completamente hablada en arameo y latín ¿cambiaría algo en la mirada del espectador?

Tras dos horas, y ya con las luces de la sala encendidas, las respuestas no llegaban. Antes de que el intelecto procesara lo visto había que sobreponerse a las sensaciones que la película despierta. Sentimientos que poco tienen que ver con la religión que se profese. Es que el film de Gibson es brutal, violento, extremo, crudo, explícito cuando muestra las torturas que, cuenta el Nuevo Testamento, Cristo padeció en sus últimas horas. Desde la condena que sufre de manos del sumo sacerdote Caifás, hasta los latigazos de los soldados romanos y la crucifixión, todo es mostrado con tal detalle que el espectador tiene constantemente el impulso de no mirar y, sin embargo, no puede dejar de hacerlo.

En la única entrevista que concedió en los últimos días, Gibson dijo que su intención era shockear con las imágenes "realistas" de la Pasión de Cristo. "Es una historia de fe, esperanza, amor y perdón. De eso trata la película. Del sacrificio de Cristo", declaró la estrella de "Arma mortal" a la cadena de televisión ABC. Si su objetivo era dejar a los espectadores impresionados, mudos y preguntándose cómo relatar lo que acababan de ver, está claro que la tarea fue cumplida.

La mecha encendida

Gibson pertenece al tradicionalismo católico, un grupo religioso que no acuerda con las reformas del Concilio Vaticano II, que incluyen la posibilidad de que la misa se oficie en el idioma de la comunidad de feligreses y no necesariamente en latín y repudia el concepto de la culpa colectiva de los judíos por la muerte de Cristo. Su padre es conocido, más allá del hijo estrella de cine, por declarar públicamente que los judíos exageran la magnitud del Holocausto. Versiones no definitivas de "La Pasión de Cristo" contenían una escena en la que Caifás decía, respecto de la crucifixión de Jesús, "que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos". Diferentes autoridades de la comunidad judía advirtieron sobre la posible carga de antisemitismo del film, protestaron frente a los cines y lo declararon peligroso. En ese contexto, la mecha de la controversia se encendió rápidamente y a esta altura no parece haber forma de apagarla. Tal vez por eso, a pesar de que LA NACION fue invitada, junto a unos pocos medios internacionales, a ver el film, a la hora de las entrevistas su realizador no estaba disponible. Gibson, que aseguró que esta producción, en la que invirtió casi 30 millones de su propio bolsillo, lo salvó del suicidio, decidió dejar que sus actores enfrentaran el escrutinio de la prensa internacional.

Así, después de dos horas con la piel erizada y el corazón latiendo a mil kilómetros por hora, todavía quedaba encontrarse cara a cara con James Caviezel, el actor que, más allá de su experiencia previa (actuó en "La delgada línea roja", entre otras) de ahora en más será siempre recordado como el que interpretó al Jesús más sufrido.

Un rodaje tortuoso

Caviezel se acerca al grupo de periodistas y apoya su cabeza entre los grabadores que esperan escuchar cómo fue interpretar al Cristo más alejado de las estampitas que haya aparecido en el cine. "Adelante, aquí tienen mi cabeza, córtenmela", dice con una sonrisa resignada y agrega: "Me siento como si fuera candidato a algún cargo político o peor".

-¿Qué fue más difícil: actuar en arameo o interpretar a su Dios?

-Esta película fue muy dolorosa de hacer. Me refiero a la parte física. Pensé que el arameo iba a ser complicado, pero resultó fácil porque me permitió acercarme al personaje de una manera distinta. De alguna forma, entendía las palabras a un nivel mucho más profundo. La mayor parte del tiempo sentía que me tenía que salir del camino para que Dios hablara a través de esas palabras.

-¿Cuán complicado fue, físicamente, este papel?

-Me saqué el hombro de lugar varias veces porque la cruz pesaba más de 50 kilos. El maquillaje me obligaba a estar levantado desde las dos de la mañana; para quitármelo tenía que darme baños calientes de muchas horas y después los maquilladores tenían que rasparlo de mi cuerpo. Siempre había un nuevo dolor. En la escena de los latigazos me habían colocado una placa de metal en la espalda para que yo reaccionara al ruido cada vez que los látigos pegaban ahí, pero uno de los hombres que hacía de romano falló y me pegó en el costado del cuerpo. En ese momento giré la cabeza, lo miré y le dije: "Puede que esté interpretando a Jesús, pero ahora me siento más como Satanás. No lo vuelvas hacer". Desgraciadamente volvió a pasar.

El actor comienza un monólogo sobre sus padecimientos físicos, que incluyeron un rayo que cayó sobre su cabeza mientras estaba colgado de la cruz. Claro que enseguida asegura que lo más doloroso fue interpretar los padecimientos de un Dios en el que cree fervientemente.

"Me sentí poco digno y muy incómodo cuando alguna gente en la filmación se dirigía a mí como si fuera Jesús, pero lo peor era cuando algunos actuaban despreciativamente. Charlando con Mel me di cuenta de que eso estaba bien porque es lo que él experimentó y es lo que pasa en la sociedad donde hay gente mala, buena e indiferente."

-¿Qué piensa de las acusaciones de antisemitismo que rodean al film?

-Va contra mi fe ser antisemita. El odio por otro ser humano es pecado mortal y no quiero morir habiendo cometido ese pecado. Si Jesús murió en la cruz es porque yo lo puse ahí.

- ¿Por qué Gibson quitó la frase de Caifás si, según él, su película cuenta fielmente lo que figura en la Biblia?

-El no quería que la gente se concentrara en ese aspecto. No quería que por esa frase se condenara a toda una raza. Durante una proyección no podés parar para tener una discusión teológica. No se puede condenar a toda una raza de la misma manera en que los actos de Mussolini no condenan a todos los italianos, ni los de Stalin a todos los rusos. La frase está en la Biblia, pero se refiere a ese grupo determinado de gente, en ese momento determinado de la historia.

Cuando se insiste en hablar sobre los conflictos alrededor de la película, el actor funciona como el mejor vocero de Gibson. "Creo que Mel quería hacer un film que trascendiera la religión, quería que apelara a toda la humanidad como una obra de arte. "La Piedad" de Miguel Angel se aprecia más allá de sus valores religiosos. ¿Tenés que ser religioso para disfrutarla? ¿Tenés que ser religioso para ver esta película? No, no tenés que ser religioso para apreciar estas obras de arte."

Obra de arte, misa filmada, elemento para la discordia entre religiones, "La Pasión de Cristo" es sólo una película, aunque sea fácil olvidarlo. Después de todo se trata del relato más influyente de la civilización occidental.

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