El feliz regreso a la actuación de una multifacética creadora

Monina Bonelli, como Blanca
Monina Bonelli, como Blanca Crédito: Lau Castro
Carlos Pacheco
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18 de agosto de 2019  

Actriz, dramaturga, gestora teatral, Monina Bonelli reparte su tiempo entre la dirección artística del Centro Cultural 25 de Mayo, la actuación en Blanca, pieza de Natalia Villamil que está en cartel en El Cultural San Martín, y la escritura de una obra a cuatro manos con el reconocido autor mexicano Luis Mario Moncada. La generadora del proyecto Bombón vecinal junto con Cristian Scotton, una de las novedades del último FIBA, está pensando en una nueva versión de la experiencia en Buenos Aires y, a la vez, generar una similar en el Centro Cultural Gabriela Mistral, de Santiago de Chile.

Bonelli es una mujer sumamente apasionada que disfruta notablemente su trabajo cotidiano. Su tarea en la sala de Villa Urquiza junto a los vecinos la tiene fascinada, como también estar protagonizando Blanca. Hacía cuatro años que no actuaba. Su labor anterior fue La sirena, de Luis Cano, en 2015.

La pieza de Villamil está inspirada en Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams. Cuenta con dirección de Cintia Miraglia y completan el elenco Héctor Bordoni, Marcelo Pozzi, Mariano Sayavedra y Leticia Torres.

Hace algo más de un año Monina Bonelli se enteró que el proyecto estaba en preparación. Ella se encontraba en México con una beca de dramaturgia y se comunicó por Instagram con la autora para pedirle que la tuviera en cuenta.

Blanche DuBois es un personaje que todas las actrices ansían interpretar a determinada edad. Bonelli la tiene en mente desde hace varios años. Cuando estudiaba en la EMAD su profesor de segundo año le propuso recrear la escena de la llegada de Blanche a la casa de su hermana. Recuerda que estaba muy nerviosa y le salió muy mal. Pero no se desalentó, vivió esa experiencia como un aprendizaje.

"En aquel momento experimenté la sensación de que quería hacer ese personaje pero tenía 20 años -cuenta la actriz-. No es cuestión de caracterizarse y transformarse en una persona mayor. Hay algo de la experiencia de vida que te tiene que atravesar el cuerpo: la acumulación de frustraciones, el contacto con la muerte de familiares, la pérdida de los amores. Hay una condena social sobre todo con las mujeres a partir de cierta edad que se relaciona con la perdida de la belleza, si tuviste hijos o no. De todas maneras, en esta propuesta, Blanca no tiene las mismas cualidades que Blanche".

Esto la intérprete lo fue descubriendo en los ensayos. Encaró el trabajo con una serie de imágenes que definen a esa mujer y que había acumulado después de muchas lecturas, ver algunas puestas en escena de la pieza o ciertas películas y así fue descubriendo que Blanca comparte ciertos problemas con Blanche pero su personalidad tiene algunas variantes.

"Blanca está mucho más plantada -afirma Bonelli-. Hay algo importante en Blanche, ella vela todo, es una máquina de velar cosas, así como no quiere que la luz la toque, oculta la edad. Eso en Blanca no está, es frontal. La idea es que con lo puesto, lo que trajo, se lleva puesto todo. Es otro modo de encarar el personaje. Lo que hizo Natalia es una operación interesante porque además le cambió la geografía. La historia no se desarrolla en Nueva Orleans, el contexto americano de mitad del siglo pasado, eso en esta pieza se convierte en el tercer cordón del conurbano bonaerense, hoy. A la vez se fortalece la cuestión de los desclasados".

La acción concretamente se desarrolla en el interior de una pequeña casa ubicada dentro de una villa. Y en ese espacio los actores dan vida a seres marginales y a la vez conforman una banda de rock con un estilo muy particular. "Hacemos el rock tal como lo entendemos a nuestra edad, con esa mística, con ciertos cliché. Rock de cuarentones, incluso estamos vestidos con ropas de jean, cuero, en una estética que está muy cerca de lo que serían los años 90. Son también los años de nuestra adolescencia, donde armamos esas imágenes rockeras y rebeldes".

Monina Bonelli se detiene en esa época. Le interesa pensar que su generación posee la rebeldía que con la que se formaron a los 15 o 20 años. "Blanca es una obra que respira los 90 - dice-, igual que mi generación. Es el momento en el cual empezamos a ser grandes, a trabajar. Para nosotros esa fue una década muy pregnante en el sentido que muchos valore se perdieron. El valor de la palabra, por ejemplo, para mí se rompió en los 90. Para mi generación el quiebre del sentido es de los 90 .Tiempo en el que vimos al presidente en la televisión diciendo que íbamos a mandar un cohete a la estratosfera. Fue la primera vez que estuvimos expuestos a la posverdad. Muchas cosas pasaron en esa década y nosotros nos formamos ahí. Somos una generación bastante deforme y se ve mucho en los artistas, deformes para bien. Lo bueno es que pudimos procesar cosas, meter en la licuadora todos esos sinsentidos y generar nuevos sentidos".

Blanca

De Natalia Villamil.

El Cultural San Martín, Sarmiento 1551.

Martes y domingos, a las 20.

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