El Hombre del Oeste cumple un siglo
Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Gary Cooper, el actor insignia del western norteamericano
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En abril de 1961 Gary Cooper estaba demasiado enfermo como para ir a recibir el Oscar honorario con que la Academia de Hollywood saludaría su trayectoria de indiscutida estrella a lo largo de 35 años y casi 70 películas.
James Stewart recibió el premio en su nombre con lágrimas en los ojos porque acababa de enterarse de que el mal que aquejaba a su entrañable amigo era incurable. El aplauso que acompañó la entrega de la estatuilla sonó casi como el de una despedida.
El 13 de mayo, un mes después de esa ceremonia y apenas seis días más tarde de su cumpleaños número 61, Gary Cooper murió de cáncer en su casa de Bel Air, lejos de aquella geografía de Montana, con praderas interminables y hombres de a caballo, que lo vio nacer hace exactamente un siglo. Las crónicas de aquel adiós decían que sobrellevó la enfermedad con la estoica calma con la que enfrentaba desde la pantalla a infinidad de villanos.
No fue casual que Stewart haya recibido en representación de Cooper aquella distinción final. Ellos dos (que junto a Cary Grant y Clark Gable eran considerados los cuatro mosqueteros de la época de oro de Hollywood) se convirtieron en los arquetipos cinematográficos del hombre norteamericano.
Frente a la bonhomía y el altruismo que transmitía Stewart, Cooper representó la imagen del heroísmo desde su estampa de hombre duro, noble, de férreas convicciones y más dispuesto a la acción que a las palabras.
El legado que dejó Cooper es el del hombre que jamás dudaba en emplear la fuerza si había una causa justa de por medio. Y aunque supo brillar en comedias clásicas, lucir su porte de galán en dramas románticos, entregar su vigor expresivo entre batallas y causas nobles o lanzarse a la aventura en exóticos escenarios, no hubo mejor vehículo que el western para que Cooper exhibiera ese tipo de héroe lacónico y arrojado que lo caracterizó inmejorablemente.
Gracias a eso, fue identificado siempre como Hombre del Oeste . Esto ocurrió mucho antes de protagonizar el film del mismo nombre en 1957 y también de encarnar al que fue el personaje más emblemático de su carrera: Will Kane, aquel marshall abandonado por los habitantes de su pueblo para enfrentar a un grupo de bandidos, en "A la hora señalada".
De Montana a Hollywood
Cooper fue un auténtico hombre del Oeste más allá del cine. Nacido el 7 de mayo de 1901, con el nombre de Frank James Cooper, creció en un rancho de Montana, tan acostumbrado a la vida rural y a los modos del cowboy que, muchos años después, ya famoso, confesó que de no ser actor le hubiera gustado administrar una granja y vivir en ella.
Su padre, un severo juez de la suprema corte del Estado, prefería seguir la tradición familiar y lo envió a estudiar a Inglaterra. El arraigo pudo más y Cooper, de nuevo en los Estados Unidos, concluyó sus estudios universitarios en Iowa y regresó a Montana para trabajar como guardaparque en la reserva natural de Yellowstone y, luego, en su ciudad natal, como caricaturista en el diario The Independent.
En 1924, viajó a California convencido de que en las ilustraciones podía estar su horizonte laboral. Se convenció de lo contrario después de un tiempo de trabajar como vendedor: como una de sus tareas era ofrecer avisos en los telones, algunos amigos le sugirieron tomar contacto con agentes de casting. El joven medía 1,89 metro, tenía ojos azules y una apostura que podía abrirle puertas en el activo Hollywood de la época muda.
No tardó en instalarse como extra en el reparto de numerosos westerns ya con el nombre que lo hizo famoso. Hasta que un golpe de suerte lo llevó, en 1926, a ocupar a último momento el principal papel secundario de "The Winning of Barbara Worth", junto a un ídolo de entonces, Ronald Colman. Como el film fue un éxito resonante y el público reconoció su trabajo, Gary Cooper firmó su primer contrato con la Paramount.
Si hubo un actor beneficiado con la llegada del cine sonoro fue Gary Cooper, que logró instalarse con bastante comodidad en el papel de hombre taciturno y parco, pero a la vez dispuesto a enfrentar el peligro. Este perfil lo llevó a vivir aventuras en geografías exóticas y distantes ("Marruecos", "Beau Geste", "Las aventuras de Marco Polo", "Tres lanceros de Bengala"), que alternaba con dramas, relatos policiales y grandes comedias como "El secreto de vivir", de Frank Capra.
Gracias a estos papeles (el último le brindó su primera nominación al Oscar, en 1936) los medios comenzaron a mirar con atención a Cooper por lo que hacía en la pantalla. Anteriormente se ocupaban de él sobre todo por sus tempestuosos romances con Clara Bow, Lupe Velez y Marlene Dietrich. De esta última se dijo que, al conocer a Cooper en el set de "Marruecos", habría dicho: "Eres hermoso y grande como un león". La frase, luego de unos días, habría cambiado por "eres frío como un bacalao".
Los tan difundidos chismes de alcoba sobre Cooper se atenuaron cuando se casó con una aspirante a actriz llamada Veronica Balfe, con quien mantuvo hasta su muerte una de las parejas más estables de Hollywood, sólo sacudida en los años 50 por alguna escapada furtiva con Patricia Neal.
Balfe, católica ferviente al igual que la hija de ambos, María, logró que Cooper se convirtiera a esa fe. Todo comenzó con una audiencia especial con Pío XII a la que asistieron en 1953 (se dice que ella quería una bendición especial para que el actor dejara de correr tras sus ocasionales compañeras de filmación) y culminó en abril de 1959, cuando fue bautizado en el más estricto secreto.
No era poco en el indiscreto mundillo de Hollywood lo que había conseguido Balfe. A partir de allí, Cooper se transformó en un hombre hogareño, muy tranquilo, ajeno a cualquier escándalo y que tenía como único pasatiempo salir a cazar con un grupo de amigos que incluía a Ernest Hemingway.
La estabilidad personal y familiar fue de la mano con la enorme consolidación en la pantalla de una figura de enorme carisma y dueño de una filmografía generosa en títulos que perduran en la memoria.
Gracias a sus aplaudidos trabajos con los mejores directores de su tiempo (Hawks, De Mille, Lubitsch, Preminger, Wyler, Hathaway, Leo McCarey, Fritz Lang, Wilder) y títulos inolvidables como "Por quien doblan las campanas", "Y la cabalgata pasa", "Uno contra todos" y "Sus dos pasiones" Cooper ganó prestigio, fama, reconocimiento y premios.
Su primer Oscar le llegó en 1941 con "El sargento York", de Hawks, alegato pacifista inspirado en hechos reales. Se dice que el protagonista de la historia, que intervino en la Primera Guerra Mundial, eligió personalmente a Cooper para el papel.
La hora señalada
Y el segundo fue, en 1952, por "A la hora señalada". Cooper protagonizó este film, suerte de revisión de los cánones clásicos del género, pero también puso su rostro para innumerables westerns de tono tradicional, de "Veracruz" y "El cowboy y la dama" a "El caballero del desierto", en el que su personaje, que sólo hablaba en casos de extrema necesidad, abrió una huella heredada años más tarde por Clint Eastwood y el "hombre sin nombre" de sus primeros films del Oeste.
En los años 50, siempre que su figura parecía eclipsarse, Cooper se las ingeniaba para encontrar algún papel digno de su edad y sus antecedentes. Así lo acreditan films como "La corte marcial de Billy Mitchell", "Amor en la tarde", "La gran tentación" y aquel "Hombre del Oeste" con el que el gran Anthony Mann se despedía del género en el que realizó grandes films.
También fue el último gran film de la carrera de Cooper (dejó póstumamente un discreto thriller rodado en Londres y titulado "The Naked Edge"), que en aquellos años llegó a recibir reconocimientos inesperados como el que le brindó el entonces líder soviético Nikita Kruschev.
Cuando la Academia le concedió el Oscar honorario, todo Hollywood tomó conciencia de que era el momento de decirle adiós a Cooper y, sobre todo, a lo que significaba como ejemplo y símbolo de una época clásica.
Tal vez esta convicción hizo que Jimmy Stewart, en nombre de quienes vivieron aquel tiempo irrepetible, dijera conmovido, al recibir el premio en nombre de su amigo: "Todos estamos orgullosos de ti, Coop. Muy orgullosos".
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