El nuevo horizonte de Aki Kaurismäki
Con El puerto, que se estrena hoy, el realizador finlandés desembarca en Francia y allí pone en marcha una trilogía
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Se hace difícil tomar al pie de la letra las palabras de Aki Kaurismäki cuando dice que está cansado y que, si fuese por él, pasaría la mayor parte de su tiempo jugando a las cartas y cortando madera con un hacha en su casa del norte de Portugal, donde reside la mayor parte del año desde hace algo más de dos décadas.
El hombre más importante del cine finlandés acredita un incansable trabajo como productor: sus tres últimos trabajos para el cine en esa condición corresponden a 2011. Pero si se enfoca la trayectoria de Kaurismäki como director, la que le dio más trascendencia y reconocimiento internacional, vemos que hay cinco años de distancia entre sus últimas dos realizaciones, la admirable Luces al atardecer (2006) y El puerto ( Le Havre ), cuyo estreno en la Argentina -larga e inexplicablemente demorado- anuncia Alfa Films para hoy.
Esta nueva obra de Kaurismäki, curiosamente, llega a nuestro país a un año exacto de su estreno mundial en el Festival de Cannes 2011, donde obtuvo el premio Fipresci a la mejor película de la competencia oficial. Desde entonces no cesó de recibir elogios y repercusiones favorables de críticos y analistas de todo el mundo, que no tardaron en hallar renovadas muestras del lúcido y personalísimo estilo que el realizador entrega desde hace 30 años.
Dos mundos se encuentran
La historia de El puerto transcurre en la importante ciudad portuaria mencionada en el título original. Allí vive Marcel Marx (André Wilms), un hombre de letras que conoció en el pasado mejores tiempos, pero que ahora se gana la vida a duras penas lustrando zapatos, mientras cuida a su esposa (Kati Outinen, una de las actrices predilectas del director), enferma de cáncer. El azar cruza el camino de Marcel con el de un muchacho africano llegado hasta allí con su familia como inmigrante clandestino.
A partir del vínculo entre ambos, Kaurismäki construirá un relato en el que se aparecen (como es habitual en su cine) personajes lacónicos y extravagantes, humor absurdo, situaciones que parecen surrealistas, algunas explícitas referencias cinéfilas, una presencia fuerte de la música dentro de la trama y, finalmente, comentarios ácidos y muy precisos sobre la situación social y política que enfrenta Europa.
Dijo Kaurismäki que para hacer esta película leyó decenas de textos y artículos periodísticos, y vio horas de noticieros de TV dedicados a los inmigrantes que buscaban en Europa un destino mejor y perecieron ahogados en el camino. "Verlos así, cargados de esperanzas y de sueños, empezaron a alterar mis pensamientos y mis ideas. ¿Qué podía hacer? Una película sobre eso. Puedo parecer una persona cool, pero también tengo mi parte sentimental. No me preocupo mucho por mí, pero me interesa lo que les pasa a los demás", confesó al diario inglés The Guardian.
Por eso, al pasear la película que se estrena hoy en la Argentina por algunos de los más importantes festivales internacionales durante la segunda mitad del año pasado, Kaurismäki reconoció que si algo la distinguía de sus películas anteriores era la falta de ironía. "Es puro corazón. Es más romántica, más optimista. Esta película transmite la confianza en el futuro que yo no tengo en mi corazón, que está roto. He visto ya demasiado y la mayor parte de lo que he visto ha sido miseria", señaló al presentarse en el último Festival de San Sebastián.
Ese diagnóstico lo llevó a tomar una decisión que le llevará su tiempo concretar. " El puerto va a ser el comienzo de una trilogía. Pero como soy demasiado perezoso le tengo que explicar a todo el mundo cómo va a ser este proyecto, porque si estuviera a mi alcance, me pasaría el tiempo jugando a las cartas. Esta trilogía me llevará unos 10 años", reconoció en una charla con el sitio estadounidense Indiewire .
Tres puertos, tres films
Inclusive, Kaurismäki ya tiene decidido el nombre genérico de este proyecto conjunto: "Se va a llamar La trilogía del puerto y cada película transcurrirá en una ciudad con esa característica. Empezó en El Havre, seguirá en Vigo y culminará en Hamburgo".
De la ciudad gallega que será destino del segundo título del tríptico no conoce más que el nombre. "Lo único que tengo en claro es que voy a titularla El barbero de Vigo y que la voy a hacer dentro de cinco años. Antes trabajaba muy rápido, llegué a hacer tres películas por año y era el director más veloz de todo el mundo. Ahora pienso que dije mucho más de lo que correspondía. No tengo ambiciones, no tengo ningún apuro."
Lo único que quiere es no instalarse todo el tiempo en la tierra que lo vio nacer hace 55 años. "Si voy para allá -le confesó al diario barcelonés La Vanguardia- me deprimo en tres meses. La perfección de Finlandia es enfermiza. El sistema educativo finlandés es el mejor del mundo, pero luego por accidente los estudiantes empiezan a disparar contra sus compañeros y los profesores. Me gustan más España o Portugal, porque no están tan obsesionados con la perfección".
Kaurismäki, que se define a sí mismo "como un pesimista, no un cínico" dice que el mundo sufre de un exceso de eficiencia. "Lo que hay que hacer es ir más despacio, de manera más amable, relacionarse más con tu familia y tus vecinos. Hay que volver hacia atrás, porque si no mataremos este planeta", admitió. Seguramente por eso promete formalmente que cerrará su trilogía del puerto en Hamburgo dentro de diez años y a partir de ese momento se retirará del cine. Lo dice tan convencido que esta vez sí habrá que tomarlo al pie de la letra.
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