El sapucay del chamamé
Documental sobre la figura del glosador Edgar Estigarribia
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El género documental, el que más ha crecido en la última década en el cine nacional, sigue dando muestras de que temas no faltan, sino todo lo contrario, y por lo visto hasta ahora, muy interesantes. Desde hoy, el Malba (Figueroa Alcorta 3415, los sábados a las 20, los domingos a las 18.30, entradas a 12 pesos, estudiantes y jubilados 6) incorpora un nuevo título a la lista que este año puede llegar a 30, es decir, casi la mitad de los estrenos argentinos previstos para la temporada.
Su título es Poeta del guarán (2005), que fue dirigido por Federico Martín Crotti y que, como A los cuatro vientos (acerca de Hugo Díaz, estrenado anteayer), tiene como figura central a un hombre del mundo de la música, en este caso de lo escrito para acompañar la música, ya que se trata del poeta y recitador Edgar Estigarribia (Curuzú Cuatiá, 1923-1989), figura del chamamé y, para muchos de quienes lo conocieron, más correntino que el yacaré.
Artista bohemio, se incorporó al mundo del chamamé primero junto a Tarragó Ros (padre de Antonio) y luego participó en el célebre conjunto Los Reyes del Chamamé, en el que creó e interpretó más de 200 glosas en 36 discos de enorme popularidad, que, según dicen, por lo menos en la Argentina, se vendieron más que los de los Beatles.
Asegura el debutante Martín Crotti: "Promediando los años 80, me desvié de mis gustos rockeros al adquirir una serie de vinilos de música popular argentina con linda tapa, en el Palacio de la Música. Entre ellos había uno de Los Reyes del Chamamé. Al escucharlo, me sorprendió la enorme voz del recitador: franca, iluminada y humilde a la vez, portadora de una comprensión universal de la existencia. Evocando situaciones y sensaciones nuevas, la voz de Estigarribia remontó mi imaginación hacia un litoral aventurero y desconocido, y a la vez me fascinó descubrir en el chamamé un nivel de energía, emotividad y frenesí equivalentes al punk, pero que invitaba a la celebración y a la alegría en lugar de volcarse a la protesta y al nihilismo".
El documental, a pesar de contener un mínimo registro gráfico del personaje que recupera (lo mismo que ocurre en el dedicado al armonicista santiagueño), deviene algo reiterativo en elogios de quienes lo conocieron, sean parientes o amigos, no obstante el juego de imágenes, la dinámica de la edición y en especial la riqueza de alguna anécdota (contada por Antonio Tarragó Ros) lo convierten en una de las interesantes propuestas testimoniales acerca de la música argentina.
Muy buena, además, la selección musical de esta ópera prima que, seguramente, apasionará a los amantes de las tan particulares melodías litoraleñas a puro acordeón y grito, típico del sapucay.
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