
El viento cruel de la intolerancia
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El viento que acaricia el prado ( The Wind That Shakes the Barley , Inglaterra-Irlanda-Alemania-Italia-España/2006). Dirección: Ken Loach. Con Cillian Murphy, Padraic Delaney, Liam Cunningham, Gerard Kearney, William Ruane, Orla Fitzgerald, Mary Riordan y Mary Murphy. Guión: Paul Laverty. Fotografía: Barry Ackroyd. Música: George Fenton. Edición: Jonathan Morris. Diseño de producción: Fergus Clegg. Producción hablada en inglés y gaélico, con subtítulos en castellano y presentada por Distribution Company. Duración: 126 minutos. Sólo apto para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: muy buena
En El viento que acaricia el prado -reciente ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes- conviven lo mejor y lo peor del cine del ya septuagenario director inglés Ken Loach: por un lado, su consecuente e inclaudicable propósito de revisitar aquellos momentos de la historia que él considera esenciales para comprender el presente, así como su potencia narrativa a la hora de adentrarse en profundos conflictos sociales, su sensibilidad para retratar a los héroes anónimos de las clases populares y su particular sentido del humor. Por el otro, cierta tendencia al maniqueísmo, al didactismo y a la mirada unidimensional, producto de sus férreas convicciones ideológicas.
Tras Agenda secreta , Loach vuelve a Irlanda, pero ahora con una historia ambientada en la década de 1920, una época tan vertiginosa como fundamental para entender el sangriento derrotero de esa zona: un conflicto bélico preexistente, el arrasador triunfo electoral de los republicanos en 1916, el fin de la utopía socialista, la tregua con los ingleses, la firma de un pacto, el establecimiento de un Estado semi-independiente con ciertos controles, el cisma entre moderados y radicales dentro de los luchadores irlandeses y la profundización del accionar guerrillero entre aquellos que exigían una autonomía plena e irrestricta.
Más allá de la complejidad del contexto histórico, Loach y su habitual guionista, Paul Laverty, parten de un conflicto bastante simple: los diferentes caminos que toman dos hermanos de un pueblo rural irlandés comprometidos con la lucha independentista. Damian (Cillian Murphy) es un joven inquieto que está a punto de viajar a Londres para profundizar sus estudios de medicina, mientras que Teddy (Padraic Delaney) es un implacable miembro del IRA.
Los abusos y atropellos de un escuadrón de los Black and Tan (tropas irregulares inglesas apostadas en Irlanda para "mantener la paz") contra varios amigos y vecinos hace que Damian abandone su idea original y se una a su hermano en el movimiento guerrillero. Los caminos vuelven a separarse cuando, tras el tratado que se firma en 1922, se acentúan las diferencias de metodología y las escisiones internas llevan a una escalada de violencia que desencadenaría una de las guerras civiles más largas y sangrientas de la historia moderna.
Cierto sector del público puede sentirse un poco desorientado a la hora de seguir las alianzas o los cambios de posturas de cada uno de los personajes, pero al mismo tiempo la película destila tanta energía y empatía que no es difícil comprometerse e identificarse con los protagonistas.
Es fácil advertir también las simpatías de Loach por los independentistas irlandeses, pero la mirada impiadosa hacia la ocupación británica hace que aquí los Black and Tans luzcan como estereotipados malvados de historieta (más allá de que sus excesos han sido históricamente comprobados).
Loach y Laverty trabajan el relato histórico desde una perspectiva contemporánea y, por eso, resultan evidentes (y logrados) los paralelismos, las analogías entre aquella ocupación de la Inglaterra colonialista y los conflictos recientes en Afganistán e Irak, entre aquellas brutales sesiones de tortura que se muestran en el film y lo que el mundo conoció hace poco sobre Guantánamo o Abu Ghraib.
Más allá de la apuntada tendencia a cargar las tintas sobre un solo bando, durante la segunda mitad del film Loach gana en intensidad cuando -en la línea de Tierra y libertad , su notable film sobre la Guerra Civil Española- se sumerge en las contradicciones y en los debates internos de los luchadores del movimiento Sinn Fein.
Con el aporte de un elenco excepcional y sin fisuras; de una fotografía a cargo de Barry Ackroyd, que saca gran provecho de la luz natural y de los colores de la campiña irlandesa, y con sus habituales toques de humor (como cuando un chico mensajero trae noticias sobre el cese del fuego por parte de los ingleses, pero pierde parte esencial del papel con el mensaje), Loach termina construyendo una película imperfecta, discutible desde lo ideológico, pero al mismo tiempo llena de hallazgos, de fuerza y de genuina emoción.
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