
En el nombre del cine finlandés
Hace doce años, "Todo en una noche" (también conocida como "Helsinki-Nápoles"), trajo a la cartelera porteña por primera vez un apellido -Kaurismäki- que, por lo menos entre los cinéfilos, se convertiría con el tiempo en sinónimo de cine finlandés. Aquella curiosa comedia policial ambientada en Berlín colocaba a un taxista nórdico (casado con una napolitana) en medio de un confuso enredo que empieza con dos pasajeros y un portafolios y deriva en ajustes de cuentas, cadáveres en el baúl del auto, persecuciones, mucho dinero en danza y muchos interesados en recuperarlo.
La ciudad del muro ofrecía un microcosmos de nacionalidades diversas que hizo posible mezclar en el elenco a Nino Manfredi y su hija Roberta con actores finlandeses y a Eddie Constantine con famosos directores que insistieron en participar (y disfrutar) como intérpretes de la irreverente propuesta: Wim Wenders, Jim Jarmusch y el recordado Samuel Fuller. El film estuvo lejos de ser un éxito popular, pero puso a los argentinos en contacto con el fresco humor, el sentido del absurdo, el desprejuicio formal y el desenfado de dos jóvenes realizadores finlandeses verdaderamente independientes.
Tanto Mika (el autor de esa película) como su hermano menor Aki han desarrollado desde entonces una obra abundante y diversa con la que al mismo tiempo que fueron afirmando sus respectivas individualidades, lograron abrir un espacio en el mundo para el cine finlandés.
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Sin embargo, las cosas no han cambiado mucho entre nosotros, donde sólo "Juha", una obra casi experimental de Aki Kaurismäki, tuvo su estreno comercial, si bien no faltaron las oportunidades de ver algunos de sus films en festivales y en muestras retrospectivas (en 1997, el propio Mika vino a presentar una en la Cinemateca). Aunque cabe esperar ahora alguna modificación a partir del éxito de "El hombre sin pasado", el film de Aki que ganó el premio del jurado en Cannes, fue elegido como el mejor de la temporada por la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica y es firme candidato a llevarse el premio del cine europeo.
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Por de pronto, encontrarán próximamente algún paliativo quienes aprecian los atrevimientos del voluble y extravagante Mika (que no se guía por otras reglas que no sean las que le dicta su propia inventiva) y quienes reconocen en Aki a uno de los cineastas que con mayor calidez, humanidad, humor y agudeza ha pintado las desdichas de la clase trabajadora (se dice que su "Nubes pasajeras" es la más lograda de todas las obras que en los noventa exploraron en Europa el tema del desempleo). A comienzos de diciembre, Buenos Aires será sede de un ciclo que incluirá seis películas de Aki y tres de Mika. No estarán las últimas realizaciones -ni la multigalardonada del primero ni "Moro no Brasil", que el segundo acaba de consagrar a la música del país en el que reside desde hace años y en especial, al samba. Pero en cambio habrá títulos bien representativos de su cine. Como el famoso "Tigrero", de Mika, un bellísimo film sobre el cine en el que Samuel Fuller vuelve al Amazonas para evocar, junto a nativos que participaron de las escenas que llegó a rodar, un film que debía realizar con John Wayne, Tyrone Power y Ava Gardner y que nunca se concretó porque ninguna compañía de seguros quiso aceptar el riesgo. Como el citado "Nubes pasajeras". O como "La muchacha de la fábrica de fósforos", donde el menor de los hermanos Aki se propuso un minimalismo tan extremo que dejara a Robert Bresson como un director de películas de acción.
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