Encomiable rescate de una película de Chabrol
"Un asunto de mujeres" ("Une affaire de femmes", Francia/1988, color). Producción de Marin Karmitz presentada por Good Movies. Dirección: Claude Chabrol. Con Isabelle Huppert, François Cluzet, Nils Tavernier, Marie Trintignant, Dominique Blanc, Marie Bunel, Lolita Chammah, Dani, Aurore Gauvin, Guillaume Foutrier. Guión: Colo Tavernier O´Hagan y Claude Chabrol, sobre el libro de Francis Szpiner. Fotografía: Jean Rabier. Música: Matthieu Chabrol. Edición: Monique Fardoulis. Duración: 110 minutos. Sólo apta para mayores de 16 años. con reservas. Alvarez Thomas 1368.
Nuestra opinión: Muy buena
Poco podía afectar el paso del tiempo a una obra como "Un asunto de mujeres" y no tanto porque se trate de un film de época -la acción transcurre en la Francia de los tiempos de la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial- o porque aborde un tema tan complejo, controvertido y siempre tan urticante y actual como el aborto, sino sobre todo porque la escueta y despojada severidad de su vía expresiva es independiente de cualquier moda.
Rodado en 1988, el film suele ser considerado uno de los trabajos más rigurosos de Claude Chabrol. El juicio es opinable, pero lo cierto es que esta obra lo encuentra en plena forma tanto en su condición de maestro de la puesta en escena cuanto en la de recreador de un medio social determinado y en la de agudo buceador de la conducta de sus semejantes.
Fascinado como siempre por los misterios del ser humano y por las secretas motivaciones que se ocultan detrás de casos que suelen ser materia de la crónica policial o del examen psicológico, debe de haber resultado un desafío para él el personaje de Marie Latour, tomado de la historia real y reformulado para la ficción con el aporte de Colo Tavernier O´Hagan. Latour fue una de las últimas mujeres enviadas a la guillotina: lo fue como medida ejemplificadora de la Francia de Vichy -la que había reemplazado "libertad, igualdad, fraternidad" por "trabajo, patria, familia"- en su cruzada en defensa de la moral.
La inescrutable Marie
El enigma seduce a Chabrol, y Marie es toda ella un enigma. Vive en condiciones próximas a la miseria en un pueblo costero cercano a Dieppe; tiene dos pequeños hijos que mantener y un marido ausente, en el frente de batalla o recluido en un campo alemán como tantos otros habitantes del lugar. La comida escasea y no se vislumbra en el horizonte posibilidad alguna de progreso, no obstante lo cual su resentimiento y su mal humor le dejan un mínimo espacio para soñar con un futuro feliz como cantante.
Es uno de los pocos sentimientos que la inescrutable Marie deja traslucir, pero su conducta no responde a planes sino que parece ir encadenándose como una suma de reacciones ante cada estímulo que le propone la vida. Cuando el azar le da la oportunidad de echarle una mano a una vecina que quiere deshacerse de su embarazo, Marie se hace cargo. Nada informan de su motivación sus palabras o su rostro insondable: sólo la anima, en todo caso, la posibilidad de obtener como recompensa un pedazo de jabón.
Más tarde, la vinculación con una prostituta y la clientela que ésta le proporciona la conducen a asumir sus actividades clandestinas de un modo más regular. Ni el regreso del marido interrumpirá esos secretos asuntos de mujeres; en poco tiempo será ella el sostén de la familia y la responsable de su gradual progreso económico.
Marie no parece plantearse ninguna inquietud moral. Ni siquiera puede atisbarse vacilación alguna en ella durante la desgarradora escena en que la hermana de una de sus accidentales víctimas le hace conocer a los huérfanos que tuvieron la fortuna de salvarse de sus "servicios", aunque en otro momento consulta a una amiga: "¿Crees que los bebes tienen un alma en el vientre de sus madres?" ("Haría falta que sus madres tuvieran una", le responden.)
Marie sabe de la ilegalidad de su ejercicio, pero su preocupación es bien pragmática: por distintos medios -ya no sólo practicando abortos- procura obtener el mayor rendimiento posible, sin atender demasiado a la consecuencia de sus actos.
Y no es casual que Chabrol dedique tanta atención a describir la circunstancia en la que el caso se desarrolla: una comunidad sometida, donde reinan el mercado negro y la corrupción y donde la preocupación dominante es la de sobrevivir. La evolución del personaje del marido también acerca algunos datos significativos respecto de la moral de la época.
Si en la descripción del ambiente, y en lo que de éste gravita sobre la conducta de los personajes, hay marcas visibles del talento de Chabrol (y de su incisiva visión del contexto), lo que resulta más provocativo e inquietante de su film es su prescindencia de todo afán aleccionador y su voluntad de despojar a la historia de cualquier sentimentalismo, hasta llegar a una precisión casi gélida y a la estremecedora escena final del rezo sacrílego de la protagonista. En el film no se disimulan los extravíos morales de Marie; tampoco se los condena. Lo que Chabrol busca es aventurarse en la interioridad del personaje, por muy alarmante, contradictorio y ambiguo que sea lo que encuentre en el camino. Cuenta con el auxilio indispensable de Isabelle Huppert para que esas contradicciones y esas ambigüedades queden expuestas sin producir la adhesión compasiva del espectador, pero sin generar tampoco su rechazo. Se comprende que el realizador haya dedicado el film a sus intérpretes: a cualquiera le será fácil deducir qué mayoritaria proporción de ese homenaje corresponde a la prodigiosa actriz de "La profesora de piano".
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