Entrañable mirada de los veraneos
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"Balnearios". Documental argentino (2002) presentado en video y pantalla grande en el Malba, Figueroa Alcorta 3415, los jueves, a las 22, y los domingos, a las 20. Dirección: Mariano Llinás. Fotografía: Lucio Bonelli. Montaje: Agustín Rolandelli. Música: Gabriel Chwojnik. Investigación: Agustín Mendilaharzu. Duración: 80 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: muy buena
Aparentemente las ciudades balnearias poco pueden aportar a la cámara de un documentalista. ¿Qué hay en ellas de destacado, de sorpresivo o de movilizador como para despertar el interés de un cineasta? Sin embargo, Mariano Llinás logró lo impensado, ya que con humor, calidez y pasión, más una cuota de nostalgia, recorrió algunos de los balnearios de nuestra costa y descubrió lo simple, lo auténtico y lo cotidiano.
Los balnearios -y esto es creencia casi general- son dedicados al ocio veraniego y al descanso. Por sus playas y por sus calles transitan personas que desean dejar atrás el fárrago de la ciudad, desintoxicarse de los problemas de cada día. Y luego, claro, volver a la fatiga del asfalto y de la lucha diaria para, doce meses después, recomenzar ese veraneo que les brindará nuevamente el sabor del agua salada y del aburrimiento necesario.
Con paciencia de sagaz investigador, Mariano Llinás paseó su cámara por ciudades sumergidas -aquella Miramar que es hoy nuestra Atlantis autóctona-, se detuvo en sirenas, barquilleros, diques y castillos de arena que enhebran un caleidoscopio humorístico y extravagante que posee la virtud de la sinceridad y del fervor que surge nítido en cada detalle de sus escenas, en cada rostro de los personajes que desfilan colorida e interminablemente.
La calidez de lo cotidiano
"Balnearios" es un hallazgo de originalidad. Cuenta la historia de un hotel decadente que, muchos años atrás, fue habitado por personajes misteriosos y algo siniestros, y apuntala su relato con la magia de la sugestión que deja toda buena película policial.
De pronto Llinás cambia de óptica y hace pasear al espectador por los balnearios deshabitados en invierno que, lentamente, y con el devenir del verano, se pueblan de seres que apuran los días para el disfrute de la playa. Este movimiento cíclico se repetirá verano tras verano, en tanto quedan los bañeros, los vendedores de barquillos o de "panchos", los animales marinos, las sombrillas cerradas y alguna ilusoria imagen de bella sirena.
La cámara de Llinás da otro salto rápido e inesperado. Y enfoca a Zucco, un insólito personaje que habita un balneario provinciano y se dedica a preparar las más olorosas delicias gastronómicas, pintar cuadros o diseñar ornamentos de lata que tienen que ver, por supuesto, con el mar y su entorno.
Todo es ligeramente pagano en los balnearios, desde los nombres de las calles hasta las figuras de hipocampos, de sirenas y de neptunos que los pueblan. Y en esa convivencia entre lo extremadamente cotidiano y lo extremadamente remoto radica la virtud de este documental tan entretenido y querible como apuntalado por un excelente texto, por una fotografía de primera calidad y por una música de pegadizas melodías.






