
Estafó, huyó y lo pescaron
"Atrápame si puedes" ("Catch me if you can", Estados Unidos, 2002). Dirigida por Steven Spielberg. Con Leonardo DiCaprio, Tom Hanks, Christopher Walken, Martin Sheen, Nathalie Baye, James Brolin, Amy Adams. Guión de Jeff Nathanson, sobre el libro autobiográfico de Frank W. Abagnale. Fotografía: Janusz Kaminski. Música: John Williams. Producida por Steven Spielberg y Walter F. Parkes. Presentada por Dreamworks y United International Pictures. Duración: 140 minutos. Para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena
También en el mundo de la mentira existen los talentos precoces, ya se trate de niños capaces de inventar historias fabulosas para justificar una ausencia a clase o de jovencitos que aprenden por una vía u otra a transformar su seducción en millones, como le ocurre al protagonista de esta película, quien existe más allá de la ficción y puede ser considerado un paradigma entre los de su género.
Se trata de Frank W. Abagnale, cuyo libro autobiográfico cautivó a millones de lectores, entre ellos a Spielberg. Hay muy buenas razones: después de haberle escapado durante mucho tiempo al largo brazo de la ley, Abagnale fue capturado en 1970, cuando tenía apenas 21 años. Para entonces, ya se había hecho pasar por médico, profesor de lenguas, abogado y piloto de avión, y había librado y cobrado cheques falsos por cifras escalofriantes. Una de las escenas más graciosas del film es la de la madre de Frank abriendo su monedero, dispuesta a saldar el reclamo policial por las "travesuras" del pequeño: "¿Cuánto debe?", le pregunta al inspector Hanratty, encarnado por Tom Hanks. "Un millón ciento veinte mil dólares", escucha como abrumadora respuesta.
Para llegar a ser un estafador de alto vuelo poco tiempo después de haber dejado el biberón, Abagnale tuvo que construirse a sí mismo. Contemplando "Goldfinger" fue copiando los modos refinados de James Bond, y aprendió nociones rudimentarias de medicina y leyes con una ayudita del doctor Kildare y de Perry Mason. La habilidad manual para falsificar documentos -por ejemplo, de la desaparecida compañía aérea Panam- la trajo de la cuna. Créase o no, con esto le alcanzó para meterse en el bolsillo a todo el mundo desde los tempranos 16, cuando la quiebra del comercio familiar y el divorcio de sus padres alteraron su conducta de modo tan original y poco frecuente como riesgoso: cinco años después estaba incomunicado, en una celda.
Sin tono definido
La historia en sí, como se ve, y las buenas actuaciones de DiCaprio como Frank, un Walken de registro infrecuente como su padre y, sobre todo, Hanks, aseguran el interés del entretenimiento. Pero da la impresión de que al piloto se le hubiera perdido la brújula, extravío que suele sucederle a menudo últimamente a Spielberg, como lo demostró en aquella pieza en la que el autor queda tan bien definido por su propio título: "Inteligencia artificial".
Por momentos, el realizador parece inclinarse por la comedia franca. Desde los excelentes títulos de Kuntzel y Deygas, en el estilo de las presentaciones animadas corrientes en el cine de los años 60, y la música de Williams con resonancias del Mancini de "La pantera rosa", hasta la perplejidad del inspector frustrado por el escurridizo Frank con que Hanks rinde homenaje a Sellers y a Clouseau. Y, sin embargo, el humor es de signo cambiante, porque en otros momentos Spielberg parece atraído más bien por los aspectos dramáticos, y aun melodramáticos, del libro, cuando se pintan las características más bien patéticas del padre del protagonista o cuando se muestra cómo la relación entre perseguidor y perseguido se va tornando cada vez más cálida y fraterna. Sobre el final sobrevuela un aire de lección y moraleja al que siempre ha sido aficionado el consagrado director de "E.T." y "La lista de Schindler".
Cierta perplejidad se adueña del espectador como resultado de esta falta de dirección definitiva, de esta ambigüedad que muy probablemente pueda achacarse a que las pretensiones expresivas del realizador se encuentran bastante por encima de sus posibilidades verdaderas. Spielberg declaró que ansiaba encarar algo chispeante para aligerarse del mundo opresivo de su anterior film, "Minority report". Por el peso real de la anécdota narrada o por su decisión de no regalarnos ya con ligerezas según él indignas de su talento, lo logró sólo a medias. Ahora bien: esa mitad solamente entretenida está mejor tejida por el hábil artesano que sigue siendo que la otra, cargada de significados y mensajes previsibles.







