Federico Luppi, más allá de la furia
Protagoniza el estreno Acorralados
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Hay una parte importante del cine argentino que tiene como protagonista a Federico Luppi. Y casi siempre fueron películas que funcionaron como radiografías más o menos certeras de las cambiantes vicisitudes políticas y económicas de la Argentina: La Patagonia rebelde, Tiempo de revancha, Plata dulce… Así como Ricardo Darín asegura hoy buena taquilla en cada película que protagoniza, Luppi era garantía de buena respuesta popular en los 80 y los 90. Una figura ineludible del star system criollo. Ahora, a los 76 años, vuelve a poner el cuerpo para revivir un momento muy difícil del país: la crisis de 2001. En Acorralados, nueva película de Juan Carlos Desanzo (En retirada, Eva Perón, El polaquito) que se estrena pasado mañana, encarna a un jubilado que, reza el afiche promocional del film, "está dispuesto a todo para recuperar lo suyo".
Nadie mejor que Luppi para este papel, habida cuenta de su propia experiencia: "Soy necesariamente parcial cuando hablo de este tema porque a mí el corralito me pegó muy duro –cuenta a LA NACION–. Era un momento en el que yo había trabajado mucho en Perú, México y España. Había hecho un paquetito como para empezar a dosificar esfuerzos y me dejaron de un día para otro en la vía. Fue una estafa brutal, pasó lo de siempre: una timba en la que las corporaciones y los bancos tenían claro que si ganaban, te excluían, y si perdían, te hacían socio. Entonces me fui a recuperar la verticalidad afectiva y económica a España. La recuerdo como una época de furia e impotencia. Tenías que tolerar la humillación de levantarte a las 6 de la mañana para hacer una cola larguísima y retirar de a cien pesos. Y me enfurecía que los empleados tenían puesta la camiseta del banco, obviamente para que no los rajaran. Fue un momento duro en lo económico y en lo moral".
Acorralados fue producida con el aporte del gobierno de San Luis e incluye en su elenco a Esther Goris, Gabriel Corrado, Gustavo Garzón y Matías Desiderio.
–Usted ya hizo una ficción que tiene alguna relación con Acorralados, pero estaba del otro lado del mostrador: en Plata dulce era el gerente de un banco.
–Sí, en aquel momento los argentinos, o muchos de nosotros, estábamos soberbios de guita, campeaba «el deme dos». Estas películas funcionan como testimonios que entroncan con la vida cotidiana del país.
–¿Cómo evalúa al Gobierno?
–Todos saben que apoyo a este Gobierno. No soy peronista, pero hablo a partir de lo que veo, y tengo edad para recordar muy claramente mi vida como ciudadano en distintas etapas del país. Desde que desperté a la vida cívica con mi primer voto, en la época de Frondizi, hasta hoy, ha corrido mucha agua bajo el puente. Y debo decir que siempre he sido un frustrado, políticamente hablando, porque perdía hasta cuando ganaba la gente que yo votaba. Agachadas, miedos, golpes de Estado... Siempre tuve la sensación de estar en un país en estado de erupción. Cuando me fui por última vez a España, no sentía la necesidad de volver, la verdad. Pero volví porque empecé a ver que las cosas comenzaban a andar razonablemente bien. La dicotomía que existe hoy entre los que apoyan a este Gobierno y los que lo atacan me parece lamentable. Lo que muchos no tienen en cuenta es que en un período de crisis en todo el mundo, este barco flota y aparentemente tiene buen rumbo.
–Volviendo al cine, de todas las películas que hizo, ¿cuál recuerda con especial cariño?
–Recuerdo bien a unas cuantas, pero ese recuerdo no tiene que ver con mi trabajo, sino con que anduvieron muy bien en ese momento del país. Tiempo de revancha, Ultimos días de la víctima, Plata dulce y Un lugar en el mundo son películas que tienen que ver con cosas que los argentinos vivimos con mucha intensidad.
–Parte de su carrera cinematográfica está relacionada con la de Adolfo Aristarain. Son una dupla clásica del cine nacional. ¿Es fácil trabajar con él?
–Bueno, no diría fácil exactamente. Aristarain es un director muy exigente... Dicho en criollo: bastante hincha pelotas [risas]. Pero es alguien que sabe lo que hace, que no se pone farragoso con lo que exige, que pide lo lógico, lo justo. Y es un director muy sincero.
–¿Ya se instaló definitivamente en la Argentina o se vuelve a España?
–Como decía antes, veo que las cosas acá están mucho mejor. Y el momento de España es tremendo, para lamentar. Creo que la transición fue un poco un bluff: no hubo un solo personaje que fuera juzgado luego de 40 años de franquismo… El Pacto de la Moncloa se montó sobre ese panorama: pasamos del caos absoluto a algo sin fisuras, completamente idílico. Y España empezó a vivir de las mieles de la incorporación a Europa. Recibió desde la época de Felipe hasta hoy unos 40.000 millones de euros que ahora debe devolver. Ese boom económico ficticio explotó. Había un consumo desproporcionado, una suerte de «rompamos que alguien paga». Un día volvía a Madrid de una función en Toledo y veía la cantidad de edificios monstruosos que quedaban vacíos. Fue un invento que terminó mal. Los argentinos lo sabemos de sobra: en los momentos de euforia consumista, la cabeza no responde a los llamados a la cordura.
UN ACTOR EN PLENA ACTIVIDAD
A los 76 años, Federico Luppi se mantiene en plena actividad. Ahora mismo acaba de embarcarse en una gira por el interior del país destinada a presentar La noche del ángel, la obra que protagoniza junto con su mujer, la española Susana Hornos, y el joven Nehuen Zapata. Este año, además de Acorralados, posiblemente se estrenen otras dos películas en las que aparece: Mera vida, adaptación de una novela de Víctor Heredia, dirigida por Pablo Yotich, e Inevitable, film del español Jorge Algora. También ha tenido últimamente participaciones en los ciclos televisivos Los sónicos, El pacto y Condicionados. "Mi panorama laboral no es el mismo de hace diez años, pero no puedo quejarme –revela–. Y lógicamente debo ajustar mis expectativas a lo que puedo hacer. Todavía me llegan guiones en los que mi personaje monta a caballo, salta una verja o es atacado por tres tipos. Bueno, ya no puedo hacer eso, muchachos… Digamos que quiero bajar la parte oscura de la cuesta con cierta honra."
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