Ferzan Ozpetek, un movilizador del cine
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ROMA.- "¿En Campo de Fiori hay un bar que se llama Fiori di campo? ¿Estás seguro?" La voz de Ferzan Ozpetek, del otro lado del teléfono, suena desconfiada, como si el punto de encuentro propuesto fuera una broma. Media hora después, un hombre sencillo, algo retacón y con un toque de niño que contrasta con su calvicie, llega en shorts y remera roja a Campo de Fiori. LA NACION lo aguarda en una mesita que hace equilibrio en los desgastados adoquines de la plaza donde, de noche y en torno de la estatua de Giordano Bruno, se despliega la más conspicua movida juvenil de la ciudad. Pero ahora son las tres de la tarde de este verano imposible que soporta toda Italia, con lo cual la entrevista amenaza con desembocar en un baño turco, como para estar a tono con el título del primer film de este cineasta ítalo-turco, hoy instalado en el primer plano de atención de los cinéfilos europeos.
Al quitarse los anteojos de sol, descubre una mirada radiante que trasunta la satisfacción por triunfos recientes: hace unos días regresó del Festival de Karlovy Vary, donde "La ventana de enfrente", su más reciente film, se alzó con tres de los cinco galardones centrales, que vinieron a sumarse a los cinco David di Donatello y a los tres Nastri d´Argento que ya había obtenido en Italia.
"Con "La finestra di fronte" he dado un gran paso -afirma el realizador-. Recorriendo y escuchando los comentarios, descubro que es un film que ha calado muy profundamente en la gente, y eso es muy hermoso. Lo de Karloly Vary me impresionó, porque no había ocurrido nunca, en la historia de este festival, que una misma película se llevara tantos premios. En París acababan de hacer varias proyecciones, con una reacción del público muy favorable. "El hada ignorante", antes, también funcionó muy bien en Italia y en los países de Europa en los que se estrenó. Son dos historias tan distintas y las dos han conquistado a la crítica y al público, algo bastante excepcional. ¿Qué puedo decir? Estoy viviendo un gran momento. Por otro lado, claro, me crea una gran responsabilidad: ¿cómo va a ser mi próximo paso? Pero ahora me quiero ir de vacaciones y no pensar en nada."
Historias que sacuden
Vino a Italia desde Estambul, su ciudad natal, a los 17 años (ahora tiene 43). Allá no había hecho nada en el campo del arte; fue aquí donde se formó y se fogueó duramente antes de largarse a dirigir: "Trabajé como asistente de dirección durante 14 años -recapitula-, con unos cuantos realizadores: Massimo Troisi, Maurizio Ponzi, Ricky Tognazzi, Francesco Nuti, Sergio Citti, Marco Risi... Después, en 1997, hice mi primer film, "El baño turco", que sé que en la Argentina gustó. En los Estados Unidos se estrenó con el título de "Steam" ("El vapor"). Tuvo una salida internacional bastante sorprendente, tratándose de una opera prima, con lo cual después todo fue más fácil".
La carrera de realizador de Ozpetek continuó con "Harem suaré" (1999), del que en América latina no sabemos casi nada. "Se sabe poco porque en Italia se estrenó a fines de mayo, cuando ya la gente casi no va al cine -explica-. Después se exhibió en la clausura de la sección Un certain regard, de Cannes. Es un film bastante difícil, aunque estéticamente me gusta. Se vendió a casi todos los mercados, salvo a los de Estados Unidos y América latina. Fue bien con la crítica; con el público no tanto, pero me resultó utilísimo para entender ciertos mecanismos y para aprender a sobrellevar la falta de repercusión."
La irrupción de Ferzan Ozpetek en el cine italiano ha sido y es un fenómeno movilizador. Es posible que este cineasta, muy romano pero con raíces en Turquía, haya retomado inconscientemente una consigna cultural de cruce de civilizaciones que viene de Pier Paolo Pasolini: una renovación espiritual mediante la introducción de pautas de vida no occidentales. Se trataba (según P.P.P.) de que costumbres y concepciones de países marginales inyectaran, con la inmigración, "nueva sangre" en las civilizaciones decadentes y burguesas de Europa.
Ozpetek sacudió valores adormecidos de la cultura italiana con historias y situaciones que modifican la mentalidad de la burguesía latina, como la del arquitecto de "El baño turco", que descubre nuevas experiencias en el ámbito de Estambul que ha heredado de su tía excéntrica. Y en "El hada ignorante" lanza a una médica aburguesada, sumergida en la rutina del matrimonio, del amor y del sexo, a una experiencia que golpea profundamente en el espíritu femenino.
"Los primeros espectadores de mis películas son las mujeres -corrobora el realizador-; son quienes más se han impactado y más han amado estos films, porque en ellos el punto fuerte son las mujeres. Es una suerte enorme, puesto que son las mujeres quienes llevan adelante la sociedad, son sus columnas."
¿Qué encuentra allí el público femenino? ¿Tendrá que ver con una visión del mundo desde la homosexualidad? ¿O será el descubrimiento de una cierta sensualidad turca? A Ozpetek, sin embargo, esta categoría no lo convence: "Yo no entiendo mucho eso de la sensualidad turca. No sé si existe una "sensualidad turca" y otra francesa o italiana. La verdad es que no sabría evaluar o enjuiciar esos aspectos de mis films. Desarrollo imágenes e historias de tal o cual modo, pero después no puedo esgrimir juicios sobre ellas. Me dicen: "¡Ah, ese estilo suyo!" Pero yo no sé cómo es ese estilo mío. También dicen: "Cómo filma usted ciertos barrios de Roma... Nadie les había dado ese encuadre". Y yo no sé por qué. Mi cine es muy instintivo; no parte nunca de la cabeza sino de aquí (se toca el pecho) ".
Las escenas principales de "El hada ignorante" transcurren en un apartamento en el barrio de Ostiense, cerca del Gasómetro, que es donde vive Ozpetek. "Queda detrás de mi casa, sí -confirma él, divertido y orgulloso de haber plasmado a su quartiere en la pantalla-. Esta película acertó a contar cosas acerca de un barrio que la gente no conocía y que generó curiosidad. Tanto, que ahora se ha puesto de moda. La gente lo ha descubierto a través del film: vienen y preguntan dónde se filmó, exactamente, "El hada ignorante"." El clima logrado por el cineasta en las escenas que se juegan en esa terraza, más que a un apartamento de hoy remiten -según observaciones de viejos romanos- a las viejas casas de la campaña, donde todos comían juntos, apasionadamente. Ese barrio y ese espacio privado son, por lo demás, el ámbito donde la protagonista, Antonia (Margherita Buy), vive su viaje de transformación espiritual.
Su próximo film debería titularse "Cuore sacro" ("Sagrado corazón"), "pero todo puede cambiar, de aquí a que logre concretarlo -advierte-. Sólo sé que quiero ambientarlo en la Región Campania y, si es posible, en Nápoles. Tuve una estrecha relación con Massimo Troisi, un artista napolitano de verdad: fui su asistente cuando él dirigió. Pero yo lo admiraba como actor y me hubiera gustado tenerlo como protagonista de mi película napolitana... aunque sé que ya no será posible".






