Fuga de ideas en un film sin vuelo
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Fuga (Argentina-Chile/2005). Dirección: Pablo Larraín. Con Gastón Pauls, Benjamín Vicuña, María Izquierdo, Willy Semler, Francisca Imboden y otros. Guión: Mateo Iribarren, Pablo Larraín y Hernán Rodríguez. Fotografía: Miguel Joan Littin. Música: Juan Cristóbal Meza. Presentada por Primer Plano Group. Hablada en castellano. Duración: 107 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: mala
En el cine, como en otros estratos del arte, las buenas intenciones no alcanzan para lograr buenos productos. Y Fuga es uno de los ejemplos más cabales para demostrar que se puede hacer un film "diferente" y caer en el pozo negro del olvido. El director chileno Pedro Larraín hace aquí su debut en el largometraje apoyándose en aquellas buenas intenciones, pero desde el comienzo -ese largo primer plano del rostro impávido de Eliseo, el protagonista- la trama se interna en situaciones tan insólitas y monótonas que obligan al largo bostezo.
Eliseo (interpretado por Benjamín Vicuña, actual pareja de Carolina "Pampita" Ardohain) es un joven músico atrapado por una sinfonía inconclusa. Se transforma en alguien obsesionado por su composición vanguardista y lucha por imponerse en su intención de llegar al éxito. Ricardo (Gastón Pauls), músico mediocre, trata de rescatar esa pieza sinfónica y, con ella, lograr los aplausos del público. Junto a un grupo de amigos comienza a buscar a Eliseo con el propósito de acreditarse la autoría de la obra, pero dentro de una enredada madeja nada queda claro, ni ofrece calidez, ni repara en saltos argumentales que hacen de Fuga una rara mezcla de melodrama ininteligible y de mensaje altisonante.
Son tan limitados sus alcances en todos sus terrenos y es tan obvia su mirada acerca del fenómeno creativo, que todo ese entramado está muy lejos de poder rasguñar la superficie de ese misterio artístico como es, en este caso, la sinfonía en torno a la que gira su tema. El hecho traumático de la infancia del protagonista -la violación y muerte de su hermana- parece ser el detonante del resto de su existencia, pero queda como un elemento inservible más de la aparente premisa básica de Fuga , que recala en la ambición de alguien al que una melodía lo trastorna hasta la locura.
Todo en esta coproducción entre nuestro país y Chile es descabellado e increíble. Frente a ella es imposible hilvanar algún signo positivo que mueva al interés o, por lo menos, que valga como entretenimiento. En lo que al elenco se refiere, Vicuña debe asistir a varios cursos de interpretación para poder llamarse actor, en tanto que sus compañeros de reparto parecen extraídos de los prototipos de las telenovelas más desteñidas. Pauls se esfuerza, sin conseguirlo, por dotar a su papel de algo de credibilidad, pero bien poco puede hacer frente a un guión absurdo que naufraga sin atenuantes en medio del caos creado por sus autores.
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