Goles en contra en un film futbolero
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"¡Gol!" ("Goal!", Gran Bretaña-Estados Unidos/2005). Dirección: Danny Cannon. Guión: Dick Clement y Ian La Frenais. Con Kuno Becker, Alessandro Nivola, Marcel Iures, Stephen Dillane, Anna Friel, Gary Lewis, Tony Plana y Miriam Colón. Fotografía: Michael Barrett. Música: Graeme Revell. Edición: Chris Dickens. Diseño de producción: Laurence Dorman. Producción hablada en inglés y español con subtítulos en castellano y presentada por Buena Vista International. Duración: 118 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: regular
Mientras Hollywood sigue haciendo año tras año múltiples películas (biográficas, épicas, satíricas) sobre el fútbol americano, el béisbol, el hockey sobre hielo o el basquet, el cine del resto del mundo continúa debiéndole al fútbol una producción digna del más popular de los deportes. Lamentablemente, el film británico "¡Gol!" está muy lejos de llenar ese vacío.
Nadie podría pretender (ni exigir) de un típico cuento de hadas como éste demasiadas sutilezas, diálogos ambiciosos ni ingeniosas vueltas de tuerca, pero en "¡Gol!" todo es tan ridículo, inverosímil, artificial y subrayado que las escenas melodramáticas resultan involuntariamente graciosas, mientras que los escasos momentos de supuesto humor terminan siendo soporíferos. Diálogos ampulosos, personajes estereotipados, situaciones maniqueas? Todo aquí es tan burdo, tan prefabricado por guionistas y productores que sólo piensan en el negocio y en el marketing (se supone que ésta es la primera parte de una trilogía) que, en la comparación, la bastante olvidable "Escape a la victoria", de John Huston, queda elevada automáticamente a la categoría de obra de arte.
El prólogo muestra a un niño mexicano gambeteando rivales en un baldío de un barrio pobre. Ese pequeño, Santiago Muñez, pronto cruzará la frontera con los Estados Unidos y se convertirá en uno de los tantos inmigrantes ilegales de ese origen. Diez años más tarde, nuestro héroe (Kuno Becker) se ha transformado en un muchacho fornido (pero asmático) que juega de manera amateur en Los Americanos Jóvenes Fútbol Club, mientras ayuda a su implacable padre (Tony Plana) en el mantenimiento de los jardines de mansiones de Los Angeles, trabaja como lavacopas en un restaurante chino y sólo encuentra apoyo y comprensión en su bienintencionada abuela (Miriam Colón).
Por obra y gracia de los guionistas, Santiago es descubierto por Glen Foy (Stephen Dillane), un ex futbolista profesional y representante británico que le consigue una prueba en el Newcastle United de su país. Claro que para eso el habilidoso jugador deberá no sólo conseguir el dinero, que no abunda, sino sortear también la intransigente oposición de su padre, más preocupado por comprar una camioneta y montar un negocio independiente.
Tras este planteo inicial, que ya de por sí suena bastante elemental, la película salta a Newcastle, donde nuestro futuro ídolo será sometido a rigurosas pruebas y a duros golpes (físicos y psicológicos), deberá eludir todo tipo de traiciones, envidias y tentaciones, pero finalmente encontrará la solidaridad del fanfarrón y excesivo astro del equipo (Alessandro Nivola), el amor de la enfermera del club (Anna Friel) y el respaldo del sabio director técnico (Gary Lewis).
Si esta crítica no tiene una calificación aún menor se debe a cierta eficacia impersonal del director inglés Danny Cannon en el terreno narrativo, a un puñado de actuaciones convincentes (Dillane, Nivola, Lewis), al despliegue de pegadizas canciones del brit-pop (suenan varios temas de Oasis y de Happy Mondays en versiones remixadas) y a cameos de grandes jugadores actuales, como Alan Shearer, David Beckham, Raúl, Zinédine Zidane o Patrick Kluivert, que los futboleros sabrán disfrutar.
Entre panorámicas imágenes aéreas con ínfulas de grandilocuencia, vertiginosas ediciones que intentan (sin demasiada fortuna) mostrar los regates de los futbolistas, la euforia del entorno y, claro, la presencia de los sponsors (el film parece un largo comercial de Adidas), Cannon construye un relato al que "Fútbol de Primera" poco y nada tiene que envidiarle. Bastante peor es el resultado en términos dramáticos: plagada de máximas sobre la contracara del éxito y de la fama o de apelaciones al valor de los sueños irrenunciables que se pretenden lecciones de vida, "¡Gol!" termina siendo ya no sólo una película mediocre, sino una contundente burla a la inteligencia del espectador. Un verdadero gol en contra.
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