Gualtiero Jacopetti, el señor escándalos
Ahora hacía cuarenta años que no se hablaba de él, pero era poco probable que Venecia, Roma o cualquier otro gran festival le organizara un homenaje o una retrospectiva de sus siete films. Gualtiero Jacopetti que falleció el jueves, a pocos días de cumplir 92 años, tuvo su momento de fama, en los sesenta, cuando escandalizó a medio mundo con Mondo cane , el primero de una serie de documentales -puro sensacionalismo, para algunos; iniciadores de un nuevo estilo, para otros- que nacían de recorridos por el mundo en busca de sus materiales más preciados: muerte, sexo, crueldad, exotismo. En general, lo que se mostraba en ellos eran usos y costumbres insólitos, extravagantes, chocantes de las etnias más diversas, acompañados por comentarios en off que solían ser acusados de hipócritas. Los críticos lo reprobaron en todos los tonos, pero el film, que compitió en Cannes 1962, fue un impresionante éxito internacional y hasta consiguió una nominación al Oscar por el tema principal de su banda sonora, "More" o "Ti guarderò nel cuore", de Riz Ortolani y Nino Oliviero, que pronto cantaron Sinatra y Nat Cole, y que todavía puede oírse por ahí.
Mondo cane y los títulos que le siguieron -Jacopetti explotó el filón poco más de diez años- presentaban una serie de viñetas de seguro impacto en el espectador, que el astuto montaje se encargaba de multiplicar: al entierro de una mascota en un cementerio de Pasadena, por ejemplo, le seguía un restaurante tailandés donde los comensales saboreaban perro asado; a la imagen de una mujer dando de mamar a un lechoncito en Nueva Guinea, la matanza de cerdos destinados a un orgiástico banquete en la misma región. Quienes lo reivindican como creador de un nuevo tipo de documental destacan que fue el primero que filmó hechos excepcionales, desusados, transgresivos y chocantes que suceden en el mundo. A lo que hay que sumar su especial atención a las imágenes cruentas, las desnudeces por entonces censuradas y el más franco y, para algunos, perverso voyeurismo. La sangre y la muerte violenta eran ingredientes infaltables: el sacrificio de animales durante ceremonias tribales, la muerte de un torero en plena faena, aldeanos italianos que en un rito anual derribaban un portón golpeándolo con la cabeza hasta que la sangre les brotaba por los oídos y por la boca, o desfallecían entre convulsiones. Toda una modalidad que hizo escuela según puede comprobarse con frecuencia en la televisión.
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Para Jacopetti, que más de una vez fue acusado de preparar las escenas que iba a "documentar" (inmolaciones, ejecuciones), esos films provocativos y polémicos no eran sino otras formas de ejercer su profesión periodística. Al escándalo de Mondo cane siguieron La donna nel mondo (1963, sobre la condición de la mujer en diversas culturas), Mondo cane 2 (1963), la polémica Africa adiós (1966, sobre la descolonización), o Adiós Tío Tom (1971, en la que se viajaba en el tiempo para llegar a los Estados Unidos antes de la Guerra de Secesión y "documentar" el comercio de esclavos). Algunos de estos trabajos fueron compartidos con Franco Prosperi y/o Paolo Cavara. Su último film, Mondo candido (1975) era una muy libre adaptación de la novela de Voltaire.
La biografía de Jacopetti excede en mucho su labor como documentalista. Toscano de origen, combatió en la guerra como voluntario y durante su etapa política (fue liberal, monárquico, filonorteamericano, anticomunista y nunca negó el impacto que le había causado la figura de Mussolini), se vinculó con el periodista, escritor e historiador Indro Montanelli, quien lo hizo ingresar en el Corriere della Sera . Figura mundana de aquellos años, provocativa e incómoda, tuvo sus enredos con la ley tanto por asuntos de sexo (pues fue obligado a casarse con una menor a la que había violado) como por su función periodística (se lo condenó a 16 meses por la publicación de unas osadas fotos de Sophia Loren en una revista que él había fundado), y vivió un romance con la actriz Belinda Lee, que murió trágicamente en un accidente de auto del cual él salió seriamente herido. Con el cine ya había tenido otros vínculos antes de Mondo cane . Fue actor en Un día en el juzgado (Steno, 1954) y escribió guiones para Blasetti ( Europa de noche ) y René Clément ( ¡Qué alegría vivir! ). No hace mucho se lo evocó en un documental, L'importanza di essere scomodo , firmado por Andrea Bettinetti.
Por el escándalo o por la osadía, sin duda supo ganarse un lugar en la historia del cine.
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