Guerra al estilo de John Woo
"Códigos de guerra" ("Windtalkers", EE.UU./2002, color). Dirección: John Woo. Con Nicolas Cage, Christian Slater, Adam Beach, Roger Willie, Peter Stormare, Noah Emmerich, Mark Ruffalo, Brian van Holt, Frances O´Connor, Martin Henderson. Guión: John Rice y Joe Batteer. Fotografía: Jeffrey Kimball. Música: James Horner. Edición: Steven Kemper. Presentada por Fox. Duración: 132 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular
Si las primeras imágenes se abren sobre el desértico y escarpado paisaje de Arizona -el mismo que ocupará el tramo final del film-, no es porque "Códigos de guerra" se proponga devolvernos al mítico territorio del western sino porque habla de un grupo de héroes poco conocidos de la Segunda Guerra Mundial: los soldados navajos. La lengua de esa nación indígena sirvió como base para desarrollar un código de comunicaciones que -según se subraya en el film- resultó indescifrable para los japoneses y tuvo incidencia decisiva en el avance de las tropas norteamericanas en el Pacífico.
Una treintena de navajos fueron reclutados y adiestrados para llevar adelante la tarea que los convertiría en poderosas armas secretas para su país al mismo tiempo que en codiciado botín para el enemigo. Por eso, según cuenta la película, a cada voluntario indígena se le asignaba un oficial que obraría como su permanente ángel custodio y llegado el caso también como su verdugo. Las órdenes eran inequívocas: ningún navajo debía ser atrapado con vida por los japoneses.
No hace falta excesiva agudeza para advertir que un planteo como éste ofrecía por un lado ricas perspectivas dramáticas y por otro la posibilidad de echar sobre el cuento alguna mirada crítica cargada de ironía. Baste con unos pocos ejemplos: hay aquí un ejército de carapálidas, en el que todavía perduran el prejuicio y la desconfianza, obligado a proteger a sus enemigos de cien años atrás; los perseguidos de ayer se han transformado en la carta de triunfo de sus ex perseguidores; el esquema de la buddy-movie ha sido bruscamente desequilibrado porque en este caso uno de los integrantes del par tiene en sus manos la vida del otro. A todo eso se agrega el consabido conflicto moral que se plantea cuando debe ponerse el objetivo militar por encima de los sentimientos personales.
Pero para que tales posibilidades fueran explotadas habrían hecho falta guionistas más perspicaces y menos perezosos que John Rice y Joe Batteer. Ellos prefieren ajustarse a los clisés típicos del film de guerra, deslizar algunos apuntes superficiales en las breves escenas usadas como pausas entre batalla y batalla, dedicar toda su atención a los personajes centrales (dos navajos y sus respectivos custodios), dotar a cada uno de los secundarios de un elemento mínimamente distintivo (lo que ni alcanza a darles alguna identidad) y dejar amplio espacio para que John Woo se mueva cómodo en dos territorios que conoce bien: la gran acción y las manifestaciones de la amistad viril.
Guerra y conflicto interior
"Códigos de guerra" quiere ser un film sobre conflictos interiores, y por eso pone en el centro a Joe Enders (Nicolas Cage), un marine férreamente disciplinado que ha visto morir a todos sus hombres en un feroz combate que a él le dejó una herida en el oído, algunos trastornos en el equilibrio y una profunda huella en el ánimo. Redobladas sus agallas y su furia guerrera, Enders no quiere esperar a recuperarse para volver al frente. Pero no le confían la misión que mejor se ajusta a su actual estado de ánimo: debe hacerse cargo de la protección de un navajo (Ben Yahzee, encarnado por Adam Beach) y evitar, como sea, que llegue a caer vivo en manos del enemigo. Se entiende que su actitud hacia él sea secamente hostil: tiene bien presente la orden que ha recibido y no quiere tender entre los dos el menor lazo afectivo. En contraposición, hay otro par sometido a la misma convivencia y a la misma tensión -el que conforman Christian Slater y el actor navajo Roger Willie-, pero ellos terminan hallando en la música un lenguaje común y un punto de encuentro.
Como se ve, los conflictos por desarrollar son demasiados como para que puedan ser examinados con alguna profundidad en una producción que dedica la mayor parte de su metraje a las secuencias de combate, de modo que aquéllos terminan resolviéndose en un par de frases sentenciosas o en algún lugar común de esos que buscan la respuesta emotiva más directa. En cuanto a los episodios de guerra, hay en ellos mucha espectacularidad, generoso despliegue de efectos visuales y sonoros y todo el dinamismo y la sangrienta crudeza que cabe esperarse de una obra de John Woo ("Contracara", "Código: Flecha rota"). Pero su marca personal, sus soluciones visuales asoman apenas en contadas ocasiones, sobre todo en el comienzo del film, por ejemplo cuando se ingresa en el escenario de la guerra siguiendo el vuelo de una mariposa. Lo demás es bastante rutinario, las escenas de combate terminan siendo reiterativas y, peor aún, confusas.
A Nicolas Cage se lo ve hacer de todo para convencernos de la torturada interioridad de su personaje y eso es lo grave: que se lo vea. Más mesurados pero haciendo gala del indispensable desgaste físico aparecen en compromisos relativamente menores Christian Slater, Adam Beach, Roger Willie y el resto del elenco. No hace falta añadir que la película ayuda poco al conocimiento de la cultura de los navajos. Es, en fin, una de guerra más. Con la firma (pero no el sello) de John Woo.

