
Hayao Miyazaki da vida a una niña pez
Llega Ponyo y el secreto de la sirenita, una animación hecha a mano que descubre la pasión por el cine de su autor, el "Walt Disney japonés"
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Hayao Miyazaki nació hace 68 años en Tokio, poco antes de que Estados Unidos tomara la decisión de declararle la guerra al Japón. Su padre era comerciante, por eso creyó que la mejor opción para su futuro era estudiar ciencias económicas. Sin embargo, muy joven todavía, consiguió un trabajo como animador encargado de todos esos dibujos en que se descompone cada segundo de movimiento.
La inestabilidad laboral lo llevó también a dedicar buena parte de su tiempo a mangas –tal como se conoce a las historietas en su país–, no obstante la pasión por el cine pudo más. Fue marxista y ahora dice ser ecologista, pacifista y feminista.
Sus primeros trabajos exitosos fueron series para TV de su país que dieron la vuelta al mundo, como Conan, el niño del futuro (1978), los 155 episodios de Lupin (1979), una versión libre de Sherlock Holmes (1984). Tras dos décadas de trabajo intenso principalmente para la pantalla chica, ya al frente de los Studios Ghibli, su propia productora, con largometrajes como Porco Rojo (1992), Mi vecino Totoro (1988) y Princesa Mononoke (1997), ambientado en el Japón medieval, llamaron la atención del mundo.
Poco después, El viaje de Chihiro (2001) ganó el Oso de Oro en Berlín y el Oscar de Hollywood, y sumó 276 millones de dólares en su primer mes en cartel. En 2002, el Festival de Venecia premió su extensa carrera, mientras él seguía trabajando en su siguiente proyecto, El increíble castillo vagabundo (2005), por el que nuevamente fue candidateado, muy merecidamente, al premio de la Academia. No es casual que a este artista que maneja un viejo Citroën 2CV, lo hayan llegado a llamar el "Walt Disney japonés".
Poesía y magia
Miyasaki, según ha confesado, no comparte el gusto de muchos de sus compatriotas animadores por estilos de animación muy populares en su país como el bishoujo, con adolescentes bonitas como protagonistas, y el lolicon (versión apostrofada de "complejo de Lolita", en referencia al personaje de Nabokov), muy polémicos desde el punto de vista moral. Su cine tiene una fuerte carga poética y mágica y una elaboración gráfica a mano sorprendente.
El viaje de Chihiro y El increíble castillo vagabundo, dos de su media docena de largometrajes que abarcan al menos una década de trabajo, se verán desde mañana en un ciclo presentado en coincidencia con las vacaciones de invierno por el complejo Arte Cinema (Salta 1620).
Ponyo y el secreto de la sirenita (2008), el más reciente trabajo con su firma, presentado hace un año en Venecia y que también mañana estrenará Pachamama, tiene 170.000 dibujos y como escenario a una ciudad frente al mar en la que un niño llamado Sosuke rescata de una escollera llena de basura a Ponyo, una niña-pez de color rojo. La amistad entre los dos crece hasta el punto que ella querrá convertirse en humana. El relato abreva, lejanamente, en una leyenda popular japonesa del período Muromachi (siglos XIV-XVI) llamada Urashima Taro, acerca de un pescador que rescata a una tortuga y en el cuento La sirenita, de Hans-Christian Andersen.
La estética de esta fábula infantil está fuertemente inspirada en las numerosas acuarelas que realizó el cineasta durante la preproducción del film, acerca de la relación entre los humanos y la naturaleza, el equilibrio entre ambos y la amistad entre los niños y entre los adultos. Cuentan que el cineasta se inspiró para el personaje de Sosuke, en Goro, su hijo también animador y ya con un largometraje a cuestas, cuando tenía cinco años.
"La gente suele sorprenderse con cosas hechas con electricidad, es decir con computadoras. Todos hemos utilizando lápices durante mucho tiempo, así que en Ghibli pensamos que podríamos hacer Ponyo usando nada más que lápices, y lo hicimos" dijo Miyazaki.



