Herederos del carnaval porteño

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2 de octubre de 2003  

"Murgas y murgueros". Video argentino (2003) presentado en pantalla grande. Dirección y guión: Pedro Fernández Mouján. Fotografía y cámara: Segundo Cerrato. Sonido: Alejandro Alonso. Montaje: Alejandra Almirón. Duración: 64 minutos. Calificación: apta para todo público. En el Centro Cultural Ricardo Rojas, Corrientes 2038, los jueves, a las 22, y los lunes, a las 15.

Nuestra opinión: buena

Aquellos carnavales porteños, con sus coloridos disfraces, sus multicolores serpentinas y su alegría ingenua, ya quedaron en el olvido. Son, en esta época, viejas postales que descansan en el arcón de los recuerdos más entrañables. De esos carnavales, sin embargo, subsisten como preciado legado las murgas barriales, integradas por hombres y mujeres que se niegan a borrar los sonidos de tamboriles, esconder las levitas, las galeras, los estandartes y los trajes de raso y lentejuelas. De ellos habla Pedro Fernández Mouján en este documental tan querible como nostálgico.

El realizador recoge los testimonios de los directores de cuatro murgas de los barrios de Boedo, Palermo, Saavedra y La Boca, y por medio de las palabras y de las imágenes, entreteje un sencillo álbum de recuerdos de quienes, hasta hoy, mantienen incólume la tradición murguera de estos artistas olvidados. El film no pretende nada más que lo que ofrece: documentar pretéritas pasiones, insertarse en la existencia cotidiana de esos rescatadores de olvidos y subrayar la necesidad de la memoria para que el ayer sea todavía tan importante como el hoy.

Con humildad

La murga, género artístico callejero y popular, está en la pantalla con la humildad de sus hacedores. Ellos saben que nada fue como antes, pero prosiguen su trajinar anónimo y aportan su cariño y su esfuerzo por mantener vivo un esplendor que, de sus manos y de sus esfuerzos, no morirá nunca. Sin duda Fernández Mouján es un sensible realizador que no necesitó de voces en off ni de encuadres intelectuales para dejar transcurrir su historia de la mano de la sinceridad y del respeto hacia sus entrevistados. Tuvo, como valiosos colaboradores, a Segundo Cerrato, un fotógrafo y camarógrafo de indudable valor, y a una montajista -Alejandra Almirón- que supo ensamblar estas mínimas historias que engrandecen este homenaje a las murgas porteñas, a esas murgas que ni están muertas ni agonizan. Simplemente sobreviven casi escondidas a la vuelta de alguna esquina de nuestros barrios.

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