Historia ambiciosa que naufraga por falta de coherencia narrativa

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25 de abril de 2002  

"Vidas privadas" (Argentina-España/2001). Dirección: Fito Páez. Con Cecilia Roth, Gael García Bernal, Luis Ziembrowski, Chunchuna Villafañe, Lito Cruz, Carola Reyna, Héctor Alterio, Luis Machín y Dolores Fonzi. Guión: Fito Páez y Alan Pauls. Fotografía: Andrés Mazzon. Edición:Fernando Pardo. Música: Fito Páez y Gerardo Gandini. Sonido: Lena Squienazi. Vestuario: Ana Markarian. Dirección de arte: Jorge Ferrari. Presentada por Buena Vista International. Duración: 96 minutos.

Nuestra opinión: regular.

Fito Páez eligió para su debut en la dirección de largometrajes (ya había realizado el mediometraje "La balada de Donna Helena") una historia dura, ambiciosa, oscura, provocativa, polémica. En "Vidas privadas" se funden la tragedia argentina (léase las consecuencias aún palpables y no resueltas de la última dictadura militar) y la tragedia griega (el "Edipo Rey" según Sófocles) para una historia donde asoman el incesto, los secuestros y asesinatos, la tortura y la apropiación de menores de los años 70, las peores miserias familiares, el suicidio y la justicia por mano propia.

Más allá de los múltiples problemas de la película -sus baches narrativos, sus constantes cambios de tono, los disímiles registros actorales, su ambigüedad ideológica, su poco convincente resolución-, hay en "Vidas privadas" una atrevida apuesta por el riesgo, por no ir a lo seguro, por no ampararse en los lugares comunes del discurso políticamente correcto, por no temer al ridículo, al debate encarnizado y a la más pura provocación en medio de una sociedad (y de una intelectualidad) que ha preferido obviar la discusión a partir de inteligentes miradas cinematográficas sobre la última dictadura, como ocurrió con "Garage Olimpo", de Marco Bechis.

A Fito Páez se le podrá cuestionar sus ambiciones desmedidas -cercanas a la megalomanía- para una opera prima en la que -vale acotar- invirtió siete años de su vida y mucho dinero ganado con la música, y para la que se rodeó de un inteligente guionista como Alan Pauls, de un elenco plagado de grandes actores jóvenes y de experiencia, y de un sólido equipo técnico. Lo que no admite "Vidas privadas" es un análisis desdeñoso, superficial, un cuestionamiento prejuicioso por la no pertenencia de su director al ambiente del séptimo arte. Hay en Fito Páez una búsqueda muy empeñosa y personal por encontrar un discurso audiovisual dentro de una filiación y una tradición del séptimo arte. Más allá de su pasión cinéfila por la producción clásica norteamericana y las películas de franceses como Robert Bresson o Jean-Luc Godard, su primera película remite más a ciertas búsquedas impiadosas y descarnadas de Pier Paolo Pasolini o el mexicano Arturo Ripstein.

Mujer implacable

No conviene adelantar demasiado acerca de la historia (aunque algunos medios de comunicación han contado hasta la resolución de la misma): en el centro está Carmen Uranga (Cecilia Roth), una mujer de 42 años y de origen aristocrático que vive desde hace más de dos décadas en Europa y vuelve de urgencia a Buenos Aires ante la inminencia de la muerte de su padre (Héctor Alterio) y la necesidad de repartir los bienes familiares. Carmen es fría, implacable, pragmática: pretende resolver todo lo más rápido posible y regresar al exilio. Pero los fantasmas del pasado (el asesinato de su marido, la apropiación de su hijo) irrumpen en su vida de la manera más imprevisible y devastadora.

La película -irregular, caótica, deshilachada- alterna algunos pasajes de gran potencia dramática y otros prescindibles, como también resultan buenas por momentos y fallidas en otros la grandilocuente música de Gerardo Gandini y el propio Páez, la estilizada fotografía de Andrés Mazzon, las actuaciones y los ampulosos diálogos.

En medio de una películas que adolece de cierta falta de fluidez y coherencia narrativa, Cecilia Roth tiene que cargar sobre sus espaldas con el sobrepeso de una historia con demasiadas connotaciones y aristas, y ella lo hace -no sin sufrir en el intento- a fuerza de oficio y experiencia. El mexicano Gael García Bernal ("Amores perros", "Y tu mamá también") vuelve a demostrar que es uno de los mejores actores jóvenes latinoamericanos y no sólo compone con credibilidad a su atribulado Gustavo sino que concretó un convincente trabajo para imitar el difícil acento porteño, mientras que Dolores Fonzi también se luce dentro de un reparto irregular en el que intérpretes como Luis Ziembrowski y Lito Cruz están todo el tiempo al borde de la sobreactuación.

Así, con todas sus contradicciones, sus desniveles, sus claroscuros, "Vidas privadas" surge como una película fallida y a la vez interesante. Un trabajo destinado a la discusión, tan necesaria en estos tiempos. Un film que podrá inquietar, gustar, abrumar, pero que jamás dejará el triste saldo de la indiferencia.

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