Impecable melodrama evocativo
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"Lejos del paraíso" ("Far from Heaven", Estados Unidos/2002). Guión y dirección: Todd Haynes. Con Julianne Moore, Dennis Quaid, Dennis Haysbert, Patricia Clarkson, James Rebhorn y Viola Davis. Fotografía: Edward Lachman. Edición: James Lyons. Música: Elmer Bernstein. Diseño de producción: Mark Friedberg. Producción de Steven Soderbergh, George Clooney y Christine Vachon presentada por Alfa Films. Duración: 107 minutos.
Nuestra opinión: excelente
Que Todd Haynes es un enamorado del melodrama, con toda su carga de personajes arquetípicos, mitos trágicos, exageraciones, convenciones y artificios, es algo que el cinéfilo ya conocía a partir de los tres trabajos anteriores de este notable director independiente norteamericano: su retrato del placer en "Poison", su crítica a la paranoia y los excesos de la new-age en "A salvo" y el acercamiento al glam-rock de los años 70 en "Velvet Goldmine".
Que Douglas Sirk fue uno de los grandes maestros de ese género también es una verdad irrefutable y su influencia puede apreciarse en filmografías tan disímiles como las de Rainer Werner Fassbinder o Pedro Almodóvar, que lo han considerado una de sus principales fuentes de inspiración.
En "Lejos del paraíso", Haynes va todavía más allá que sus dos colegas europeos y apuesta no sólo a reproducir con enorme devoción y fidelidad el espíritu y la estética de los melodramas suburbanos que Sirk filmó en Technicolor para Universal en los años 50, sino a actualizar y de alguna manera reformular esos tópicos que el director de "Los diablos del aire" no pudo explicitar dentro del rígido esquema de censura imperante en Hollywood en aquella década.
Haynes, de 42 años, recupera tres grandes clásicos de Sirk ("Imitación de la vida", "Escrito en el viento" y muy especialmente "Lo que el cielo nos da") y algún otro exponente del género como "Almas desnudas", de Max Ophuls, para trasladar -en algunos casos de manera casi calcada- escenas, situaciones, encrucijadas emocionales o simplemente detalles visuales que le permiten (re)construir en "Lejos del paraíso" la dinámica aparentemente idílica, pero en el fondo claustrofóbica de una familia modélica en el seno de una sociedad puritana de un pueblito de Connecticut, en 1957.
Sin embargo, Haynes está muy lejos de quedarse en el simple homenaje, en una evocación sofisticada, pero superficial. Lo que hace de "Lejos del paraíso" una gran película es la posibilidad de revisitar los dilemas y tabúes de la época (la homosexualidad, las relaciones interraciales, la infidelidad) de una forma implacable, pero sin apelar por eso a la ironía o a la ridiculización que podría permitir la perspectiva del paso del tiempo o la mirada de un posmoderno como Haynes.
En "Lejos del paraíso", este talentoso guionista y director nos transporta a los años 50 y nos sumerge en su maraña de rigideces y represiones. Esta historia de amor imposible sirve como excusa para desentrañar la homofobia, el racismo, el autoritarismo, el machismo, los prejuicios, las hipocresías y el conformismo de una sociedad que se desvive por sostener las apariencias y el "deber ser", aun si para eso debe convivir con la mentira, las miradas indiscretas y el rumor malintencionado.
Esta película -que obtuvo unos 60 premios internacionales y cuatro nominaciones al Oscar- tiene como heroína a Cathy Whitaker (Julianne Moore), madre y esposa, con una familia modelo que es incluso el eje de un artículo de un diario de notas sociales del lugar. Está casada con Frank (Dennis Quaid), exitoso ejecutivo de ventas de una compañía de electrodomésticos, y cría con amor y rigor a sus dos hijos. Sin embargo, no todo lo que reluce es oro y pronto descubrirá la homosexualidad de su marido y comenzará a interesarse por Raymond (Dennis Haysbert), el jardinero negro que cuida el jardín de su casa.
En pocas horas, Cathy siente que se encuentra muy lejos del paraíso del título y que su existencia cotidiana (marcada por los quehaceres hogareños y las banales charlas de chismes con sus amigas) se parece más a una prisión social que a la felicidad despreocupada que todos le habían prometido. En este sentido, la película de Haynes se propone como una crítica bastante desesperanzada al sueño americano y al optimismo generalizado que inundó su país en aquellos tiempos.
En un trabajo con muchos puntos en común con el que recientemente hizo en "Las horas", Julianne Moore compone el mejor papel de una carrera marcada por grandes interpretaciones. El espectador puede sentir y vibrar con cada uno de sus gestos, sufrir cuando las lágrimas recorren sus mejillas en una muestra de ductilidad, sutileza y contención actoral. También se lucen en el film un torturado Dennis Quaid, que sigue la línea de Rock Hudson en los trabajos de Sirk; el imponente Dennis Haysbert (el presidente norteamericano en la serie televisiva "24"), y Patricia Clarkson, como la mejor amiga de la protagonista.
La música de Elmer Bernstein apela a la sonoridad de los melodramas cincuentistas, mientras que otro de los grandes logros del film es la fotografía de Ed Lachman, que reproduce el estilo de colores saturados, esa estética recargada de las producciones rodadas en estudios de aquella década para concebir un descomunal pastiche visual en el que ilumina con igual categoría los decorados de interiores o los árboles otoñales. Con un presupuesto inferior a 14 millones de dólares (poco para los actuales estándares de Hollywood), Haynes y su equipo de diseñadores reviven los años 50 con más imaginación que recursos, pero sin que a cada toma le falte nada. Algún espectador podrá cuestionar que Haynes explicita todo aquello que Sirk hábilmente sugería en forma casi codificada en épocas del macartismo, otros se sentirán algo distantes ante cierta frialdad que puede conspirar contra la empatía emotiva del público, pero más allá de esta y otras valoraciones "Lejos del paraíso" termina imponiéndose como uno de los estudios más inteligentes y minuciosos sobre el melodrama cinematográfico.


